Posted tagged ‘Mujeres’

Dios y las mujeres

19 mayo, 2019

FlyerMaker_10052019_141206 1Por lo que sé, ser mujer es una experiencia inigualable. Conlleva los más grandes privilegios del ser humano, y los más crueles menosprecios. La mujer es al mismo tiempo eje que convoca: a la vida, a los hombres, a la familia; y es también la extraña, a la que, cuando conviene, se le margina, se le ignora, se le usa.

Desafortunadamente, este desigual trato a las mujeres se justifica con una particular interpretación del mensaje bíblico. La mujer, nos dicen, es segunda, va después del hombre, al ser formada del hombre es menos que el hombre. Además, la mujer tiene la culpa de que el pecado haya marcado a la humanidad, pues ella engañó a Adán. Finalmente, la mujer es un ser emocional, con poca capacidad para pensar racionalmente, por lo que es necesario que esté bajo el cuidado –y la consecuente subordinación-, del hombre. La mujer no puede ser persona, si no cuenta con la compañía y la cobertura masculina, dirían algunos.

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esposa, madre, Mujer

17 mayo, 2015

Lucas 13.34

Nunca será suficiente lo que se diga en reconocimiento a las madres. Ellas encierran el misterio de la vida misma y son, junto con Dios, co-creadoras de la humanidad. De distintas maneras y, siempre animadas por su amor, forman y deforman a los hijos. Detrás de cada una de sus acciones, aún detrás de aquellas que puedan confundir y doler, está siempre presente el propósito de que la vida de sus hijos sea, si no mejor, sí diferente a la de ellas mismas.

Como sabemos, existe un menosprecio a las mujeres que hacen de la maternidad la tarea principal de su vida. Tener, educar y formar hijos parece una tarea menor, por lo tanto, no significativa. Para muchos, los hijos parecieran ser una carga, un obstáculo en la búsqueda de la realización femenina. Personalmente pienso que quienes así piensan están equivocados. Creo firmemente que no hay tarea más trascendente, importante y valiosa que la de traer al mundo hombres y mujeres que impacten y transformen a la sociedad. Como creyente, considero que no hay nada más grande que tener y formar hijos que, temerosos de Dios, se sepan llamados y capaces de transformar a los hombres y mujeres que les rodean, con el poder del evangelio de Jesucristo.

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Ser mujer a la luz de la fe

8 marzo, 2015

FE Y FAMILIA

Ana Delia Macías

Para empezar a compartir el tema que me corresponde comenzaré por definir la palabra fe. Fe del latín “fides” significa confiar. En la Biblia la fe se define en el libro de Hebreros 11:6 como “La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”

Familia. Es la célula básica en la cual los seres humanos adquieren los primeros rasgos para el desarrollo del carácter y de la identidad personal, así como los hábitos y los valores que determinarán en un inicio, su pensamiento y su desarrollo social.

Dada la realidad que en la actualidad vivimos en donde las familias no siempre están conformadas por el padre, la madre y los hijos sino que a veces está ausente el padre o la madre y en otras son los abuelos o tíos los que llevan la responsabilidad y guianza de la misma, habré de referirme a padres o tutores indistintamente en mi reflexión.

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El Poder de la Mujer Necia

10 febrero, 2013

Proverbios 14.1

Uno de los énfasis del ministerio de CASA DE PAN es el reconocimiento de la plena dignidad de la mujer, creada en igualdad con el hombre, a imagen y semejanza de Dios. Consecuentemente, uno de los temas recurrentes de nuestra enseñanza es la denuncia de la opresión de la mujer, como una práctica que Dios aborrece. Sin embargo, ahora debemos recordar que el hecho de que a las mujeres se les discrimina, explota y se abusa de ellas, no deja de lado otro hecho igualmente importante: las mujeres necias destruyen su casa con sus propias manos.

Sí, hay mujeres necias y estas destruyen sus hogares. La figura utilizada por el proverbista es de por sí interesante, dice que las mujeres necias destruyen sus casas con sus propias manos. Esta figura implica tanto una determinación (conciente e inconciente), como un proceso. Hay mujeres que destruyen sus hogares de una vez por todas: son infieles, abandonan el hogar, etc. Estas mujeres son impulsivas, torpes, ignorantes. Pero, no pasa así con las mujeres necias, estas van quitando ladrillo a ladrillo, enfocando sus esfuerzos de destrucción con serenidad, paciencia y determinación. Aunque son movidas por sentimientos profundamente arraigados de insatisfacción, frustración y enojo, mantienen la cabeza fría y se ocupan pacientemente en su tarea destructiva.

