Archive for the ‘Apologética’ category

Nada de lo que hay en el mundo

7 julio, 2019

1 Juan 2.15-17 NVI

iCP Retos a la fe 2019 2Eugene H Peterson propone: El mundo es una atmósfera, un humor. Con total precisión se refiere a la casi imposibilidad de entender y definir el término bíblico mundo. Siendo así las cosas, resulta especialmente difícil comprender la exhortación juanina a que no amemos el mundo ni nada de lo que hay en él. A lo largo de la Historia, los creyentes han procurado comprender y obedecer tal exhortación haciendo un ejercicio de selección prejuiciada de ciertas cosas, prácticas o tradiciones a las que dan la categoría de mundanas. Así, en el evitar las mismas y abundar en las que se han seleccionado como espirituales, descansa el pretendido mérito salvífico que, se pretende, es propio de y garantiza la salvación. La Biblia, desde luego, no apoya tal presunción pues la misma implica el desconocimiento de la gracia como razón, origen y método de la redención. Colosenses 2.8, 16ss

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Lo que sí sé

11 septiembre, 2016

Juan 9.25 NTV

La historia que Juan nos relata sobre el ciego sanado por Jesús contiene todos los elementos que rodean eso que llamamos milagro[1]. Para empezar, la interrupción misteriosa de un hecho natural, la ceguera de aquel hombre. Los recursos utilizados por Jesús para sanarlo: saliva y lodo. La reacción de los fariseos, representantes en ese momento de los incrédulos por la razón que sea, y, finalmente, la ignorancia de unos y otros ante un hecho incuestionable, el que antes estaba ciego ahora podía ver.

Conviene aquí enfatizar que los milagros son hechos no explicables por las leyes naturales, lo cual no implica que no sean cosas que suceden. El conflicto de la ciencia, entonces, no tiene que ver con la realidad o no de tales hechos sino con la explicación posible de los mismos. Dado que la ciencia es el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente, la misma resulta insuficiente para la comprensión cabal de los milagros dado que no puede comprobarlos experimentalmente. Es decir, no los puede recrear y, por lo tanto, no los puede comprender ni explicar satisfactoriamente con el recurso de las leyes naturales.

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¿No ardía nuestro corazón?

27 marzo, 2016

Lucas 24.25-35 NTV

Hablar de la resurrección provoca una serie de reacciones complejas. La razón para ello es que se parte de prejuicios entendibles a la luz de la ignorancia que padecemos acerca de la vida y de la muerte. Uno de tales prejuicios, quizá el más extendido sería aquel que asegura que nos muertos no resucitan. Se nos dice que científicamente no se ha demostrado que haya vida después de la muerte. Sin embargo, quienes aseguran esto desconocen los miles de casos, que diariamente se dan alrededor del mundo, en los que personas que han caído en paro cardíaco y, por lo tanto, en un estado de término del proceso homeostático, son reanimados -es decir, se vuelve a dar vida al cuerpo-, después que, médicamente, han sido declarados, o asumidos como, muertos. Es decir, al enfatizar la no existencia de vida después de la muerte, están dispuestos a ignorar que, en la práctica, miles son vueltos a la vida, resucitados, diariamente.

La resurrección de Jesús es uno de los elementos torales de la fe cristiana. 1 Corintios 15.12-19 Si Cristo no ha resucitado, entonces toda nuestra predicación es inútil, y la fe de ustedes también es inútil, asegura Pablo. Sin embargo, los prejuicios a los que he hecho referencia dificultan de tal modo nuestro acercamiento, como resurreccionistas vergonzantes, al tema que nos llevan en una de dos direcciones. La primera consiste en un acercamiento superficial, apenas políticamente correcto, en el que simplemente aceptamos la resurrección de Cristo sin ocuparnos de profundizar en lo que la misma representa. Ello explica que, aún quienes no se asumen católicos, siguen enfatizando en ocasión de la Semana Santa, la muerte de Jesús antes que su resurrección.

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