Posted tagged ‘Confianza en Dios’

No lo que haces, sino quién eres

17 enero, 2016

Efesios 1.3-11

No pocos cristianos han aprendido que su salvación, el obtenerla y el mantenerla, depende de lo que ellos hacen. Han aprendido que, para ser hijos de Dios, deben hacer o dejar de hacer aquello que entienden como condición para ser salvos. Este conocimiento se traduce en temor constante de no dar la medida y, por lo tanto, en la no confianza en la suficiencia de la gracia. La expresión visible de tal convicción es el moralismo. Es decir, la exaltación y defensa de valores que son resultado de una selección consciente e inconsciente altamente influenciada por factores culturales antes que bíblicos.

Caminar el camino de Cristo animados por tal presunción, la de la importancia de las buenas obras, pervierte el propósito divino y, en buena medida, lo impide. Dos son las razones para ello. Empecemos por la segunda. Presentar un evangelio que se sustenta en las buenas obras como condición para ser aceptado por Dios atenta contra el interés y la disposición de los no creyentes para oír a, y de Cristo. Ello se debe al hecho de que los no creyentes están conscientes de la imposibilidad de cumplir con estándares tan altos como los que se les presentan. Además de que perciben el fariseísmo de los creyentes que han aprendido a maquillar su propia incapacidad para hacer buenas obras sustentados en su propia capacidad y deseo al mismo tiempo que exigen de los catecúmenos el cumplimiento de los estándares de aceptación que ellos mismos no pueden cumplir.

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Frente a la esposa de Potifar

19 abril, 2015

 Génesis 39.7-9 NTV

Un exiliado es aquel que ha sido separado de su tierra. Tal el caso de José. Separado no sólo del terruño sino de los suyos. Separado de los suyos porque, simplemente, no encajó entre ellos. Incomodó a sus padres y a sus hermanos. A estos, al grado de que quisieron asesinarlo. Limitados por la culpa no lo mataron, lo vendieron como esclavo para que lo llevaran hasta Egipto. No sólo a otras tierras y con otras personas, sino lejos de ellos. El que sufrió el exilio es el mismo que había resultado un extraño, el que no había tenido parte en la vida de su propia familia.

La iglesia es, generalmente, tierra de extraños. Es tierra propicia para el encuentro de los extraños. Pero, también, cuando no atiende el origen de su unidad como cuerpo de Cristo: la gracia de la salvación; la iglesia tiene el poder para hacer extraños a los que son, han sido hechos uno en Cristo. Cuando las personas son marginadas o cuando se asumen diferentes, extrañas, a sus hermanos en la fe empiezan a vivir la condición de exiliadas. Aun cuando están en relación con sus hermanos, se asumen diferentes y, por lo tanto, lejanas. Sin embargo, dado el carácter gregario (la necesidad de estar en compañía de otros), de los seres humanos, terminan buscando, cultivando y fortaleciendo relaciones con otros, a los que perciben más cercanos a ellos.

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Dicen que estás deprimido

28 septiembre, 2014
En obediencia y esperanza

Mateo 6.24-34

Dada la pertinencia del tema en nuestros días y en nuestro entorno, hoy hacemos un paréntesis en la consideración de nuestra realidad como iglesia para ocuparnos de la depresión. Se estima que en la actualidad más de tres millones de mexicanos padecen de depresión. Las consecuencias de esto son graves: además de las repercusiones económicas y laborales provocadas por el ausentismo de los deprimidos, la depresión es uno de los principales factores que propician el suicidio. México ocupa el noveno lugar en el mundo en materia de suicidios.  Entre los muy complejos motivadores de la depresión o el stress uno de los más importantes tienen que ver con la situación económica de quien la padece. Es muy difícil no preocuparse de si tenemos comida o de si tenemos ropa.

El dinero, tanto cuando abunda como cuando hace falta, tiene la capacidad de apoderarse de las personas. Es decir, el dinero tiene la cualidad de dominar y/o apropiarse de las personas. En nuestros términos, el dinero se vuelve en señor de los seres humanos.

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Un Camino al Través del Desierto

28 julio, 2013

Isaías 43.19

Frente a casa hay un árbol alto y frondoso. Sus ramas están tan tupidas de hojas que, muchas veces, cuando llueve uno puede permanecer seco a la sombra de las mismas. Sin embargo, cuando llega el invierno, las hojas caen y las ramas quedan desnudas. Pero, sabemos que la primavera se acerca cuando, poco a poco, pero sin descanso, brotan nuevas hojas hasta que el árbol recupera su espléndido follaje. Me gusta este árbol, se ha convertido en una parábola de la vida. Me ha enseñado que, en esta, siempre hay algo más que lo que ahora vemos. Que el término de una etapa sólo marca el inicio de otra nueva.

La Biblia nos enseña que la vida está llena de los llamados puntos de inflexión. Es decir, de coyunturas, positivas y negativas, que cambian el curso de la misma. Dada su naturaleza e impacto, sirven como un parteaguas que divide la vida en el antes y el después. Establecen el final de una forma de vida y, desde luego, anuncian el inicio de una nueva manera de vivir la vida. Resulta interesante destacar que el diccionario define la palabra coyuntura, como ocasión, tiempo oportuno para algo.

Especialmente, en tratándose de cuestiones trágicas, de pérdidas, hemos aprendido a considerar tales coyunturas sólo como final y pocas veces como principio. Cuando mi madre murió, la vida acabó para mí. Cuando mi esposo me abandonó, todo se terminó. Cuando enterré a mi hijo perdí mi propia vida. Son estas expresiones que hemos oído, y quizá dicho, en momentos torales de nuestra existencia. Cuando algo deja de ser, asumimos que con ello ha llegado el final del todo.

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Perdona, Señor, mis Faltas Ocultas

15 enero, 2012

Salmos 19

Es este un hermoso salmo. En cierta manera es un salmo integrador. Une el todo de la Creación, con la hermosura y el poder de la Palabra, teniendo la comunión del hombre con su Señor como el propósito sustentador de todo lo que existe. En este salmo podemos ver el amor de Dios y la necesidad ansiosa del hombre que lo ama por gozar de su aceptación y comunión.

Una vez más nos encontramos ante un salmista sensible. El testimonio de la grandeza de Dios y de su incomparable poder, lleva al escritor sagrado a preguntarse respecto de su propia condición. El carácter de Dios siempre resulta contrastante del carácter del hombre. Sea que el primero se manifieste en las obras de su Creación, o en la riqueza y el poder de su Palabra, siempre contrasta, hace evidente, la naturaleza y condición del ser humano.

Sin embargo, para cada persona en particular, el elemento clave para tal contraste es, precisamente, la sensibilidad de la misma. Sólo quienes como resultado de su búsqueda amorosa de Dios ansían su presencia, pueden darse cuenta de lo que les une y de lo que les separa de Dios.

Tal el caso del salmista. Es una persona temerosa de Dios. Goza de su comunión con el Señor. La Palabra ha cumplido su propósito en él: le ha dado nueva vida, le ha hecho sabio, ha traído alegría a su corazón, ha dado luz a sus ojos, ha generado un temor limpio que permanece para siempre. ¿Qué más puede necesitar el salmista para estar en comunión perfecta con su Señor?

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