Posted tagged ‘Libertad en Cristo’

Donde está el Espíritu del Señor hay libertad

29 abril, 2018

2 Corintios 3.15-18

Una de las razones más frecuentes para la frustración pastoral es el tener que acudir, una y otra vez, al deterioro integral de la vida de algunas de sus ovejas. Saben, razonan, se proponen e inician una y otra vez la lucha por su santificación y, nada, permanecen o vuelven a lo mismo. Pero, esta es también la principal razón que no pocos creyentes enfrentan en su lucha por vivir en conformidad con su llamamiento. Entienden, se proponen, se esfuerzan y, no pocos terminan en una condición más compleja que en la que se encontraban.

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Tierras que nada producen

20 agosto, 2017

Salmos 68.6; 119.44, 45

Hemos dicho, y aquí lo reiteramos, que el hombre es libre para elegir, decidir y hacer. Sin embargo, aun cuando parezca que nos contradecimos, debemos decir que el hombre libre no siempre puede ejercer su libertad, es decir, no siempre puede ser libre. No es que no sea libre, es que no puede vivir su libertad. Para los humanistas las causas de tal incapacidad radican tanto en cuestiones sociales como en cuestiones sicológicas. Es decir, se asume que la persona está bajo la presión de fuerzas sociales como de procesos internos que atentan contra su individualidad. Desde la perspectiva espiritual, a tales cuestiones debemos agregar una que resulta mucho más incómoda e impopular: el pecado, tanto en su dimensión social como en la personal.

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Asegúrense de permanecer libres

5 junio, 2016

Gálatas 5.1,13-14

La declaración paulina contenida en nuestro pasaje establece dos presupuestos básicos:

Cristo nos ha hecho libres. El sacrificio de Cristo y nuestra identificación con él, por medio del bautismo, nos proveen libertad:

  • Del poder de Satanás sobre nuestros pensamientos, emociones y acciones.
  • Del poder de nuestras propias pasiones e inclinaciones.
  • Del poder que las personas y nuestros modelos de relación tienen sobre nosotros.

Podemos perder la libertad que Cristo nos ha traído: (más…)

Como un poquito de levadura

10 abril, 2016

 

Gálatas 5

Sabemos del malestar del Apóstol Pablo por la condición de la iglesia en Galacia. Se asume horrorizado (1.6), los acusa de estar hechizados y los llama: tontos, estúpidos NBE-NBD. (3.1) Todo porque no habían podido permanecer fieles al evangelio que él mismo les había enseñado. Incapaces de discernir el engaño de los maestros judaizantes, se convirtieron en seguidores de un falso evangelio. (1.6-7) Tal condición no sólo los hace retroceder en su experiencia religiosa, sino que, de plano, los ha hecho caer de la gracia. (5.4)

Esta es una expresión difícil y definitoria de la condición o estado espiritual de quienes se deciden a seguir un evangelio desvirtuado. El argumento paulino es que los gálatas han llegado a tener una relación de armonía y comunión con Dios, por pura gracia. Porque Dios los escogió y los preparó para que ellos pudieran creer las buenas noticias de Jesucristo. Estas consisten en el hecho de que, en Cristo, somos libres de la esclavitud de la ley y, por tanto, de la esclavitud del pecado. Estas dos expresiones de la misma esclavitud son las que tenían separados a los hombres de Dios y, cuando los gálatas, como cualquiera de nosotros vuelve a ser esclavo de alguna de ellas, nos encontramos desamparados, fuera del espacio de la gracia y, por lo tanto, nuevamente en la esclavitud de la carne. La de nuestras pasiones y limitaciones.

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Todos ustedes son hijos de Dios

13 marzo, 2016

Gálatas 3.26-28

Jesús prometió que el Espíritu Santo nos guiará a toda verdad. Juan 3.16 Tal nuestra convicción, tal nuestra confianza. En virtud de ello conviene considerar que la comprensión del qué, del cómo, de cuándo y del adónde, requiere, primero, de la convicción del quién. Cuestión toral, básica de la vida es saber quiénes somos. La conciencia de nuestra identidad, la capacidad para saber quiénes somos, a diferencia de quién hemos aprendido a ser, resulta una cuestión determinante en la comprensión del sentido, el propósito, de nuestra vida y la pertinencia de las relaciones que establecemos y las tareas que realizamos.

Sin embargo, sucede que las dinámicas relacionales en las que participamos desde antes de nuestro nacimiento contribuyen al desarrollo de una conciencia de identidad deformada. Bajo la influencia del pecado, las personas dejan de ser quienes en realidad son y se convierten en caricaturas de sí mismas. Son influenciadas negativamente por quienes tampoco tienen una conciencia sana acerca de su identidad. Se creen así ambientes enfermos, disfuncionales, pecaminosos. En estos, las personas se ven presionadas a ser lo que los demás han determinado y esperan que sean, aun cuando ello vaya en contra de la dignidad propia y contribuya a una espiral perversa en la que cada vez más se aleja uno de su verdadera identidad y vive confundido y desgastándose tratando de ser lo que no es. Romanos 1.21-25

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