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Los Derechos de las Mujeres

5 octubre, 2009

Pastor Adoniram Gaxiola

Los derechos de las mujeres son derechos naturales. Es decir, son derechos propios a su condición de ser humanos. No les son otorgados, ni ellas tienen que ganarlos. Dado que las mujeres son, entonces tienen derechos. Desafortunadamente, en nuestra cultura no se honra este principio. A las mujeres se les regatean sus derechos. En su condición de mujeres se les exige un doble esfuerzo, una actitud agradecida y el cumplimiento de muchos, muchos, méritos, para que, finalmente, se les reconozcan algunos derechos.

Esto sucede “hasta en las mejores familias”. Los hombres han sido formados con una actitud complaciente hacia las mujeres. Aún los que, en apariencia, no violentan los derechos de las mujeres, en no pocos casos son movidos por la idea de que son ellos los que dan, los que permiten, los que ayudan. En muy pocos casos están los hombres capacitados para reconocer a las mujeres como sus iguales, sin verse o sentirse en riesgo ante ellas.

Lo malo es que no son pocas las mujeres que piensan igual de sí mismas. Viven esforzándose para ganarse el derecho a ser, a ser tomadas en cuenta, a ser respetadas. Ellas mismas, conciente e inconcientemente, se repliegan y renuncian a sus derechos. Aún cuando se lamentan por ser marginadas, ellas mismas contribuyen al despojo de su dignidad, de su integridad y de su libertad.

Hay dos declaraciones bíblicas que ayudarán tanto a los hombres como a las mujeres que estén interesados en descubrir y transitar por los principios eternos que garantizan relaciones más sanas, satisfactorias y productivas entre los hombres y las mujeres.

La primera declaración la hace el mismo Dios, en Génesis 1.26-28: “Llenen el mundo y gobiérnenlo”, les dice a Adán y a Eva. La declaración incluye dos principios que trascienden cualquier cultura y forma de pensar. Ambos principios se sustentan en el derecho que Dios otorga en un plano de igualdad tanto al hombre como a la mujer. Derecho es: “la facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor, o que el dueño de uno cosa nos permite en ella”. Dios, el dueño de todo lo creado, ha otorgado tanto a la mujer como al hombre, la facultad de hacer o exigir todo aquello que él ha establecido en su favor. De acuerdo con el pasaje bíblico, esta facultad (capacidad), tiene que ver con “llenar el mundo y gobernarlo”. En el “llenar el mundo”,  encontramos un principio de plenitud. Mujer y hombre tienen el derecho a la plenitud: tanto a ser plenos, como a generar plenitud. Es decir, no hay límites para ellos dentro de la Creación. Lo que ellos se propongan alcanzar les es propio.

En segundo lugar, encontramos un principio de gobierno, de autoridad. Ambos están facultados para hacer aquello que les es propio… en igualdad de autoridad. Es decir, ni la mujer tiene que pedir permiso al hombre, ni este tiene que hacerlo con la mujer. No existe, de entrada, un principio de subordinación jerárquica. En un plano de igualdad lo que se hace necesario es el acuerdo entre iguales.

Aquí conviene destacar que el primer derecho de la mujer es ser lo que ella es. En el entorno familiar se tiene la responsabilidad de acompañar a las mujeres en la búsqueda y definición de su propia identidad, de su individualidad. Los familiares deben respetar los espacios de las mujeres, desde niñas, y contribuir al desarrollo de su potencial biótico; es decir, de su capacidad innata para ser y alcanzar lo que se propongan.

Lo que la mujer es, igual que en el caso del hombre, está determinado por el desarrollo de su propia visión. En un complejo proceso, lleno de dolor y de aventura, los seres humanos maduramos. Desarrollamos nuestro carácter identificando aquellas peculiaridades que nos son propias: deseos, habilidades, inquietudes, el llamado, la vocación, etc. Conforme nos vamos conociendo a nosotros mismos podemos mirar hacia el futuro. Podemos ver desde aquí el allá. Derecho de las mujeres es el compromiso de los suyos para que, desde pequeñas, cuenten con los recursos para conocerse a sí mismas y poder engendrar y tejer sus sueños, su visión de sí mismas.

