Archivo para enero 2012

Hagan Como Yo les He Hecho a Ustedes

22 enero, 2012

Juan 13.1-17

Alguna vez, el Señor Jesús comparó a los que estudian sabiamente las Escrituras con un padre de familia que “de lo que tiene guardado saca cosas nuevas y cosas viejas.”[i] Así, al acercarnos una vez más, y fuera del tradicional entorno de la Semana Santa, a este pasaje lo hacemos con el propósito de recordar lo ya sabido y aprender lo que el Señor ahora nos revela.

Empecemos por el final. Después de haber lavado los pies a sus discípulos el Señor procede a enseñarles el significado de tal acción. Lo hace ordenándoles que le imiten en su disposición de servir al prójimo, y termina su exhortación con una declaración críptica, misteriosa: la felicidad, la dicha de los discípulos depende de que ellos entiendan estas cosas y las pongan en práctica.

Obviamente, cuando el Señor se refiere a las cosas que hay que entender y poner en práctica, no se trata, en estricto sentido, del mero acto de lavarles los pies. Más bien, el Señor se refiere a un nuevo modelo de relación entre sus seguidores, mismo que les ha de distinguir respecto del cómo se relacionan entre sí los que no lo conocen, pero, sobre todo, que ha de evidenciar el espíritu que les mueve.

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Perdona, Señor, mis Faltas Ocultas

15 enero, 2012

Salmos 19

Es este un hermoso salmo. En cierta manera es un salmo integrador. Une el todo de la Creación, con la hermosura y el poder de la Palabra, teniendo la comunión del hombre con su Señor como el propósito sustentador de todo lo que existe. En este salmo podemos ver el amor de Dios y la necesidad ansiosa del hombre que lo ama por gozar de su aceptación y comunión.

Una vez más nos encontramos ante un salmista sensible. El testimonio de la grandeza de Dios y de su incomparable poder, lleva al escritor sagrado a preguntarse respecto de su propia condición. El carácter de Dios siempre resulta contrastante del carácter del hombre. Sea que el primero se manifieste en las obras de su Creación, o en la riqueza y el poder de su Palabra, siempre contrasta, hace evidente, la naturaleza y condición del ser humano.

Sin embargo, para cada persona en particular, el elemento clave para tal contraste es, precisamente, la sensibilidad de la misma. Sólo quienes como resultado de su búsqueda amorosa de Dios ansían su presencia, pueden darse cuenta de lo que les une y de lo que les separa de Dios.

Tal el caso del salmista. Es una persona temerosa de Dios. Goza de su comunión con el Señor. La Palabra ha cumplido su propósito en él: le ha dado nueva vida, le ha hecho sabio, ha traído alegría a su corazón, ha dado luz a sus ojos, ha generado un temor limpio que permanece para siempre. ¿Qué más puede necesitar el salmista para estar en comunión perfecta con su Señor?

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Amor, Amar lo que Dios Ama

8 enero, 2012

2 Pedro 1.3-11

Solo el amor hace comprensible a Dios. Es decir, entender las razones que Dios tiene para ser quien es con nosotros y hacer lo que hace en nuestro favor. Si no supiéramos del amor divino, y lo experimentáramos en nuestro día a día, la benignidad, la paciencia y la provisión divinas nos resultarían incomprensibles. Pero, por su gracia, somos amados y este amor nos permite encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de Dios.

Sí, Dios es quién es y actúa como lo hace, por amor. Que lo máximo de Dios es su amor, explica que cuando la Biblia define, describe a Dios, lo hace diciendo: Dios es amor.

Por ello no resulta raro que Pedro establezca como el colmo de la perfección cristiana, el amor. El colmo, según el diccionario, es el punto que razonablemente no se puede superar. Es decir, cuando el creyente añade a su experiencia cristiana el amor, ha llegado al punto donde nada más resulta necesario.

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