Archive for the ‘Cambio’ category

Hoy es día de llevar buenas nuevas

3 mayo, 2020

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2 Reyes 7.3-11

1578235539666Sólo podemos acercarnos a entender la crudeza de nuestro relato si conocemos la condición que vivía la ciudad de Samaria, la capital del reino de Israel. Esta, la ciudad real, después del asedio sufrido por parte de Siria, enfrentó la hambruna, la enfermedad y la muerte. Muestra de ello es que hubo quienes comieron a sus propios hijos. El sitio de Samaria es una de esas experiencias humanas que no parecen tener sentido. Que sorprenden no sólo por la crudeza del sufrimiento vivido, sino por el hecho de que este no distingue entre clases sociales, buenos y malos, razas, etc. Afecta a todos y a todos los hace iguales ante el embate de la tragedia. Situaciones que provocan situaciones que, si las llegamos a imaginar, supones que les pasarán a los otros, pero no a nosotros. Y que, cuando se manifiestan descubren que, en efecto, todos somos iguales ante la tragedia.

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Tierras que nada producen

20 agosto, 2017

Salmos 68.6; 119.44, 45

Hemos dicho, y aquí lo reiteramos, que el hombre es libre para elegir, decidir y hacer. Sin embargo, aun cuando parezca que nos contradecimos, debemos decir que el hombre libre no siempre puede ejercer su libertad, es decir, no siempre puede ser libre. No es que no sea libre, es que no puede vivir su libertad. Para los humanistas las causas de tal incapacidad radican tanto en cuestiones sociales como en cuestiones sicológicas. Es decir, se asume que la persona está bajo la presión de fuerzas sociales como de procesos internos que atentan contra su individualidad. Desde la perspectiva espiritual, a tales cuestiones debemos agregar una que resulta mucho más incómoda e impopular: el pecado, tanto en su dimensión social como en la personal.

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Enseñas a los humildes

4 diciembre, 2016

Salmo 25.8-10 TLAD

Conocer lo que la Biblia dice acerca de Dios y de nosotros le quita el atractivo al pecado. El como si nada, no es privilegio de los que conocen del amor de Dios, del sacrificio de Cristo y de la obra redentora del Espíritu Santo. Y, no, no se trata mera ni principalmente de que quien peca a sabiendas sea sobrecogido por el temor del castigo eterno. Más bien, lo que quita el atractivo y el goce del pecado es la convicción interna de que este no es propio de quienes conocen a Dios. Resulta como una piedra en el zapato, incomoda y provoca, siempre, la necesidad sentida de liberarse del mismo. O, guardada toda proporción, es el equivalente a la sensación de incomodidad experimentada al regresar a casa y sentir que nuestras manos están sucias, aunque parezcan estar limpias.

En nuestro Salmo, David parece estar viviendo una mezcla de sensaciones muy parecidas a las que nosotros mismos experimentamos de tanto en tanto. Por un lado, se asume víctima de sus enemigos, reafirma su confianza en el amor de Dios al mismo tiempo que asume su no derecho al mismo. Sus pecados lo atormentan, paradójicamente, pues al mismo tiempo está seguro de que su honradez y su inocencia lo harán salir victorioso. Vs. 21 Y, sobre todo, clama pidiendo ser instruido, guiado, en el camino de lo bueno y lo justo.

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