Posted tagged ‘Sentido de la Vida’

Setenta son los años que se nos conceden

26 agosto, 2018

Salmos 90.10

Hablemos de las cosas de la vidaLa Biblia mide la vida en días. Estos son las etapas que hacen la vida. Uno a uno, paso a paso, los días van haciendo el todo de la vida. Aún, Dios mismo vive y actúa día a día. Las referencias bíblicas al respecto son muchas y muy interesantes. No sólo se indica que creó al mundo en seis días, sino que el profeta Daniel llama a Dios, el Anciano de días. Daniel 7.22 El término usado por Daniel resulta de por sí interesante. De acuerdo con Strong, se trata de un espacio de tiempo que adquiere su sentido por un elemento común. En este caso, el elemento que da sentido a la expresión de Daniel es la obra que Dios mismo realiza.

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La razón, el sentido, de la vida

15 enero, 2017

Mateo 16.21-27

La vida es un don. Primero, porque es un privilegio extraordinario el tener vida, existir. También lo es porque, para los seres humanos, la vida es mucho más que energía, fuerza, aliento. A esto, que los hombres comparten con los animales y las plantas, las personas agregan el privilegio de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. Así que la vida da a mujeres y hombres la oportunidad de vivir en comunión con el Señor.

Vale la pena caer en el lugar común y asegurar que la vida es bella. Dios, a quien puede considerarse “hombre céntrico”, ha creado todas las cosas en función del hombre. La belleza de la Creación no solo refleja el carácter de Dios, sino que tiene como objetivo el enriquecer a los seres humanos, animar en ellos el gusto por, y el cultivo de, lo bueno y lo bello. Además, lo que Dios ha creado acompaña al hombre, brindándole la oportunidad de ser, él mismo, co creador con el Señor de la Creación. Este, quizá, sea uno de los dones aparejados al de la vida que más valioso resulta: las personas tienen la capacidad de producir, de re-crear, a partir de lo que Dios ha hecho y así, valga la pretensión, contribuir al enriquecimiento de lo que Dios ha creado.

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Identidad en Cristo, clave del sentido de la vida

10 enero, 2016

Efesios 2.10

Volvemos a uno de los pasajes más reveladores del sentir de Dios acerca de nosotros. Desde el contraste de su perfección Dios no nos menosprecia, nos considera su obra maestra, según el testimonio de Pablo. Es esta una declaración sólo comprensible a la luz de la gracia divina, pues se refiere a la obra salvífica de Dios en Cristo. Dios nos ha rehecho, nos ha vuelto a crear. En Cristo y por él hemos dejado de ser y hacer lo que éramos antes de ser redimidos por su sangre preciosa.

Pablo destaca que la característica principal de nuestro antes de Cristo es que seguíamos los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Aquí Apóstol explica lo que significa vivir animados por la inercia, esa resistencia que oponen los cuerpos a cambiar el estado o la dirección de su movimiento. De un plumazo, Pablo revela la incapacidad de que padecíamos antes de Cristo para sobreponernos a las presiones internas y externas que nos mantenía esclavos de nuestros temores, deseos desordenados y heridas. Sin Cristo, asegura el Apóstol, estábamos muertos por causa de nuestros pecados. Es decir, viviendo sin vivir, sepultados en vida, incapaces de ser los que Dios creó a su imagen y semejanza. Vivíamos llevados por la inercia de nuestros sentidos y nuestros deseos desordenados.

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La Vida es un Don

27 enero, 2013

Mateo 16.21-27

La vida es un don. Primero, porque es un privilegio extraordinario el tener vida, existir. También lo es porque, para los seres humanos, la vida es mucho más que energía, fuerza, aliento. A esto, que los hombres comparten con los animales y las plantas, las personas agregan el privilegio de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. Además de que la vida da a mujeres y hombres la oportunidad de vivir en comunión con el Señor.

Vale la pena caer en el lugar común y asegurar que la vida es bella. Dios, a quien puede considerarse “hombre céntrico”, ha creado todas las cosas en función del hombre. La belleza de la Creación no solo refleja el carácter de Dios, sino que tiene como objetivo el enriquecer a los seres humanos, animar en ellos el gusto por, y el cultivo de, lo bueno y lo bello. Además, lo que Dios ha creado acompaña al hombre, brindándole la oportunidad de ser, él mismo, co-creador con el Señor de la Creación.

Este, quizá, sea uno de los dones aparejados al de la vida que más valioso resulta: las personas tienen la capacidad de producir, de re-crear, a partir de lo que Dios ha hecho y así, valga la pretensión, contribuir al enriquecimiento de lo que Dios ha creado.

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Vivos o Muertos, Somos del Señor

11 febrero, 2012

Romanos 14.7-9

Tarde o temprano llegamos al momento en que nos preguntamos qué es de nuestra vida. Cuál es su razón, cuál su importancia, cuál su destino. Se trata de momentos de insatisfacción existencial. No sabemos qué da origen a la misma, pero sabemos que ahí está. En no pocas ocasiones, tales momentos de insatisfaccción existencial generan temor pues nos preguntamos si el resto de nuestra vida será satisfactoria, si seremos felices; también son momentos de culpa, pues tenemos que enfrentar el hecho de que hay vacíos, errores y ausencias que, en buena medida son nuestra responsabilidad.

