Posted tagged ‘Confianza’

Convicción y confianza

25 febrero, 2018

Hebreos 11.27

Con frecuencia los creyentes enfrentamos circunstancias en las que no podemos sentir a Dios. Estas están asociadas a las experiencias del desierto, es decir, cuando la vida no parece tener sentido, se vuelve plana y sin mayores motivaciones. En días recientes alguien me contaba su desazón y la confusión resultante. Ingenuamente me lanzó un reto: Pero, esto es algo que ustedes los pastores no experimentan, dijo. Cuando le compartí que es esta una experiencia común a todos y, desde luego, a los pastores, me pidió que le dijera cómo yo enfrento tales circunstancias. Aquí cumplo mi promesa en la confianza de que podrá ser útil a alguno que otro.

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Convicción, confianza

30 abril, 2017

A manera de testimonio

Hebreos 11.27

Con frecuencia los creyentes enfrentamos circunstancias en las que no podemos sentir a Dios. Estas están asociadas a las experiencias del desierto, es decir, cuando la vida no parece tener sentido, se vuelve plana y sin mayores motivaciones. En días recientes alguien me contaba su desazón y la confusión resultante. Ingenuamente me lanzó un buscapiés: Pero, esto es algo que ustedes los pastores no experimentan, dijo. Cuando le compartí que es esta una experiencia común a todos y, desde luego, a los pastores, me pidió que le dijera cómo es que yo enfrento tales circunstancias. Aquí cumplo mi promesa en la confianza de que podrá ser útil a alguno que otro.

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No se Preocupen por lo que Sucederá Mañana

3 noviembre, 2013

En obediencia y esperanza

Mateo 6.24-34

Como Pastor observo desde una posición privilegiada los cambios de ánimo de muchas personas. Con preocupación advierto que cada día son más las que viven en ansiedad y presas de temor, agobiadas por lo que puede llegar a pasar con ellas en un futuro distante. La fuente de su ansiedad no es lo que pasó, lo que tuvieron o no tuvieron en el pasado. Tampoco lo es lo que están teniendo y logrando en su presente. Lo que les hace estar ansiosas no es lo que no tienen ahora, pues reconocen tenerlo. Paradójicamente, sufren por lo que todavía no es, por lo que ni siquiera saben si llegará a ser.

Actualmente se considera a la depresión como una de las principales 10 enfermedades a ser consideradas en México. La depresión, o stress, tiene pocos motivadores, uno de los más importantes tienen que ver con la situación económica de quien la padece. Es muy difícil no preocuparse de si tenemos o no comida, o de si tenemos o no ropa.

El dinero, tanto cuando abunda como cuando hace falta, tiene la capacidad de apoderarse de las personas. Es decir, el dinero tiene la cualidad de dominar y/o apropiarse de las personas. En nuestros términos, el dinero se vuelve el señor de los seres humanos.

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¿Corta la Vida y Muchos los Sufrimientos?

5 mayo, 2013

Job 14.1-2

A Job le fue tan bien en la vida que su prosperidad aún se convirtió en motivo de conversación entre Dios y el diablo. Quienes conocían a Job lo envidiaban, quienes oían hablar de su riqueza deseaban ser como él. En fin, Job era la persona a la que había que poner de ejemplo cuando se hablaba de la buena vida. Job era especial porque era diferente a la mayoría de las personas. Era justo, sí, pero ello no era lo que lo hacía especial. Indudablemente también había otras personas temerosas de Dios, cuidadosas al extremo de honrar al Señor, aunque fueran menos ricas o muy pobres en comparación con Job. Lo que hacía especial a este hombre y a su familia era que vivían en una burbuja de prosperidad. Aunque seres humanos, Job y los suyos poco sabían de humanidad. Es decir, nada sabían de la fragilidad o flaqueza propia del ser humano.

Resulta interesante el que sea un hombre con tales características quien resuma el todo de la vida diciendo: Es muy corta nuestra vida, y muy grande nuestro sufrimiento. Somos como las flores: nacemos, y pronto nos marchitamos; somos como una sombra que pronto desaparece. ¿Qué fue lo que llevó a Job a sintetizar la vida con tanta pesadumbre? ¿Cuál fue el punto de inflexión a partir del cual la vida de Job no se recuperó? Cualquiera diría que la razón de tal pesadumbre fueron las pérdidas de Job. Primero, la de su riqueza, la que significaba el punto de equilibrio de su vida privilegiada. Después, la muerte violenta de aquellos a los que más amaba, sus hijos. Así, de pronto Job se ve privado de lo que lo sostiene, sus riquezas. Y de lo que da razón a su vida, sus hijos.

