Posted tagged ‘Compromiso’

¿Con espada, lanza y jabalina?

12 julio, 2015

1 Samuel 17.25-51

Serie de meditaciones pastoralesEn la vida de todos nosotros cada día se hace evidente que estamos en guerra. En una guerra a muerte. Nuestro enemigo es poderoso y bien organizado. Para nosotros sólo tiene un propósito: nuestra destrucción. Jesús nos advierte sobre ello cuando dice: El propósito del ladrón es robar, matar y destruir. Juan 10.10 Esto explica buena parte de nuestra vida y de nuestras pérdidas. Sobre todo de aquellas que no tienen una aparente explicación lógica ni sentido alguno. Son pérdidas complejas o compuestas pues no sólo destruyen o afectan alguna de las áreas de nuestra vida, sino que desencadenan una serie de circunstancias que, si no es por la gracia divina, pueden destruirnos.

En Efesios 6, el Apóstol Pablo nos recuerda: Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra

  • gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible,
  • contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y
  • contra espíritus malignos de los lugares celestiales.

En este pasaje, el Apóstol establece dos extremos o realidades que se sobreponen mutuamente: seres de carne y hueso versus mundo espiritual. Con esto en mente, vayamos a la historia de David y Goliat.

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Frente a la esposa de Potifar

19 abril, 2015

 Génesis 39.7-9 NTV

Un exiliado es aquel que ha sido separado de su tierra. Tal el caso de José. Separado no sólo del terruño sino de los suyos. Separado de los suyos porque, simplemente, no encajó entre ellos. Incomodó a sus padres y a sus hermanos. A estos, al grado de que quisieron asesinarlo. Limitados por la culpa no lo mataron, lo vendieron como esclavo para que lo llevaran hasta Egipto. No sólo a otras tierras y con otras personas, sino lejos de ellos. El que sufrió el exilio es el mismo que había resultado un extraño, el que no había tenido parte en la vida de su propia familia.

La iglesia es, generalmente, tierra de extraños. Es tierra propicia para el encuentro de los extraños. Pero, también, cuando no atiende el origen de su unidad como cuerpo de Cristo: la gracia de la salvación; la iglesia tiene el poder para hacer extraños a los que son, han sido hechos uno en Cristo. Cuando las personas son marginadas o cuando se asumen diferentes, extrañas, a sus hermanos en la fe empiezan a vivir la condición de exiliadas. Aun cuando están en relación con sus hermanos, se asumen diferentes y, por lo tanto, lejanas. Sin embargo, dado el carácter gregario (la necesidad de estar en compañía de otros), de los seres humanos, terminan buscando, cultivando y fortaleciendo relaciones con otros, a los que perciben más cercanos a ellos.

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Para alabanza de su gloria

18 enero, 2015

Efesios 1.11-12; 3.10-11, 21

… A todos los que llevan mi nombre, a los que yo creé y formé, a los que hice para gloria mía. Isaías 43.7

En el ser de la persona se encuentra el quehacer de la misma. Quién eres determina cuál es tu tarea. Sabemos que somos creados por Dios a imagen y semejanza suya. Los creyentes, además de que somos hechura de Dios, somos creados en Cristo Jesús para buenas obras. Ef 2.10. Fijémonos que a la definición de nuestra identidad, sigue la declaración de nuestro propósito: para buenas obras.

Si los creyentes somos el Cuerpo de Cristo y miembros cada uno en lo particular (1 Co 12.27); luego entonces, nuestro tema tiene que ver tanto con nuestra identidad como con nuestra tarea. ¿Para qué somos Iglesia?, cabe preguntarnos. ¿Qué es lo que se espera que hagamos?, sería otra manera de formular la misma pregunta.

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¿Todavía no ven ni entienden?

23 noviembre, 2014

Autora Invitada: Ofelia Figueroa

Marcos 8

En esta enseñanza bíblica de Marcos encuentro la dificultad que como seres humanos tenemos para ver y comprender el mundo espiritual. Casi todo lo que nos rodea no ayuda a fortalecer nuestro espíritu, al contrario atenta contra él, ya que vivimos en un mundo superficial y materialista, donde se le rinde culto al tener en lugar del ser y hacer, donde la vida espiritual se deja en segundo lugar o peor aún se excluye. Frecuentemente sentimos esa tensión entre el mundo natural y el espiritual, una lucha permanente.

Esa dificultad para percibir el mundo espiritual resulta de la dureza del corazón, por eso es que no vemos, ni entendemos. ¿No es por esta causa que los fariseos demandan milagros? ¿Acaso no ya los habían visto? Pero, lo cierto es que ni los discípulos ni  nosotros  salimos bien librados de percibir de esta manera.