Me parece que hemos sido diseñados para que, de tanto en tanto, nos lleguemos a etapas de evaluación y valoración de nuestra vida. Así, conciente e inconcientemente, cíclicamente la vida nos califica, y da lugar a innumerables preguntas sobre cada una de las áreas de nuestra existencia.

También me parece que un elemento determinante del tipo de respuestas que encontramos, y nos damos a nosotros mismos, tiene que ver con la medida en que, reconocemos, hemos hecho la vida en función de nosotros mismos. Sí, la medida en que las decisiones tomadas, las relaciones desarrolladas y las acciones realizadas han tenido que ver con nuestros intereses inmediatos, con el yo, antes que con el nosotros. Y, por consiguiente, lo que hemos hecho en función de la inmediato, de la satisfacción inmediata y no considerando el contexto y el mediano y largo alcance de nuestro quehacer.

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Para Dirigir Nuestros Pasos

26 diciembre, 2010

Lucas 1.68-79

Nuestra vida está llena de hitos, es decir, de marcas que sirven para indicar la dirección que hemos seguido o la distancia que hemos recorrido en nuestro caminar diario. Siendo así las cosas, podemos detenernos en circunstancias tales como el fin de un año para preguntarnos si hemos alcanzado lo que alguna vez nos propusimos o lo que resulta necesario que alcancemos y, sobre todo,  si hemos caminado en la dirección correcta.

La Biblia enseña, y en particular el nacimiento de Jesús lo destaca, que Dios está dispuesto a guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Tal disposición, además de hacer evidente el amor e interés divinos en nuestra condición, también hace evidente el hecho de que todos, en mayor o en menor medida, hemos equivocado nuestro caminar y necesitamos ser guiados en la dirección correcta. Basta con hacer un análisis superficial de nuestra vida para descubrir que hay cosas que no son de la manera que conviene que sean, sobre todo nuestras relaciones más cercanas y significativas.

Dada la importancia que tiene el caminar por caminos de justicia, es decir, de hacer la vida con sabiduría y caminar en la dirección correcta; pues en ello está la sanidad integral de la misma, conviene que consideremos tres condiciones que debemos cumplir para que el propósito divino de guiar nuestras vidas pueda cumplirse:

Humildad. Esta consiste en el reconocimiento de las propias limitaciones y debilidades. Resulta notorio cómo la ignorancia se vuelve un nutritivo caldo de cultivo de la soberbia. Mientras más equivocados, más soberbios. Es decir, más convencidos de nuestra propia razón y dispuestos a culpar a los otros de los errores y fracasos en que participamos. De ahí la importancia de que seamos humildes y reconozcamos que nos hemos equivocado; más aun, que no sabemos lo que necesitamos saber y, por lo tanto, necesitamos que alguien que sí sepa, nos dirija en la dirección correcta.

Arrepentimiento. En la Biblia, arrepentirse es cambiar de opinión, de manera de pensar. Hay una estrecha correlación entre fracaso y auto-victimización. Especialmente cuando participamos de dinámicas relacionales erradas y dolorosas, tendemos a asumir el papel de víctimas. Pero, para que Dios pueda dirigirnos en la dirección correcta, debemos asumir la parte de responsabilidad que nos corresponde respecto de la culpa y el dolor de los cuales participamos. Nuestra ignorancia, nuestra soberbia, nuestra terquedad, etc., engendran culpas y daños que debemos asumir y lamentar, al mismo tiempo que debemos vivir de tal manera que, en lo que a nosotros toque, los podamos evitar.

Compromiso de conversión. La frustración de la vida produce cansancio y este produce desapego, es decir la falta de interés, alejamiento, desvío. Mientras más equivocadamente hacemos la vida, más nos desviamos y alejamos de nuestros propósitos iniciales y de las personas que amamos. Es notorio que quienes participan de dinámicas relacionales insanas tienden al desapego. El budismo asegura que la clave de la felicidad se encuentra en el desapego; que mientras menos nos comprometamos con los que amamos, seremos más felices. Esta, desafortunadamente, es la conclusión a la que muchos llegan cuando caminan por caminos de error. Se trata, entonces, que caminar en sentido contrario y asumir la obligación de la conversión. Primero, de la conversión a Dios y, en segundo lugar, de la conversión a aquellos que hemos hecho partícipes de nuestros errores y nuestras equivocaciones. Sólo puede cambiar quien se obliga a hacer lo justo y a seguir la dirección correcta. Quienes más lejos se sienten, pero más se obligan a volver al lugar y dirección correctos, son quienes están en camino del cambio.

Cuando nosotros, al hacer el balance de nuestra vida, dejamos de caminar caminos de oscuridad y nos volvemos a la luz que es Cristo y venimos a él trayendo, a la manera de los sabios de Oriente, estos tres presentes, esta ofrenda compuesta de humildad, arrepentimiento y compromiso de conversión, abrimos la puerta para que Dios pueda obrar en nosotros y pueda, entonces, dirigir nuestros pasos por el camino de la paz.