Engendrar, en cuanto contar con los elementos de información, formación y fortalecimiento que les permitan hacer elecciones adecuadas y oportunas. Tejer, en cuanto se les apoye y acompañe en el cumplimiento de las tareas y etapas que les permitan alcanzar lo que se han propuesto. Tienen derecho, las mujeres, a contar con los recursos espirituales, intelectuales, afectivos, materiales y económicos que les permitan realizar la doble tarea de engendrar y tejer sus sueños.

La segunda declaración la encontramos en labios de Pedro, el pescador: “dando honor a la mujer como a vaso más frágil,  y como a coherederas de la gracia de la vida”. 1 Pedro 3.7. “En México, el 70% de las mujeres aseguraron sufrir violencia por parte de su pareja.” Abuso físico, sexual, emocional, económico, moral. El abuso de la mujer es cimiento y expresión de nuestra cultura hedonista, de la doctrina que proclama el placer como el fin supremo de la vida. En efecto, en esta cultura de pecado, la mujer ha sido convertida en un objeto de placer y, al mismo tiempo, en un instrumento para el confort del hombre. La mujer, se piensa, tiene la responsabilidad de satisfacer al hombre tanto directa como indirectamente. Por lo tanto, la mujer debe vivir en función de, y para el servicio del hombre. De ahí que se le niega el derecho a ejercer su voluntad, a satisfacer de manera prioritaria sus necesidades y, sobre todo, a decir no a las exigencias explícitas e implícitas del hombre. No siempre tales abusos se expresan de manera explícita y grosera, en no pocos casos se manifiestan de manera socarrona y aún sutil. Pero no importa el empaque, toda violación a la dignidad de la mujer es violencia.

La mujer tiene el derecho a ser tratada dignamente, con honor. En la cultura bíblica este derecho tiene un doble sustento: primero, porque se considera a la mujer como un vaso más frágil. La expresión es difícil de comprender, pero el término usado por Pedro puede ayudarnos. Significa tanto débil, como enfermo. Luego entonces, podemos asumir que la mujer ha sido debilitada por la cultura de pecado. Tanto dentro de las estructuras familiares, como de las sociales. La mujer ha venido a ser lo que no era cuando fue creada en igualdad con el hombre: débil y enferma en su carácter, en sus capacidades, en su facultad para ejercer el gobierno de sí misma y en la Creación. Por ello los hombres, sus esposos, les debemos un trato deferente, no áspero.

Pero, hay una segunda razón para que la mujer sea tratada con honor por su esposo: ella es coheredera de la gracia de la vida. Lo que la cultura de pecado ha hecho a la mujer no ha sido capaz de despojarla de su dignidad creacional. Sigue siendo igual al hombre, sigue siendo coheredera junto con el hombre. El hombre que menosprecia a su mujer está declarando su menosprecio a sí mismo. El hombre que ama a su mujer, como Cristo ama a la Iglesia, se ama a sí mismo y entonces puede reconocer la dignidad, el honor, de su mujer y actuar en consecuencia.

Preguntas para reflexión

¿Cuáles son las violaciones a los derechos de las mujeres en mi familia?

¿De qué manera y qué áreas resulta menos fácil respetar la dignidad de la esposa, la madre, las hermanas, dentro de mi familia?

¿Qué cosas concretas podemos hacer para respetar el derecho de las mujeres de la familia a ser ellas mismas y a ser tratadas con honor?

