Archive for the ‘Restauración Familiar’ category

Sin santidad no hay familia

27 mayo, 2018

Hebreos 12.14

Fe y familia 2018Después de la relación con Dios no hay relación más importante y trascendente que la relación familiar. Esta comparte características con la primera que nos permiten proponer que las relaciones familiares se sustentan bajo los mismos principios que la relación con Dios. Ambas clases de relaciones necesitan de la paz y, sobre todo, de la santidad. Además, en ambos casos se hace manifiesta la incapacidad humana para establecer, mantener y fortalecer tales relaciones unilateralmente. Ante ello, de manera similar, opera la gracia divina. Misma que hace posible ambos tipos de relación y las sostiene, fortalece y perfecciona hasta su total realización.

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Por causa de Cristo

28 agosto, 2016

Filipenses 3.8; 1.29

Una de las características distintivas de la persona urbana es la naturalidad con la que se sirve de cosas extraordinarias. Abre la llave y recibe agua, toca un interruptor y tiene luz, viaja decenas o centenas de kilómetros en minutos u horas en vehículos que hace apenas cien años no existían. De hecho, la persona urbana se ha acostumbrado a tratar de manera ordinaria lo que es, en realidad, extraordinario. No resulta raro, entonces, que los cristianos urbanos, en particular, se acerquen a las cuestiones torales de su fe de igual forma. El quehacer extraordinario de la gracia se asume como la norma que resulta del merecimiento propio. La salvación se asume como un derecho antes que como una manifestación extrema del amor divino. El sacrificio de Cristo, cada vez más es una anécdota que ni siquiera nos ocupamos de conocer a detalle y, por lo tanto, se convierte, casi, en una mera leyenda urbana.

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Perdón y reconciliación familiar

21 agosto, 2016

Efesios 4.31,32

El del perdón es un tema que se vuelve sumamente complejo cuando se trata de las relaciones familiares disfuncionales. No obstante, no podemos considerar siquiera la posibilidad de la restauración de la relación familiar si no asumimos la necesidad, la importancia y la responsabilidad personal acerca de perdonar. Generalmente, cuando pensamos en el perdón pensamos en segundas o terceras personas, es decir, en el otro, en los otros. Sin embargo, el perdón es un asunto que se conjuga, siempre, en primera persona. El perdón tiene que ver con nosotros, antes que con los demás.

La razón para ello tiene dos elementos. El primero, nuestra corresponsabilidad en el proceso de deterioro de nuestras relaciones familiares. En efecto, somos actores y no meramente sujetos de tales procesos. Lo que hacemos, o lo que dejamos hacer, contribuye activa o pasivamente al deterioro de nuestras relaciones familiares. Puede tratarse de lo que la Biblia llama errores ocultos. Salmos 19.12 El segundo elemento, y el más importante, tiene que ver con nuestra condición de hijos de Dios, es decir, con nuestra identidad. 2 Corintios 5.16ss

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