Posted tagged ‘Amor de Dios’

Convicción y confianza

25 febrero, 2018

Hebreos 11.27

Con frecuencia los creyentes enfrentamos circunstancias en las que no podemos sentir a Dios. Estas están asociadas a las experiencias del desierto, es decir, cuando la vida no parece tener sentido, se vuelve plana y sin mayores motivaciones. En días recientes alguien me contaba su desazón y la confusión resultante. Ingenuamente me lanzó un reto: Pero, esto es algo que ustedes los pastores no experimentan, dijo. Cuando le compartí que es esta una experiencia común a todos y, desde luego, a los pastores, me pidió que le dijera cómo yo enfrento tales circunstancias. Aquí cumplo mi promesa en la confianza de que podrá ser útil a alguno que otro.

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El amor que nunca decae*

24 mayo, 2015

1 Corintios 16.14

La historia de nuestras vidas hace evidente la dificultad que tenemos en lo que se refiere a desarrollar relaciones humanas complementarias y funcionales. Ello, desde luego, pervierte y erosiona el sentido y el cómo de nuestra relación con los que amamos. Pero, tal dificultad no sólo afecta nuestras relaciones, termina por destruirnos a nosotros mismos, desgastando nuestra estima propia, amargándonos y, en consecuencia, nos lleva a desarrollar mecanismos de defensa y manipulación que evidencian nuestra necesidad de equilibrio y, sobre todo, la de ser amados.

Porque todos necesitamos saber y sentir que somos amados. Tanto como necesitamos amar y hacerlo saber a quienes nos sabemos unidos, precisamente, por los lazos del amor. Sin embargo, descubrimos que eso a lo que llamamos amor, tanto el que recibimos como el que damos, no siempre resulta ni suficiente ni adecuado a nuestras necesidades e intereses de amar. Hay en nosotros la sensación, la percepción, de que el amor es o requiere de algo más de lo que obtenemos y damos.

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Frente a la esposa de Potifar

19 abril, 2015

 Génesis 39.7-9 NTV

Un exiliado es aquel que ha sido separado de su tierra. Tal el caso de José. Separado no sólo del terruño sino de los suyos. Separado de los suyos porque, simplemente, no encajó entre ellos. Incomodó a sus padres y a sus hermanos. A estos, al grado de que quisieron asesinarlo. Limitados por la culpa no lo mataron, lo vendieron como esclavo para que lo llevaran hasta Egipto. No sólo a otras tierras y con otras personas, sino lejos de ellos. El que sufrió el exilio es el mismo que había resultado un extraño, el que no había tenido parte en la vida de su propia familia.

La iglesia es, generalmente, tierra de extraños. Es tierra propicia para el encuentro de los extraños. Pero, también, cuando no atiende el origen de su unidad como cuerpo de Cristo: la gracia de la salvación; la iglesia tiene el poder para hacer extraños a los que son, han sido hechos uno en Cristo. Cuando las personas son marginadas o cuando se asumen diferentes, extrañas, a sus hermanos en la fe empiezan a vivir la condición de exiliadas. Aun cuando están en relación con sus hermanos, se asumen diferentes y, por lo tanto, lejanas. Sin embargo, dado el carácter gregario (la necesidad de estar en compañía de otros), de los seres humanos, terminan buscando, cultivando y fortaleciendo relaciones con otros, a los que perciben más cercanos a ellos.

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No Tengas Miedo

24 diciembre, 2014

Lucas 1.26-38

El nacimiento de Jesús expresa de manera perfecta el amor de Dios por todos aquellos a los que él ha creado. Es Portal_de_Belen_Nacimiento_Jesusmás, Jesús es la evidencia y la explicación de que Dios nos anhela celosamente, es decir, nos ama mucho. Santiago 4.5 Ello explica que Dios se ha hecho vulnerable y que necesite estar en comunión con nosotros. Desde luego, él realmente no nos necesita, pero, al amarnos, le hacemos falta. Porque nos ama, nos necesita.

