Tenemos Razón para Celebrar la Navidad

Publicado 17 diciembre, 2011 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Amor de Dios, Navidad

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Lucas 2.14

Basta con abrir los periódicos de este día para confirmar que son bien pocas las razones que tenemos para celebrar en esta temporada navideña. Como si ello fuera poco, cada día aumenta el número de quienes hacen una celebracion culposa de la Navidad. La celebran porque hay que celebrarla, más allá de los desánimos personales, los desencuentros familiares y de los conflictos sociales, económicos y de violencia que se viven.

Quizá una de las razones que explican el desencanto navideño tenga que ver con la perversión de la celebración navideña. Es decir, con el corromper la razón que da sentido a tales fiestas. Contra lo que hemos aprendido, la Navidad no es la época del amor, ni la fiesta para que la familia este junta-unida, mucho menos es la época para dar y recibir regalos.

Navidad es la fiesta que hacemos para celebrar que Dios se hizo hombre en Jesús y todo lo que ello implica y significa. Tal como lo cantaron los ángeles, la razón fundamental para el gozo de la natividad de Jesús es que esta trae la paz divina, la reconciliación de Dios con los hombres y es, por lo tanto, la expresión excelsa de la buena voluntad de Dios para nosotros.

Así, la Navidad antes que ser un asunto entre las personas, es un asunto personal entre Dios y nosotros. En Jesús, Dios ha venido a nuestro encuentro, a decirnos que nos ama y que está comprometido en nuestra regeneración integral.

Dios nos ama. Por lo tanto, Dios quiere estar en comunión con nosotros. No sólo quiere estar en acuerdo con cada uno de nosotros, sino que quiere liberarnos del poder del pecado y restaurar en nosotros lo que el pecado nos ha quitado.

El amor que celebramos en la Navidad, esa buena voluntad para con los hombres es, sobre todo, un amor incondicional. Dios nos ama… incondicionalmente. Es decir, sin limitaciones ni condiciones. Su amor no es fruto de lo que somos ni de lo que hacemos. Es, simplemente, la expresión de su buena voluntad, de su inclinación favorable a nosotros.

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Piedad, Devoción a las Cosas Santas

Publicado 10 diciembre, 2011 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Agentes de Cambio

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2 Pedro 1.3-11

Deseo de Dios. Tres palabras que bien pueden describir el sentido de la piedad, de la devoción a las cosas santas. El hombre ha sido diseñado para ser piadoso, para tener sed de Dios. Como bien dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar.

El pecado, sin embargo, endurece el corazón del hombre y provoca que este pierda la sensibilidad espiritual que da lugar al hambre de Dios. Mientras más se aleja de Dios, menos es la necesidad sentida del ser humano respecto de Dios. No es que quien se aleja de Dios lo necesite menos, sino que, por su pecado, pierde la conciencia y con ella la capacidad para experimentar el vacío de Dios en su corazón.

La disminución del deseo de Dios no significa, necesariamente, ni la ausencia de fe, o de la virtud, ni del conocimiento o el dominio propio, ni siquiera de la paciencia. En efecto, se puede, por ejemplo, hacer el bien (añadir paciencia), sin que ello implique que la persona ha hecho de Dios el bien fundamental, o más preciado de su vida. En efecto, podemos vivir bien, sin que ello signifique que estamos abundando en la relación personal e íntima con Dios.

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Paciencia, Perseverar Haciendo el Bien

Publicado 3 diciembre, 2011 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Paciencia, Relaciones Humanas

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2 Pedro 1.3-11

«Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.» Bertolt Brecht.

Si Pedro y el poeta Bertolt Brecht, se hubieran conocido, se habrían llevado bien. Ambos comprendieron a cabalidad el significado toral de la palabra paciencia: perseverar haciendo el bien. Esta es una comprensión del sentido bíblico del término paciencia: un sentido activo, no meramente pasivo. Para nuestra sorpresa, la paciencia tiene que ver más con el hacer que con el padecer, esperar o tolerar resignadamente.

Como hemos visto, cada uno de los añadidos propuestos por Pedro en nuestro caminar cristiano, dimensiona al anterior. Si el dominio propio es la capacidad para hacer el bien, luego entonces, el cristiano es llamado a permanecer haciendo lo bueno. Es decir, el cristiano es llamado a añadir a su capacidad para hacer el bien, la disposición para hacerlo de manera constante, permanente. Sin importar las circunstancias y/o alternativas que la vida le ofrezca.

La constancia en el camino cristiano es uno de los temas centrales de la fe. La razón es sencilla, el éxito o fracaso del creyente no son determinados por su capacidad o falta de ella en asuntos de fe y fidelidad. De hecho, siguiendo a Pedro, el creyente ha recibido todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad. Como hemos visto, esto significa que, por Cristo, hemos recibido de Dios la capacidad para ser y hacer lo que es propio del hombre nuevo. Por lo tanto, el triunfo no depende de si podemos o no podemos ser fieles, sino del grado en que permanecemos siéndolo y de la permanencia de nuestro fruto en Cristo.

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