Archive for the ‘Familia’ category

Dame lo que me toca

10 septiembre, 2017

Lucas 15.11ss

20170818_210812307Ser y hacer familia es equiparable a construir un proyecto único. Cada miembro puede ser descrito como una piedra viva, como un elemento dinámico que contribuye al todo del proyecto comunitario que es su familia. En este sentido se reconocen los espacios comunes, los intereses comunitarios y los deberes y derechos de cada miembro dentro del todo de la familia y para el interés de la misma. Las familias sanas se distinguen porque mantienen el interés común sin atentar contra la individualidad de sus miembros. Al mismo tiempo que fortalecen la individualidad de los suyos sin atentar contra el interés comunitario.

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Por causa de Cristo

28 agosto, 2016

Filipenses 3.8; 1.29

Una de las características distintivas de la persona urbana es la naturalidad con la que se sirve de cosas extraordinarias. Abre la llave y recibe agua, toca un interruptor y tiene luz, viaja decenas o centenas de kilómetros en minutos u horas en vehículos que hace apenas cien años no existían. De hecho, la persona urbana se ha acostumbrado a tratar de manera ordinaria lo que es, en realidad, extraordinario. No resulta raro, entonces, que los cristianos urbanos, en particular, se acerquen a las cuestiones torales de su fe de igual forma. El quehacer extraordinario de la gracia se asume como la norma que resulta del merecimiento propio. La salvación se asume como un derecho antes que como una manifestación extrema del amor divino. El sacrificio de Cristo, cada vez más es una anécdota que ni siquiera nos ocupamos de conocer a detalle y, por lo tanto, se convierte, casi, en una mera leyenda urbana.

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Perdón y reconciliación familiar

21 agosto, 2016

Efesios 4.31,32

El del perdón es un tema que se vuelve sumamente complejo cuando se trata de las relaciones familiares disfuncionales. No obstante, no podemos considerar siquiera la posibilidad de la restauración de la relación familiar si no asumimos la necesidad, la importancia y la responsabilidad personal acerca de perdonar. Generalmente, cuando pensamos en el perdón pensamos en segundas o terceras personas, es decir, en el otro, en los otros. Sin embargo, el perdón es un asunto que se conjuga, siempre, en primera persona. El perdón tiene que ver con nosotros, antes que con los demás.

La razón para ello tiene dos elementos. El primero, nuestra corresponsabilidad en el proceso de deterioro de nuestras relaciones familiares. En efecto, somos actores y no meramente sujetos de tales procesos. Lo que hacemos, o lo que dejamos hacer, contribuye activa o pasivamente al deterioro de nuestras relaciones familiares. Puede tratarse de lo que la Biblia llama errores ocultos. Salmos 19.12 El segundo elemento, y el más importante, tiene que ver con nuestra condición de hijos de Dios, es decir, con nuestra identidad. 2 Corintios 5.16ss

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Sí, sí, no, no

14 agosto, 2016

Mateo 5.33-37

Es un hecho que en la mayoría de los problemas familiares causa y efecto de los mismos es decir sí, cuando debía decirse no y no cuando debía decirse sí. El poder de las palabras resulta del hecho de que las mismas sólo expresan, revelan, lo que está en el corazón de las personas. Es decir, las palabras son la expresión de la manera en que la persona procesa sus conocimientos, sus sentimientos y emociones y, en consecuencia, toma las decisiones que determinan su vida y la de los suyos. Esto que parece un aporte de la psicología moderna ya había sido anticipado por nuestro Señor cuando señaló que, en el caso de las personas, de lo que abunda en su corazón habla su boca. Lucas 6.45 DHH

Lo anterior adquiere un mayor interés si consideramos que los conocimientos, los sentimientos y las sensaciones constituyen lo que conocemos como los valores o principios morales de las personas. Es decir, lo que estas consideran como lo bueno y lo malo y la manera en que tal consideración decide el cómo y el qué de sus relaciones humanas. En el caso de quienes nos asumimos creyentes se pretende que la valoración de lo bueno y lo malo está determinado por lo que honra a Dios y lo que no lo hace. Así, pretendemos llevar a nuestra cotidianidad, a nuestro aquí y nuestro ahora, lo que Dios ha establecido como bueno. En el caso de las relaciones humanas son dos los principios que hacen un solo mandamiento: Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y, ama a tu prójimo como a ti mismo. Lucas 10.27