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Dios Dispone todas las Cosas para el Bien de los que le Aman

29 enero, 2012

Salmos 73; Romanos 8.28ss

Uno de los privilegios de nosotros los pastores es que ustedes, con sus familias, son compañeros frecuentes de nuestros días y habitantes comunes de nuestros pensamientos. Pensamos en ustedes, nos preguntamos por su vida, oramos por los problemas que conocemos pidiendo fortaleza, sabiduría y dirección y, desde luego, consuelo para cada una de nuestras ovejas.

Sin embargo, debo confesar, a veces la fe, mi conocimiento de la Palabra, mi experiencia pastoral, no parecen suficientes en el ánimo de servirles y apoyarles en su caminar diario. Quizá esto no sea sino el reflejo de mi propia confusión, sorpresa y tristeza ante las situaciones, ¿cada vez más extraordinarias?, a las que la vida nos enfrenta.

No se trata sólo de las noticias que los periódicos nos acercan en el día a día. O del incremento de la violencia intrafamiliar, o el número creciente de divorcios –con su consecuente cauda de soledad, pobreza, amargura, etc.-, de la violencia callejera contra las mujeres, el alcoholismo y otras adicciones; en fin, tantas cosas que parecen tan lejanas y, sin embargo, cada día tocan a nuestra puerta o, de plano se meten en nuestras vidas sin siquiera avisar ni, mucho menos, pedir permiso.

Se trata, también, de las tragedias, las tristezas y los retos que enfrentan los que amamos. De la confusión, el enojo y la impotencia que se apoderan de nuestros cercanos cuando la vida parece ensañarse quitándoles aquello que más aman, que más importante les resulta.

En tales situaciones surgen, dolorosas, preguntas tales como: ¿Qué es lo que permanece en la vida? ¿Hay alguna garantía de bien? ¿Hay alguna posibilidad para la paz, para la felicidad?

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Si Quieres

4 agosto, 2011

Juan 8.1-4

Hubo un hombre que, desanimado por el fracaso de los discípulos de Jesús, le dijo a este: “si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos.” Mr 9.22 La falta de fe de quien duda del poder de Dios parece tener sentido. Está abierta a la posibilidad de la no respuesta pues, después de todo, ni siquiera se está seguro de que Dios efectivamente pueda hacer algo.

Pero hay una pregunta, una duda, que resulta no incrédula, sino dolorosamente crédula. Es la que se hace, y le hace a Dios, quien está seguro de su poder hacer aquello que se necesita, pero duda acerca de su voluntad para hacerlo. Duele saber que Jesús puede, pero no estar seguro de que quiera hacerlo.

El hombre de nuestra historia era un leproso. La lepra es una enfermedad que afecta los nervios, la piel, las extremidades y los ojos de las personas deformándolas. Además, produce insensibilidad al dolor lo que expone al enfermo a lastimarse y aún amputarse sin sentirlo. Aunque no es una enfermedad muy contagiosa, desde la antigüedad ha sido considerada como una enfermedad maldita.

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A los que Viven Siempre Angustiados y Preocupados

11 julio, 2011

Mateo 11.25ss

Quizá la principal dificultad del Evangelio, sea su propia sencillez. De tan sencillo, nos resulta difícil entenderlo y aceptarlo. Dada la complejidad de nuestros problemas, pensamos que la solución de los mismos tiene que ser igualmente compleja y exigimos, nos exigimos, mucho más de lo que tenemos y podemos hacer, y no pocas veces más de lo que Dios mismo espera de nosotros.

Nuestro pasaje nos permite entender mejor el llamado de Jesús. Forma parte de una sección que tiene que ver con la compleja incredulidad de los hombres, para quienes nada parece ser suficiente pues, de todos, modos no creen. Jesús dice que las personas, son como niños que se sientan a jugar y les dicen a los otros: “Tocamos la flauta, pero ustedes no bailaron. Cantamos canciones tristes, pero ustedes no lloraron”. Nuestro Señor Jesús se refiere, entonces, al enfrentamiento entre la fe sencilla –la fe evangélica-, y el complicado camino que, buscando a Dios, recorren quienes no entienden que Dios ya se ha acercado a nosotros en Jesucristo.

