Archive for the ‘Agentes de Cambio’ category

El Poder de la Mujer Necia

10 febrero, 2013

Proverbios 14.1

Uno de los énfasis del ministerio de CASA DE PAN es el reconocimiento de la plena dignidad de la mujer, creada en igualdad con el hombre, a imagen y semejanza de Dios. Consecuentemente, uno de los temas recurrentes de nuestra enseñanza es la denuncia de la opresión de la mujer, como una práctica que Dios aborrece. Sin embargo, ahora debemos recordar que el hecho de que a las mujeres se les discrimina, explota y se abusa de ellas, no deja de lado otro hecho igualmente importante: las mujeres necias destruyen su casa con sus propias manos.

Sí, hay mujeres necias y estas destruyen sus hogares. La figura utilizada por el proverbista es de por sí interesante, dice que las mujeres necias destruyen sus casas con sus propias manos. Esta figura implica tanto una determinación (conciente e inconciente), como un proceso. Hay mujeres que destruyen sus hogares de una vez por todas: son infieles, abandonan el hogar, etc. Estas mujeres son impulsivas, torpes, ignorantes. Pero, no pasa así con las mujeres necias, estas van quitando ladrillo a ladrillo, enfocando sus esfuerzos de destrucción con serenidad, paciencia y determinación. Aunque son movidas por sentimientos profundamente arraigados de insatisfacción, frustración y enojo, mantienen la cabeza fría y se ocupan pacientemente en su tarea destructiva.

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La Vida es un Don

27 enero, 2013

Mateo 16.21-27

La vida es un don. Primero, porque es un privilegio extraordinario el tener vida, existir. También lo es porque, para los seres humanos, la vida es mucho más que energía, fuerza, aliento. A esto, que los hombres comparten con los animales y las plantas, las personas agregan el privilegio de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. Además de que la vida da a mujeres y hombres la oportunidad de vivir en comunión con el Señor.

Vale la pena caer en el lugar común y asegurar que la vida es bella. Dios, a quien puede considerarse “hombre céntrico”, ha creado todas las cosas en función del hombre. La belleza de la Creación no solo refleja el carácter de Dios, sino que tiene como objetivo el enriquecer a los seres humanos, animar en ellos el gusto por, y el cultivo de, lo bueno y lo bello. Además, lo que Dios ha creado acompaña al hombre, brindándole la oportunidad de ser, él mismo, co-creador con el Señor de la Creación.

Este, quizá, sea uno de los dones aparejados al de la vida que más valioso resulta: las personas tienen la capacidad de producir, de re-crear, a partir de lo que Dios ha hecho y así, valga la pretensión, contribuir al enriquecimiento de lo que Dios ha creado.

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Pueblo Santo y Amado por Él

6 enero, 2013

Colosenses 3.12-15

Una de las características de las comunidades cristianas evangélicas en México durante los primeros sesenta años del Siglo pasado fue su tendencia a la evasión. Al convertirse, los cristianos querían huir del mundo. Para ello desarrollaron estrictos códigos de conducta que tenían que ver con lo que vestían, lo que comían y bebían, así como con sus prácticas de diversión y entretenimiento social. Paradójicamente, al correr del tiempo y debajo de todos esos énfasis, se ha hecho notorio que, en cuanto a sus valores y su sentido de misión, la comunidad cristiana evangélica ha hecho suyos, cada vez más, la cultura, los valores y los modelos de vida de lo que la Biblia denomina como este siglo.

El individualismo, la búsqueda del placer como la razón de la vida y la compulsión por la prosperidad material son las razones que, en no pocos casos, animan el desarrollo de una fe seudocristiana que pretende justificar tales valores y hacer posible el cumplimiento de las expectativas que les acompañan. Así, se sirve a Dios de manera egoísta (procurando el beneficio personal), la felicidad se convierte en el punto de referencia de las decisiones y acciones, al mismo tiempo que el éxito de la vida se mide en función de lo que se tiene y no de lo que se es. Dada esta realidad, cada vez más los cristianos se asemejan a los incrédulos, independientemente de cómo vistan, de qué coman y beban y del cómo se diviertan. Al hacer suyos los valores de la cultura de este siglo, pierden su identidad como discípulos de Cristo y viven como los que no tienen esperanza.

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