Hablemos de la Mujer Necia

22 septiembre, 2009

Uno de los énfasis del ministerio de CASA DE PAN es el reconocimiento de la plena dignidad de la mujer, creada en igualdad con el hombre, a imagen y semejanza de Dios. Consecuentemente, uno de los temas recurrentes de nuestra enseñanza es la denuncia de la opresión de la mujer, como una práctica que Dios aborrece. Sin embargo, ahora debemos recordar que el hecho de que a las mujeres se les discrimina, explota y se abusa de ellas, no deja de lado otro hecho igualmente importante: las mujeres necias destruyen su casa con sus propias manos. Proverbios 14.1

Sí, hay mujeres necias y estas destruyen sus hogares. La figura utilizada por el proverbista es de por sí interesante, dice que las mujeres necias destruyen sus casas “con sus propias manos”. Esta figura implica tanto una determinación –conciente/inconciente-, como un proceso. Hay mujeres que destruyen sus hogares de una vez por todas: son infieles, abandonan el hogar, etc. Pero, no pasa así con las mujeres necias, estas van quitando ladrillo a ladrillo, enfocando sus esfuerzos de destrucción con serenidad, paciencia y determinación. Aunque son movidas por sentimientos profundamente arraigados de insatisfacción, frustración y enojo, mantienen la cabeza fría y se ocupan pacientemente en su tarea destructiva.

Aún cuando el término necio se refiere a quien es ignorante, en el contexto bíblico adquiere una dimensión más profunda. Necio, necia, es quien rechaza la sabiduría; quien, convencida de su propio saber, no está dispuesta a considerar otras razones. En el NT, el término “necio” se refiere a quien hace caso omiso de la voluntad de Dios. Es decir, ser necio no significa necesariamente, ser ignorante, no saber. Necio es quien se niega a reconocer lo verdadero, lo bueno, lo conveniente. Así, el sustento de la necedad es la soberbia, el ser sabio en su propia opinión.

Tres son las características que distinguen a los necios, hombres y mujeres:

1. Han dejado de crecer espiritual, intelectual y emocionalmente. No están interesados en aprender nuevas cosas, con lo que saben o creen saber les basta.

2. Son superficiales y sus conversaciones lo evidencian. Hablan mucho y dicen poco. Se ocupan de cosas sin importancia y las convierten en lo importante de sus vidas: modas, deportes, chismes, etc.

3. Se vuelven obsesivos, casi monotemáticos. Solo hablan de unos cuantos temas. Por lo general, se ocupan de cuestiones que resaltan sus aciertos y destacan los errores de los demás.

Las mujeres necias se distinguen además porque minimizan sus propias faltas y las consecuencias de las mismas. Prov 14.9 También por ser contenciosas. Prov 20.3 Es decir, porque son dadas a mantenerse trabadas en algún tipo de conflicto. Todos conocemos a mujeres que sin importar la razón de la desavenencia o discusión, terminan reclamando lo mismo de siempre: dinero, errores del marido, carencias, etc. Son licenciosas; se dan permiso de decir y hacer, o dejar de hacer, lo que conviene a sus intereses personales, son desconsideradas. También se distinguen porque desprecian la sabiduría y la disciplina. Prov. 1.7

Hemos dicho que la mujer necia destruye su casa “ladrillo a ladrillo”. Este es un proceso que generalmente incluye los siguientes elementos:

Menosprecio del esposo. Cuando las relaciones de pareja dejan de ser satisfactorias se hacen evidentes las distintas razones de frustración, tanto del hombre como de la mujer. En no pocos casos, se tiende a hacer al otro responsable de las frustraciones propias. En el caso de las mujeres necias podemos advertir un proceso que es causa y efecto de tales frustraciones. Primero, la mujer se decepciona del marido, con razón o sin ella; después, lo adjetiva, o sea lo identifica con las conductas que le critica. V.gr. “eres un irresponsable”. En tercer lugar, conciente e inconcientemente busca vengarse de él. Como se asume engañada, decepcionada, considera que tiene el derecho a cobrarse por los daños recibidos. Así, se vuelve cada vez más intolerante y perseguidora. Cada vez más dada al juicio fácil y parcializado.

Cambio unilateral y parcializado de roles. Cada pareja decide, conciente e inconcientemente, cuáles son los roles o funciones que toca desempeñar a cada quién. Aún las parejas disfuncionales acuerdan lo que toca hacer a cada quién. Sin embargo, la necedad lleva a cambiar unilateral y parcialmente tales roles. Unilateral, porque no se trata ya de acuerdos. Por ejemplo, hay mujeres que quitan ladrillos dejando de ocuparse de tareas tales como la preparación de los alimentos, el cuidado de la ropa, el pago de los servicios de la casa, etc. Dejan de hacerlo no obstante que existía el acuerdo, explícito e implícito, de que a ellas tocaba cumplir con tales cuestiones. Es un cambio parcial porque, en no pocos casos, el cambio de roles tiene un destinatario: el marido. Así, la mujer sigue atendiendo como siempre a los hijos, pero cambia la calidad de su atención al esposo.

