Amor, Amar lo que Dios Ama

Publicado 8 enero, 2012 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Amor cristiano, Amor de Dios, Ágape, Relaciones Humanas

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2 Pedro 1.3-11

Solo el amor hace comprensible a Dios. Es decir, entender las razones que Dios tiene para ser quien es con nosotros y hacer lo que hace en nuestro favor. Si no supiéramos del amor divino, y lo experimentáramos en nuestro día a día, la benignidad, la paciencia y la provisión divinas nos resultarían incomprensibles. Pero, por su gracia, somos amados y este amor nos permite encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de Dios.

Sí, Dios es quién es y actúa como lo hace, por amor. Que lo máximo de Dios es su amor, explica que cuando la Biblia define, describe a Dios, lo hace diciendo: Dios es amor.

Por ello no resulta raro que Pedro establezca como el colmo de la perfección cristiana, el amor. El colmo, según el diccionario, es el punto que razonablemente no se puede superar. Es decir, cuando el creyente añade a su experiencia cristiana el amor, ha llegado al punto donde nada más resulta necesario.

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Navidad, Tiempo y Razón para la Esperanza

Publicado 24 diciembre, 2011 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Agentes de Cambio, Amor de Dios, Esperanza

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Lucas 1.46-55

Jesús, cuyo nacimiento recordamos esta Navidad, es la expresión absoluta del amor de Dios. Pablo dimensiona la calidad y el peso de tal amor al asegurar que cuando el pecado aumentó, Dios se mostró aún más bondadoso. Romanos 5.20 Y es esto lo que celebramos en Navidad, el amor incondicional de Dios, mismo que al obrar en nuestro favor añade, día a día a nuestras vidas, el don inmerecido de la bondad de Dios.

No es posible comprender el significado del nacimiento de Jesús si no nos aproximamos al cántico de María, su madre. Ella hace referencia a una realidad humana caótica, en la que lo bueno ha sido desplazado por lo malo, la opresión ha sustituido a la justicia y la paz ha sido alejada por la violencia. María entiende que el nacimiento del niño Jesús significa la recuperación del orden divino y, por lo tanto, el término del caos personal y social que afecta a las personas.

Desde luego, María canta con el convencimiento de la fe. De hecho, lo único que tiene es la promesa recibida. Pero, se trata de una promesa embarazada, es decir, de una promesa que ya ha empezado a gestarse, a hacerse realidad, en el niño que está por nacer.

En María descubrimos, entonces, el qué y el cómo de la fe. La fe es confianza, pero confianza que se va adquiriendo al reconocer lo que Dios ya está haciendo en nosotros. Podemos decir que Dios no pide a nadie que crea en lo que está por venir, sin que, al mismo tiempo, anima la fe mediante las obras de gracia que realiza en el presente de quien espera.

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Afecto Fraternal, a Favor de los Hermanos

Publicado 18 diciembre, 2011 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Agentes de Cambio, Amor cristiano, Hermanos en la fe, Iglesia, Relaciones Humanas

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2 Pedro 1.3-11

Que sean uno, para que el mundo crea. Fue la oración de Jesús a favor de sus discípulos. Así, el tema de la unidad, la comunión, entre los cristianos se vuelve una cuestión esencial. No puede ser seguidor, discípulo de Cristo, a menos que el creyente se mantenga uno con sus hermanos en la fe.

Ahora bien, resulta obvio que la unidad solo puede darse entre aquellos que son cualitativos, o esencialmente, iguales. Esta igualdad supone el que quienes están en unidad participan de una misma naturaleza, cuestión que, en nuestro caso, es una realidad por la obra redentora de Jesucristo. En él, asegura la Biblia, somos nueva creación y hemos sido injertados en el cuerpo de Cristo, la Iglesia.

Pero, tal igualdad demanda también un principio de aceptación mutua como iguales. Así como el creyente ha sido llamado a la conversión a Cristo, podemos decir que ha sido llamado a la conversión a sus hermanos. A volverse a sus hermanos. Este volverse significa estar inclinados afectivamente a favor de los hermanos en la fe.

La primera consecuencia del pecado fue la separación entre Adán y Eva. Cuando Adán tuvo que explicar a Dios la razón por la que había desobedecido, no dudó en culpar a Eva. Mostrando así que no hay solidaridad en el pecado. Pero no solo ello, el pecado divide esencialmente.

Adán y Eva siguieron viviendo juntos por muchos años después de que fueron expulsados del Edén. Sin embargo, vivieron separados, divididos, hasta enemistados. Con toda seguridad, hicieron alianzas al interior de su familia. Adán con unos hijos, Eva con otros. Así, la enemistad entre los esposos, el distanciamiento entre ellos, afectó a sus descendientes.

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