Al leer a Mateo, lo primero que nuestro pasaje nos muestra es que Dios ha decidido revelar las cosas más profundas y difíciles a las personas más humildes y sencillas. Dios no juega a las escondidas. Él no quiere permanecer, ni lejano, ni oculto a nosotros. Por el contrario, Dios quiere que lo conozcamos y que establezcamos una relación amorosa, profunda y permanente con él.

La segunda cosa que Mateo nos muestra es que Dios ha escogido revelarse en Jesucristo. Es en Jesús en quien podemos conocer todo lo que necesitamos saber de Dios. Nadie conoce tan bien a Dios, como Jesús mismo. Y, como Dios mismo, Jesús viene a nuestro encuentro. Él es quien nos busca, quien nos provoca a la reconciliación y quien insiste en que permanezcamos juntos. Un viejo himno cristiano nos recuerda esto cuando dice:

Yo te busqué, Señor, más descubrí
que tú impulsabas mi alma en ese afán.
No era yo quien te buscaba a ti.
Tú me encontraste a mí.

Nuestro pasaje también nos muestra que Jesús tiene el propósito de transformar para bien nuestra vida. Esta transformación para bien la identifica como descanso. Es decir, nos transforma dándonos descanso. ¿A quiénes?, a ustedes que viven siempre angustiados, siempre preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar. Descanso, éste es un término interesante, significa básicamente tres cosas:

  1. Permitir a alguien que se detenga en lo que está haciendo, para que recupere las fuerzas.
  2. Proporcionar un refrigerio a la persona, ayudarla a que se desahogue.
  3. Mantener quieta, en calma, en una paciente espera.

Que se detenga en lo que está haciendo, para que recupere las fuerzas. Dicen que es normal en situaciones de crisis el actuar inapropiadamente. Que es normal hacer lo que no conviene, diríamos. En efecto, las crisis además de dolor nos traen confusión y nos hacen torpes. En las crisis, caemos en un activismo sin sentido. Hacemos muchas cosas, sin tomar en cuenta si las mismas son convenientes o no lo son. Nuestra confusión y nuestra desesperación nos llevan a hacer, a hacer más, a hacer mucho. Pero, en no pocas circunstancias, lo que necesitamos es detenernos, dejar de hacer. Para recuperar las fuerzas, para poder dimensionar las cosas que estamos viviendo y, entonces, poder tomar las decisiones adecuadas y hacer lo que conviene. En Jesús encontramos esta dimensión del descanso. Lo podemos hacer cuando sabemos y creemos que él está en control de todo. Que, como asegura el Salmista, el Señor gobierna aún en medio de la tormenta.

Pero, la declaración más importante que hace Jesús es vengan a mí. Lo que nos dice es que el descanso está en él. Más aún, que él mismo es nuestro descanso, nuestra paz. Que se trata de una relación, mucho más que de un aprendizaje, o de un mero arreglar las cosas. Que este venir a él representa un reordenamiento de nuestra vida, mismo que tiene como resultado el equilibrio integral de todo nuestro ser y, aún el de nuestras circunstancias.

No sé cuántos de nosotros podemos considerarnos entre los que viven siempre angustiados, siempre preocupados. Quizá varios. (Entre el 30% y el 40% de las ausencias por enfermedad corresponden a trastornos emocionales o mentales causados por el estrés, nos aseguran los estudiosos). Estoy seguro que hemos buscado… sin encontrar. Aún los que nos asumimos creyentes, sabemos de esta frustración. Por eso es tiempo de que todos nos volvamos a Jesús. Él está vivo e interesado en cumplir su propósito en nosotros. Por eso nos sigue llamando y diciendo: vengan a mí.

Vayamos, entonces, a él. Corramos el riesgo de la fe sencilla. Del que está dispuesto a decirle a Dios: si en verdad existes y de veras me amas, muéstrate a mí. Del que está dispuesto a confesarse trabajado y cargado, sin mayor posibilidad de respuesta que la que le pueda dar el mismo Señor Jesús. Vengamos a él con la fe del que se entrega sabiendo que el Maestro está aquí y te llama, como le dijera Marta a María, cuando esta esperaba el consuelo ante la muerte de su hermano Lázaro. Juan 11.28

Vengamos, pues, a Jesús, porque es cierto que el Maestro está aquí y nos llama para dar a nuestras almas el descanso que tanto necesitamos.