Un espacio de la relación de pareja en el que esto se hace más evidente es el que tiene que ver con la sexualidad. Recuerdo a un hombre quien, en un taller para parejas, exclamó de repente: “ya ni siquiera quiere tener relaciones conmigo”.  Hay una rara mezcla de espiritualidad y menopausia, pues no pocas mujeres necias justifican su cambio de actitud en cuestiones sexuales, asegurando que siendo espirituales, no necesitan de las cosas de la carne. Lo interesante es que este tipo de descubrimiento se da, generalmente, cuando llegan a la menopausia.

Desapego emocional y afectivo. El diccionario define el desapego como [la] falta de afición o interés, alejamiento, desvío. Así, cuando hablamos de desapego emocional y afectivo nos referimos a esa toma de distancia que toman las mujeres necias respecto de sus esposos. Cuando dejan de sentir con ellos y dejan de sentirse inclinadas a favor del marido. Suele suceder que, cegadas por su frustración, dolor o cansancio, olvidan la importancia de seguir siendo una con su marido. Y, por cierto, llegan a menospreciar y hasta a burlarse de quienes, como José Abellán escribía a su esposa: ”Como todo ser humano, yo necesito sentirme querido y en el ambiente actual que se vive en nuestra casa, no me siento ni querido ni respetado ni valorado. Necesito que me necesiten; y no sólo para soltar dinero…

Recordando lo que eran y lograron estando solteras, no pocas mujeres necias hacen gala de que ellas no necesitan a nadie, que son suficientes para sí mismas y que, por lo tanto, pueden permanecer solas… aunque sigan durmiendo en la misma cama con su marido.

Proverbios 14.1, habla de casas que se construyen o destruyen. Reconoce a la mujer una capacidad que en toda la Biblia no se reconoce a los hombres: la mujer puede construir su casa, o destruirla. Por ello es que yo animaría a las mujeres que han optado por el camino de la necedad a que vuelvan sobre sus pasos. A que escojan ser mujeres sabias, pues optar por la sabiduría les permitirá construir y aún reconstruir sus casas.

Hay casas que pueden ser remodeladas y otras que necesitan ser derrumbadas para construir una mejor sobre el mismo terreno. Las mujeres que han sido lastimadas por sus maridos deben saber que hay lugar para la esperanza. Que el bien vence al mal. Así, si ellas se vuelven al Señor, él reconstruirá sus propios muros derribados por la negligencia de sus maridos. Y siendo ellas regeneradas, podrán ejercer el poder que Dios les otorga y reconoce y contribuir a la construcción y reconstrucción de sus hogares.

En última instancia, las mujeres sabias no permiten ser destruidas por el mismo mal que está destruyendo sus casas. A los errores de sus maridos, contraponen el ejercicio del perdón. Ante la escasa sabiduría de sus hombres, ellas claman a Dios quien les enseñará cosas grandes y dificultosas que, por ahora desconocen. Ante el desánimo que les embarga, ellas enfrentan la confianza que se alimenta de la comunión con su Señor. Y ante la atracción de la necedad, ellas recurren al ejercicio del perdón como el instrumento que las libera del poder de sus emociones, y del de las heridas que sus maridos les han causado.

Sí, hay mujeres necias y estas destruyen sus hogares, hemos dicho. Pero, ni todas las mujeres son necias; ni las mujeres necias tienen que seguir siéndolo. Nuestras familias necesitan de la sabiduría de sus mujeres. Nuestras iglesias necesitan de la sabiduría de las mujeres. Nuestra sociedad toda necesita de la sabiduría de las mujeres. Entonces, mujeres que leen esto, ¿no creen que sea tiempo de que privilegiemos la sabiduría y confiemos en la gracia divina?

Vale la pena que, como tarea, mujeres y hombres recordemos que a la mujer sabia: “Sus hijos la llaman bienaventurada, y su marido también la alaba”. Prov 31.28