Archive for the ‘Identidad Cristiana’ category

Ustedes son la sal del mundo

9 febrero, 2020

Mateo 5.13-16 DHHK

Photo_20200202_094606En nuestro pasaje encontramos un doble descripción de lo que el creyente es, de su identidad. Jesús asegura que el creyente es sal y luz, de este mundo. Cuando el Señor define la identidad del creyente, define, simultáneamente, el propósito, la razón de ser del mismo. Observemos que Jesús se refiere a lo que el creyente es y no a lo que este puede llegar a ser. Este es un punto importante pues el reto no es ser sino el enfrentar el riesgo de dejar de ser lo que Dios, por la regeneración que hemos recibido por medio de Cristo, ya ha hecho de nosotros.

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Somos llamados, somos diferentes

8 octubre, 2017

Eclesiástico 11.21 BDO1573; 2Pedro 1.10 DHHD

Los cristianos somos diferentes. Sí, diferentes de quienes no honran al Dios de Jesucristo. El elemento detonador de nuestra condición de diferentes es que los cristianos somos llamados, tenemos vocación. Hemos recibido un llamado, somos inspirados, de parte de Dios para llevar una forma particular de vida, religados a Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Es decir, hemos sido llamados a vivir permaneciendo fuertemente atados a Dios, en comunión plena con él.

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No lo que haces, sino quién eres

17 enero, 2016

Efesios 1.3-11

No pocos cristianos han aprendido que su salvación, el obtenerla y el mantenerla, depende de lo que ellos hacen. Han aprendido que, para ser hijos de Dios, deben hacer o dejar de hacer aquello que entienden como condición para ser salvos. Este conocimiento se traduce en temor constante de no dar la medida y, por lo tanto, en la no confianza en la suficiencia de la gracia. La expresión visible de tal convicción es el moralismo. Es decir, la exaltación y defensa de valores que son resultado de una selección consciente e inconsciente altamente influenciada por factores culturales antes que bíblicos.

Caminar el camino de Cristo animados por tal presunción, la de la importancia de las buenas obras, pervierte el propósito divino y, en buena medida, lo impide. Dos son las razones para ello. Empecemos por la segunda. Presentar un evangelio que se sustenta en las buenas obras como condición para ser aceptado por Dios atenta contra el interés y la disposición de los no creyentes para oír a, y de Cristo. Ello se debe al hecho de que los no creyentes están conscientes de la imposibilidad de cumplir con estándares tan altos como los que se les presentan. Además de que perciben el fariseísmo de los creyentes que han aprendido a maquillar su propia incapacidad para hacer buenas obras sustentados en su propia capacidad y deseo al mismo tiempo que exigen de los catecúmenos el cumplimiento de los estándares de aceptación que ellos mismos no pueden cumplir.

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