Juan 9.1-7
La enfermedad es una circunstancia que tiene tanto el poder de acercarnos a Dios, como el de alejarnos de él. Quizá la razón sea el hecho de que a la enfermedad le acompaña, de manera irremediable, la confusión. Es decir, la enfermedad provoca que nuestros pensamientos, convicciones y emociones se mezclen de tal manera que no podamos distinguir entre ellos. Más aún, la enfermedad perturba, desordena nuestro ánimo y nos hace perder el juicio.
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