¿Siguiendo un evangelio diferente?

Gálatas 1.6-12

Iniciamos hoy, un acercamiento a la carta del Apóstol Pablo a los Gálatas. La región de Galacia corresponde a lo que ahora es Turquía. Escrita antes de la celebración del Concilio de Jerusalén (50 D.C.), el tema central de esta carta nos resulta de actualidad. La misma revela el conflicto que resulta cuando, por diversas razones, personas y grupos de interés pretenden domesticar el evangelio de Jesucristo. Desde luego, la pretensión de que el evangelio puede ser modificado al gusto de personas y grupos parte del supuesto de que el mismo es relativo (que no es absoluto, que es discutible, susceptible de ser puesto en cuestión), respecto de los intereses y circunstancias de quienes se acercan al mismo.

Como sabemos, las iglesias de Galacia, compuestas mayoritariamente por no judíos, enfrentaron una ofensiva de sectores judíos y judaizantes, provenientes de Palestina, quienes pretendían que el cristianismo ortodoxo pasaba por la observación y práctica de la ley mosaica. De acuerdo con Pablo, tal pretensión implicaba el añadir a la gracia divina el cumplimiento de principios y conductas como requisito para alcanzar la salvación, y desde luego, para mantenerse salvos. Timothy Keller, propone que tal pretensión es la base de no pocas corrientes del cristianismo que a lo largo de la historia del cristianismo han propuesto diferentes variantes de lo que podemos llamar: gracia y algo más.

Esta definición resulta fundamental en la comprensión del problema que el evangelio ha enfrentado a lo largo de los siglos. No se trata de la negación de los presupuestos bíblicos del mismo, sino de la adición de factores que, aunque en apariencia no pretenden anular las verdades fundamentales del evangelio, terminan haciéndolo. De ahí el horror que experimenta Pablo, los gálatas estaban siguiendo un evangelio diferente al que habían recibido. Animados por el engaño de terceros, pero predispuestos por sus propias carencias, inseguridades y taras, habían dejado la verdad de Cristo para seguir la mentira que los falsos maestros presentaban como el evangelio.

Como veremos en nuestro acercamiento a Gálatas, Pablo acusa a los falsos maestros de querer aprovecharse de los gálatas en su propio beneficio. Desde luego, es esta una de las principales fuentes del engaño religioso: el interés de quienes lo promueven.  Ello explica la proliferación de ofertas religiosas, cada vez más novedosas y atractivas. El llamado supermercado religioso, es la expresión más evidente de lo productivo que resulta utilizar las más avanzadas técnicas de la mercadotecnia en aras de atraer a personas sinceras, pero incautas, en cuestiones religiosas y/o seudo espirituales.

Sin embargo, los falsos maestros requieren de un estado de cosas, de una condición predisposicional, en quienes les escuchan para tener éxito en sus intenciones. A Timoteo, Pablo le advierte que una característica de los últimos tiempos es que: La gente no escuchará más la sólida y sana enseñanza. Seguirán sus propios deseos y buscarán maestros que les digan lo que sus oídos se mueren por oír. Rechazarán la verdad e irán tras de mitos. 2 Timoteo 4.3, 4 De esta manera Pablo se refiere a la condición que favorece la mezcla gracia y algo más. Destaca el hecho de que los creyentes buscamos escuchar lo que nuestros oídos se mueren por oír. Por ello es que estamos dispuestos a relativizar las verdades fundamentales del evangelio, sobre todo, la verdad fundamental de la gracia divina como la causa y el medio de nuestra salvación y comunión con Dios.

En un extremo están quienes consideran que la gracia resulta insuficiente por lo que hay que agregarle las buenas obras; pretenden que mientras mejor se porte la persona, mayor seguridad puede tener de su salvación. En el otro extremo están quienes presumen que la gracia es lo suficientemente elástica para permitir cualquier exceso y omisión; algunos hasta presumen que mientras más pecan, mayor oportunidad le dan a Dios de mostrarse misericordioso y comprensivo. Romanos 6.1 Unos y otros agregan a la gracia algo: Los primeros, sus buenas obras, los segundos, su derecho a la impunidad. En ambos casos relativizan el evangelio puesto que agregan al mismo, aspectos que atenúan sus efectos o su importancia.

Uno de los pensamientos gobernantes de nuestra cultura es que nada es absoluto, todo es relativo. Cuando este presupuesto se aplica al evangelio, por las razones que sean, se atenta contra la esencia del mismo. Pablo nos recuerda (1:11, 12), que el mensaje del evangelio [que él predica] no se basa en un simple razonamiento humano, dado que él lo recibió por revelación directa de Jesucristo. Es decir, el acercamiento bíblico al evangelio y sus verdades requiere de la aceptación de su carácter sobrenatural (que excede los términos de la naturaleza). Requiere que, yendo contra la corriente de nuestra cultura, asumamos la realidad y pertinencia de la verdad absoluta: Jesucristo. Al hacerlo así, estamos dispuestos a someter a prueba nuestra vida en función de él y no a juzgarlo a él en función de nuestras circunstancias, creencias e intereses particulares o de grupo.

Debemos decir aquí que, si bien es cierto que no todo lo que las iglesias cristianas enseñamos son verdades absolutas, ello no implica que el evangelio no se componga de las mismas. Los dogmas del evangelio son una realidad, por más que lo mismo nos parezca anticuado o reprochable. Si dogma es el conjunto de creencias de carácter indiscutible y obligado para los seguidores de cualquier religión, debemos asumir que nuestra fe es dogmática. Lo cual no significa, necesariamente, que los cristianos debamos renunciar al ejercicio de nuestro discernimiento intelectual o de la negación de la importancia que el cultivo del pensamiento significa.

La cuestión no es de la negación de la inteligencia y del ejercicio del pensamiento, sino del marco teórico que da sustento a nuestro acercamiento a las verdades bíblicas: La fe. Considerando esta no sólo como el conjunto de creencias y/o enseñanzas que asumimos y confesamos, sino como la confianza en la existencia y señorío de Dios en todo lo que existe por cuanto él lo ha creado. Porque creemos que él es y que es Señor, es que estamos dispuestos a asumir como verdad absoluta todo lo que él ha establecido, y nada más.

Desde luego, no ignoramos que la fe es un acto de confianza que no se sustenta, del todo, en lo que vemos y sabemos. De hecho, la definición bíblica de la fe, lo asume: Es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver. Hebreos 11.1 NTV Y digo que no se sustenta del todo, porque el mismo pasaje nos recuerda que: Lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Hebreos 11.3 RVR

Al recorrer juntos la carta a los Gálatas nuestra fe será puesta a prueba. Tendremos que preguntarnos si estamos creyendo el evangelio de Cristo o si estamos siguiendo un evangelio diferente. Habremos de preguntarnos cuál es el fundamento de lo que creemos y qué de lo que creemos es la racionalización de la verdad absoluta que es Cristo. Les animo a que corramos este riesgo y que abundemos en el estudio de la Palabra y la comunión con Dios mediante la oración. Pero, también, a que estemos dispuestos a desandar los caminos que nos han apartado de Cristo y de su gracia, aun cuando pretendamos, sincera o perversamente, que perseveramos en su verdad. Sí, les invito a que consideremos la pertinencia del arrepentimiento y la conversión en todo aquello que nos pudiera provocarnos a seguir un evangelio diferente.

 

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