A los discípulos Jesús les advierte, que tengan cuidado de la levadura de los fariseos y de la de Herodes. Les decía: cuídense de esa manera de juzgar, de ver, de pensar y de vivir. Pero los discípulos no entendieron lo que Jesús les decía.  Por eso los cuestiona: ¿Por qué están discuten que no tienen pan? ¿Todavía no saben ni entienden? ¿Tienen el corazón demasiado endurecido para comprenderlo?  “Tienen ojos, ¿y no pueden ver? Tienen oídos y ¿no pueden oír?” ¿No recuerdan nada en absoluto? Marcos 8;17-19.NTV

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Así Como Dijo

20 abril, 2014

Pasado el sábado, cuando al anochecer comenzaba el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto hubo un fuerte temblor de tierra, porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra que lo tapaba y se sentó sobre ella. El ángel brillaba como un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. Al verlo, los soldados temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel dijo a las mujeres: –No tengan miedo. Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, sino que ha resucitado, como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Vayan pronto y digan a los discípulos: ‘Ha resucitado, y va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán. ‘Esto es lo que yo tenía que decirles. Las mujeres se fueron rápidamente del sepulcro, con miedo y mucha alegría a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos. En eso, Jesús se presentó ante ellas y las saludó. Ellas se acercaron a Jesús y lo adoraron, abrazándole los pies, y él les dijo: –No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y que allá me verán. Mateo 28.1-10

 

Los ángeles se sientan. Esta es una cuestión que destaca el relato de Mateo. Y no es una cuestión menor, revela el carácter de aquellos que conocen, creen y esperan el cumplimiento de lo que Dios dice.

Como en otros casos, nuestro relato está lleno de contrastes. Un gran terremoto provocado por un ángel que se sienta. Mujeres que permanecen atentas a lo que pasa, al lado de fieros soldados que “quedan como muertos”. Un ser con aspecto de relámpago, que tiene palabras de consuelo tales como: “no teman”. Y, en el centro del relato, la clave que nos permite comprenderlo:

Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, sino que ha resucitado, como dijo. (vs. 6)

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Que con Todo Denuedo

9 septiembre, 2012

Hechos 14.3

Característica de la Iglesia Primitiva, la iglesia viva, diría John Stott, es que es una iglesia que hace del servicio a Dios y al prójimo su estilo de vida. Ser iglesia y ser un servidor vienen a ser sinónimos, ser iglesia (miembro de la misma), demanda una vida de servicio, de total entrega a la causa divina. Resulta obvio que el ser una comunidad de servicio hace que la iglesia se ocupe de sí misma apenas lo necesario para estar en condiciones de cumplir con su tarea en, hacia y por el mundo que la rodea. No es que las cuestiones propias no importen: la salud física de sus miembros, la prosperidad de los mismos, la salud emocional de sus familias, etc. Por el contrario, la iglesia se ocupa de que todas estas áreas estén bajo el orden de Dios, su Reino, para que así nada les pueda impedir cumplir con la tarea de ser luz del mundo y sal de la tierra.

Quienes estudian la dinámica de los grupos han descubierto que estos cumplen con dos tareas simultáneamente. La primera, está enfocada en el grupo mismo. Se ocupa de sanear las relaciones personas e inter-grupales de sus miembros, de capacitarlos y empoderarlos. La segunda, está enfocada en la misión para la cual el grupo ha sido formado. Un principio que tales estudiosos plantean es que mientras más recursos se inviertan en la primera de las tareas, menos recursos tendrá el grupo para el cumplimiento de su misión.

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Identificación y Desarrollo de los Dones Espirituales

30 octubre, 2011

1Pedro 4.10,11; Lucas 12.48; 16.10,11

El creyente no se plantea la cuestión de si ha recibido o no algún don espiritual. El Apóstol Pedro declara de manera contundente: Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas. Así que no hay duda respecto si hemos recibido algún don; más bien, la cuestión tiene que ver con cuál don hemos recibido y como hemos de administrar fielmente la gracia de Dios que este representa.

Desde luego, el primer recurso con el que el creyente cuenta es el recurso de la oración. La oración es diálogo que nos permite establecer un marco de referencia común con Dios, nuestro Señor. Mediante la oración nos revelamos a Dios, le mostramos lo que hay en nosotros: propósitos y dudas, gratitud y necesidades, etc. Pero, también, mediante la oración podemos conocer el corazón de Dios. Cuál es su voluntad, cuáles sus medios de gracia, cuál la tarea que él realiza y a la que desea incorporarnos, previa capacitación mediante los dones espirituales.

Pero, tan importante recurso sólo adquiere su verdadera relevancia cuando oramos apasionada y comprometidamente. El clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces; de Jeremías 33.3, sustenta nuestro presupuesto. La expresión clama a mí, se refiere al grito de quien ha llegado al límite de sus capacidades y necesita de la inmediata y total intervención divina para la resolución de su conflicto. No se trata de una necesidad que puede ser relegada, mucho menos ignorada. Simplemente, la persona no puede seguir viviendo sin que aquello se resuelva. Es así, con un sentido de urgencia, que debemos aspirar a conocer y practicar los dones espirituales que se nos han encomendado.

La declaración que nos ocupa también resalta el principio del compromiso. El que Dios nos enseñe cosas grandes y ocultas que desconocemos, nos impulsa a actuar en consecuencia. Así lo establece nuestro Señor Jesús cuando asegura y previene: A quien mucho se le da, también se le pedirá mucho; a quien mucho se le confía, se le exigirá mucho más. Lucas 12.48

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