Posted tagged ‘Gracia’

Todos ustedes son hijos de Dios

13 marzo, 2016

Gálatas 3.26-28

Jesús prometió que el Espíritu Santo nos guiará a toda verdad. Juan 3.16 Tal nuestra convicción, tal nuestra confianza. En virtud de ello conviene considerar que la comprensión del qué, del cómo, de cuándo y del adónde, requiere, primero, de la convicción del quién. Cuestión toral, básica de la vida es saber quiénes somos. La conciencia de nuestra identidad, la capacidad para saber quiénes somos, a diferencia de quién hemos aprendido a ser, resulta una cuestión determinante en la comprensión del sentido, el propósito, de nuestra vida y la pertinencia de las relaciones que establecemos y las tareas que realizamos.

Sin embargo, sucede que las dinámicas relacionales en las que participamos desde antes de nuestro nacimiento contribuyen al desarrollo de una conciencia de identidad deformada. Bajo la influencia del pecado, las personas dejan de ser quienes en realidad son y se convierten en caricaturas de sí mismas. Son influenciadas negativamente por quienes tampoco tienen una conciencia sana acerca de su identidad. Se creen así ambientes enfermos, disfuncionales, pecaminosos. En estos, las personas se ven presionadas a ser lo que los demás han determinado y esperan que sean, aun cuando ello vaya en contra de la dignidad propia y contribuya a una espiral perversa en la que cada vez más se aleja uno de su verdadera identidad y vive confundido y desgastándose tratando de ser lo que no es. Romanos 1.21-25

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¿Siguiendo un evangelio diferente?

6 marzo, 2016

Gálatas 1.6-12

Iniciamos hoy, un acercamiento a la carta del Apóstol Pablo a los Gálatas. La región de Galacia corresponde a lo que ahora es Turquía. Escrita antes de la celebración del Concilio de Jerusalén (50 D.C.), el tema central de esta carta nos resulta de actualidad. La misma revela el conflicto que resulta cuando, por diversas razones, personas y grupos de interés pretenden domesticar el evangelio de Jesucristo. Desde luego, la pretensión de que el evangelio puede ser modificado al gusto de personas y grupos parte del supuesto de que el mismo es relativo (que no es absoluto, que es discutible, susceptible de ser puesto en cuestión), respecto de los intereses y circunstancias de quienes se acercan al mismo.

Como sabemos, las iglesias de Galacia, compuestas mayoritariamente por no judíos, enfrentaron una ofensiva de sectores judíos y judaizantes, provenientes de Palestina, quienes pretendían que el cristianismo ortodoxo pasaba por la observación y práctica de la ley mosaica. De acuerdo con Pablo, tal pretensión implicaba el añadir a la gracia divina el cumplimiento de principios y conductas como requisito para alcanzar la salvación, y desde luego, para mantenerse salvos. Timothy Keller, propone que tal pretensión es la base de no pocas corrientes del cristianismo que a lo largo de la historia del cristianismo han propuesto diferentes variantes de lo que podemos llamar: gracia y algo más.

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No lo que haces, sino quién eres

17 enero, 2016

Efesios 1.3-11

No pocos cristianos han aprendido que su salvación, el obtenerla y el mantenerla, depende de lo que ellos hacen. Han aprendido que, para ser hijos de Dios, deben hacer o dejar de hacer aquello que entienden como condición para ser salvos. Este conocimiento se traduce en temor constante de no dar la medida y, por lo tanto, en la no confianza en la suficiencia de la gracia. La expresión visible de tal convicción es el moralismo. Es decir, la exaltación y defensa de valores que son resultado de una selección consciente e inconsciente altamente influenciada por factores culturales antes que bíblicos.

Caminar el camino de Cristo animados por tal presunción, la de la importancia de las buenas obras, pervierte el propósito divino y, en buena medida, lo impide. Dos son las razones para ello. Empecemos por la segunda. Presentar un evangelio que se sustenta en las buenas obras como condición para ser aceptado por Dios atenta contra el interés y la disposición de los no creyentes para oír a, y de Cristo. Ello se debe al hecho de que los no creyentes están conscientes de la imposibilidad de cumplir con estándares tan altos como los que se les presentan. Además de que perciben el fariseísmo de los creyentes que han aprendido a maquillar su propia incapacidad para hacer buenas obras sustentados en su propia capacidad y deseo al mismo tiempo que exigen de los catecúmenos el cumplimiento de los estándares de aceptación que ellos mismos no pueden cumplir.

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