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Todo empieza en uno mismo

7 agosto, 2016

Romanos 12.2 DHH

Todas las relaciones familiares se desgastan y terminan desgastando a los miembros de la familia. El desgaste resulta de las transiciones, los cambios y los conflictos que la familia o sus miembros enfrentan. Estos agregan tensión -oposición u hostilidad-, independientemente de si se trata de cuestiones positivas o negativas, o de cuestiones personales o familiares. Dado que la familia es un sistema, lo que sucede -positiva o negativamente- a alguno de sus miembros termina por afectar al todo familiar. Desde luego, mientras más traumático el evento de que se trate, mayor el impacto sufrido por la familia. Sobre todo, cuando se trata de conflictos entre los familiares o tragedias a las que se enfrentan.

Decepciones, traiciones, decisiones equivocadas, enfermedades, pérdidas, etc., sobre todo, alteran el equilibrio familiar provocando caos y distanciamiento entre sus miembros. De ahí la necesidad de preguntarnos si cabe la posibilidad de que una familia afectada de manera significativa por tales factores puede ser restaurada. Tal pregunta nos lleva, irremediablemente, al terreno de la fe. Ello, porque las crisis familiares afectan de manera integral tanto a la familia como a sus miembros. Afectan su psique, su físico y su espiritualidad. Desde la fe nos acercamos a las crisis familiares estando conscientes de las mismas incluyen un factor espiritual. Efesios 6.12 Este resulta determinante, ya se trate de que sea el iniciador de, o que aproveche los diferendos existentes. Nuestro Señor Jesús nos recuerda que el propósito de nuestro enemigo el diablo es robar, matar y destruir. Juan 10.10

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Eso de ser un padre viejo

20 junio, 2016

Uno de los problemas más frecuentes, angustiantes y complejos en la vejez es el que resulta del dolor causado por los hijos. Muchas veces, al escuchar las quejas, los lamentos y aún lo que se dice acerca de lo que enfrentan muchos ancianos, resulta difícil sustraerse del juicio fácil y condenatorio en contra de los hijos que parecen ser la fuente del dolor que viven sus padres. Sin embargo, la simpatía que podemos tener para los ancianos solos, incomprendidos y abandonados, no debe llevarnos a ignorar tanto las causas como las circunstancias que propician la difícil relación entre estos y sus hijos.

En cierta manera, la vejez viene a consolidar los modelos de relación establecidos desde la juventud de los padres y la niñez de los hijos. Consolidar es, según el diccionario, el dar firmeza o solidez a algo. La vejez afirma la forma en que padres e hijos aprendieron a relacionarse. Así que, en la vejez, se ve cumplida la ley de la siembra y la cosecha: el final de la vida es el tiempo en que se recoge mucho de lo que se ha sembrado.

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Permaneció allí toda la temporada de la cosecha

14 mayo, 2016

Después Rizpa, la hija de Aja y madre de dos de los hombres, extendió una tela áspera sobra una roca y permaneció allí toda la temporada de la cosecha. Ella evitó que las aves carroñeras despedazaran los cuerpos durante el día e impidió que los animales salvajes se los comieran durante la noche. 1 Samuel 21.10

gloriosaAnte los noventa años de mi madre, debo empezar dando gracias. Gracias a Dios por haberla creado. Gracias a la vida porque en sus caminos cruzados permitió que nos encontráramos en las profundidades de su ser mujer, co constructora de vida en colaboración con Dios. Y, desde luego, gracias a ella por haberme incorporado en la mejor familia que he podido conocer; la que formaron ella y mi padre y en la cual nos reunieron a Gloria, Manuel, Miriam y a mí. Mejor espacio para ser y hacer la vida no podríamos haber encontrado por nosotros mismos.

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