Archive for the ‘Muerte’ category

Enséñanos a entender la brevedad de la vida

18 marzo, 2018

Salmo 90.12

Eva EstradaSi podemos contar los días es porque estos son pocos y limitados, se acaban. Por ello es por lo que los días, y sobre todo los días de los que amamos, nunca sobran, siempre son pocos. Mi padre murió antes de que mis ojos se llenaran de él, dijo un hombre joven. Eva Estrada bien pudo, debió, vivir muchos días más. Aunque, pensándolo bien, me temo que todos los que viviera no habrían sido, ni siquiera parecido, suficientes. Pero, ella que se distinguió por su generosidad nos deja algo más, la oportunidad de reflexionar en voz alta sobre lo que implica el que los días sean pocos y tengan límite.

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Separados de Mí, Nada

14 julio, 2013

En memoria de Carmen Martínez Contreras

Juan 15.1-11

Ante la realidad impactante de la muerte nada mejor podemos hacer que ocuparnos de la vida. Desde luego, se trata de hacer memoria de la vida de quienes nos han dejado, como es el caso de Carmen. Pero, mejor aún, se trata de hacer consciencia del sentido y la razón de la vida misma.

Carmen vivió con el santo de espaldas. Su vida fue una sucesión de pérdidas, de sus seres amados, de su salud, de su estabilidad económica, etc. Desde luego, ello implica que su carácter se haya perfilado de tal forma que, de muchas maneras, se encontró sola y aislada. Le resultaba difícil compartir la vida y a quienes estaban a su lado no siempre les resultaba fácil comprenderla. No obstante, en Carmen encontramos elementos que nos ayudan a la mejor comprensión del cómo y el para qué de la vida.

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¡He Visto al Señor!

24 abril, 2011

Hoy la cristiandad celebra la resurrección de Jesús. La pasión y muerte de Jesús no tienen sentido sino a la luz de su resurrección. Es la resurrección la clave, el acontecimiento que da sentido y significado, al dolor y al fracaso presentes en la cruz. El Apóstol Pablo dice: “Si… Cristo no resucitó… vana es nuestra predicación y vana la fe que en Dios hemos depositado… Si el ser cristianos nos fuera de valor sólo en esta vida, somos los seres más desgraciados del mundo”. 1 Corintios 15.13ss

Si la resurrección es la clave que nos permite entender la pasión y la muerte, estas son los elementos que dan sentido a la resurrección. Parecería una perogrullada decir que, “no hay resurrección que no sea precedida de la muerte y del fracaso”.

El Drama de la Crucifixión

Alrededor de la pasión y muerte de Jesús encontramos una serie de crisis de crecimiento que son valiosas para nosotros y nuestro caminar:

María y las otras mujeres. Jesús, en su trato cotidiano, hizo por las mujeres algo que nadie había hecho por ellas: les dio esperanza. Jesús mismo representaba la posibilidad de una posición nueva ante la vida y los demás. Dignidad, respeto, aprecio. Lo siguieron sin comprenderlo. El caminar termina “al pie de la cruz”, “mirando de lejos” dice Marcos. Cristo la razón de su esperanza es el principal argumento de su fracaso. Lo que Cristo no hace por sí mismo se traduce en la pérdida propia de aquellas mujeres. Juan 19.25

Tomás, el valiente incrédulo. Siempre hemos criticado a Tomás y lo usamos para simbolizar nuestra propia incredulidad. Pero, ¿nos hemos preguntado el por qué de la incredulidad de Tomás? Tomás creyó en Jesús, por eso le siguió… hasta Jerusalem. Fue fiel y animoso, aún cuando no entendía. “Muramos con él”, había dicho. ¿Cómo no ser incrédulo de quien había roto su confianza y lo había dejado solo? Las crisis se viven en distintos grados. Diez estaban reunidos después de la muerte de Jesús. ¿Dónde estaba Tomás? ¿Por qué no lo había ido a buscar? Su “sólo creeré si veo las heridas”, ¿era la respuesta de quien se siente reprochado por sus propios hermanos? Juan 14.5; Juan 11.16

Pedro, el defensor cobarde. Protector de la vida y del buen nombre de Jesús. El que deja todo por seguir a Jesús y descubre que, de seguir siguiéndolo, tendría que pagar el precio último, el de su propia vida. ¿Cómo seguir a quien llegó al final del camino? ¿Por qué confesar a quien está perdiendo la vida? ¿Cómo no renegar de quien no hace por sí mismo? Juan 20. 17ss; Marcos 16.6-7

En la cruz del calvario murió Jesús. Pero al pie de esta, o a lo lejos, y más lejos, hubo muchas más muertes: las de la fe, la confianza y la esperanza de sus discípulos. Paradójicamente, mientras resucitaban muchos que no tenían nada que ver con Jesús; sus seguidores padecían hasta la muerte.

Las Celebraciones de la Resurrección

Nuestra fe en Jesús no es vana; ni siquiera cuando hemos perdido la esperanza, la fe misma, o cuando lo hemos negado. Nuestra fe sigue contando gracias a la realidad esplendorosa de la resurrección.

María, mensajera. No es María la madre de Jesús la mensajera de la resurrección. Es “aquella María”, quien, perdida la esperanza representada por el Jesús vivo, acude al sepulcro a perfumar el cadáver putrefacto de su Maestro. Es esta mujer, llorosa y confundida, la que se convierte en portadora del mensaje de vida: “Ve, busca a mis hermanos y diles que subo a mi Padre y al Padre de ustedes, a mi Dios y al Dios de ustedes”. “Quiero que le digan a Pedro y a los demás discípulos que Jesús va delante de ellos a Galilea. Allí lo verán como les dijo”. María se convirtió, entonces, en “la que había visto al Señor”. Jn 20.18 NVI

Tomás, el visionario. La observación de Jesús: “Has creído porque me viste. ¡Benditos los que sin verme han creído!”, nos distrae de la declaración de Tomás: “Señor mío y Dios mío”. ¿Recuerdan a los discípulos? “Hemos visto al Señor”. “Nosotros, hemos visto al Señor”. Tomás, el incrédulo, ve lo que ellos no ven: en Jesús ve a Dios mismo. A veces el fracaso, la huida, resulta una especie de colirio espiritual. Dejamos de ver para poder ver. Es la realidad presente del resucitado el elemento refundador de nuestra fe. Jn 20.28

Pedro, el que amaba más que los demás. Jesús no deja pasar la oportunidad de recordarle a Pedro su traición: una fogata y una pregunta que se repite tres veces. Lo acorrala. Lo lastima porque quiere sacar lo que está en el fondo. No busca razones, explicaciones o disculpas. Quiere saber si Pedro lo ama “más que los demás”. La resurrección pone las cosas en su lugar. Un riesgo calculado de Jesús es la negación circunstancial de los suyos. Esta le lastima pero no lo atrapa. Él está seguro de que detrás y a pesar de la negación, vive un amor único. ¿Me amas como nadie más me ama?

La celebración petrina incluye a todas las otras. La resurrección de Jesús viene a poner en eminencia el elemento fundamental del amor. El seguimiento de Jesús no consiste en la mera perseverancia de la confianza, de la fe o de la convicción. Reclama la perseverancia del amor. Jn 21.15ss

En Conclusión

En la resurrección de Jesús celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, sí, pero, sobre todo celebramos el triunfo del amor. Del amor de Dios, ciertamente; pero también el triunfo de nuestro amor por él. Amor que permanece en la fe y en la desesperanza, en la convicción y en la duda, en la defensa y en la traición. Gracias al poder de Dios en Jesús, su amor recrea la vida, la fe y la esperanza.