Quien necesita hace todo lo necesario para satisfacer tal necesidad. Dios lo hizo en Jesús. Lo entregó para acercarse a nosotros, se humanó, se hizo carne. Se hizo hombre, no sólo para entendernos mejor, sino para participar de nuestra humanidad. Se puso a nuestro nivel para poder amarnos del modo en que necesitamos ser amados y para facilitar que nosotros lo amemos a él. De hecho, la Biblia asegura que nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero… en Jesús. 1 Juan 4.19

Las personas no dejamos de sentirnos impresionadas e intimidadas cuando alguien más fuerte, o más poderoso que nosotros, hace algo en nuestro favor. Tal cosa sucedió con Zacarías y lo mismo con María. No deja de sorprendernos que Dios nos ame como lo hace a pesar de nuestras dudas, de nuestra rebeldía y de nuestra incredulidad. Pero, Jesús nos dice que Dios nos sigue amando. Que nada, ni nosotros mismos, siquiera, hemos hecho lo suficiente para que él desista de tal amor.

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Para Sacudirlos como a Trigo

13 enero, 2013

Lucas 22.31-34

Si de algo nos llenamos las manos en la vida es de decepciones. Con frecuencia nos encontramos que la confianza depositada en otros, no es honrada por ellos y actúan en forma diametralmente opuesta a lo que esperábamos de ellos. Es esta la razón de la pérdida de la esperanza, de la confianza y aún del interés en seguir adelante.

Mientras más cercana a nosotros la persona que nos decepciona, mayor el conflicto que experimentamos, la tristeza que sufrimos. Como aquellos hijos que van por la vida sin comprender por qué sus padres no quisieron o no pudieron seguir juntos. Por qué es que los hijos tienen que pagar el precio de la soledad, la vergüenza y la confusión que enfrentan, fruto de la separación o la ausencia de sus padres. O como la mamá de Ricardo, que no entiende cómo es que el hombre al que ella le entregó todo su amor, su confianza… su vida toda, la engañó ocultándole que era casado y que no tenía el propósito de honrar sus palabras de amor y entrega.

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Dios Dispone todas las Cosas para el Bien de los que le Aman

29 enero, 2012

Salmos 73; Romanos 8.28ss

Uno de los privilegios de nosotros los pastores es que ustedes, con sus familias, son compañeros frecuentes de nuestros días y habitantes comunes de nuestros pensamientos. Pensamos en ustedes, nos preguntamos por su vida, oramos por los problemas que conocemos pidiendo fortaleza, sabiduría y dirección y, desde luego, consuelo para cada una de nuestras ovejas.

Sin embargo, debo confesar, a veces la fe, mi conocimiento de la Palabra, mi experiencia pastoral, no parecen suficientes en el ánimo de servirles y apoyarles en su caminar diario. Quizá esto no sea sino el reflejo de mi propia confusión, sorpresa y tristeza ante las situaciones, ¿cada vez más extraordinarias?, a las que la vida nos enfrenta.

No se trata sólo de las noticias que los periódicos nos acercan en el día a día. O del incremento de la violencia intrafamiliar, o el número creciente de divorcios –con su consecuente cauda de soledad, pobreza, amargura, etc.-, de la violencia callejera contra las mujeres, el alcoholismo y otras adicciones; en fin, tantas cosas que parecen tan lejanas y, sin embargo, cada día tocan a nuestra puerta o, de plano se meten en nuestras vidas sin siquiera avisar ni, mucho menos, pedir permiso.

Se trata, también, de las tragedias, las tristezas y los retos que enfrentan los que amamos. De la confusión, el enojo y la impotencia que se apoderan de nuestros cercanos cuando la vida parece ensañarse quitándoles aquello que más aman, que más importante les resulta.

En tales situaciones surgen, dolorosas, preguntas tales como: ¿Qué es lo que permanece en la vida? ¿Hay alguna garantía de bien? ¿Hay alguna posibilidad para la paz, para la felicidad?

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Amor, Amar lo que Dios Ama

8 enero, 2012

2 Pedro 1.3-11

Solo el amor hace comprensible a Dios. Es decir, entender las razones que Dios tiene para ser quien es con nosotros y hacer lo que hace en nuestro favor. Si no supiéramos del amor divino, y lo experimentáramos en nuestro día a día, la benignidad, la paciencia y la provisión divinas nos resultarían incomprensibles. Pero, por su gracia, somos amados y este amor nos permite encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de Dios.

Sí, Dios es quién es y actúa como lo hace, por amor. Que lo máximo de Dios es su amor, explica que cuando la Biblia define, describe a Dios, lo hace diciendo: Dios es amor.

Por ello no resulta raro que Pedro establezca como el colmo de la perfección cristiana, el amor. El colmo, según el diccionario, es el punto que razonablemente no se puede superar. Es decir, cuando el creyente añade a su experiencia cristiana el amor, ha llegado al punto donde nada más resulta necesario.

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