Posted tagged ‘Fe y Ciencia’

El riesgo de la fe: los pensamientos mágicos

18 septiembre, 2016

Conforme nos hacemos más viejos resulta que el conocimiento, es decir el ejercicio de nuestras facultades intelectuales y de pensamiento, va cediendo el paso a la importancia que damos a nuestra experiencia personal. Entendemos como experiencia personal todo aquello que hemos sentido o practicado. Así, conforme pasan los años cada vez estamos más convencidos de lo que sentimos, de lo que creemos, de lo que nos parece lo correcto, lo apropiado y lo oportuno.

Cuando sucede que lo que sentimos o lo que creemos entra en conflicto con la realidad, por ejemplo, cuando físicamente nos sentimos bien pero la lectura de nuestros signos vitales muestra que nuestra presión arterial es superior a los 100-160; o cuando insistimos en asumir como propias las responsabilidades económicas o familiares de nuestros hijos y descubrimos que cada día son más irresponsables y en consecuencia cada vez tenemos que dar o hacer más, generalmente optamos por privilegiar lo que sentimos o creemos por sobre lo que la realidad nos está mostrando.

(más…)

Lo que sí sé

11 septiembre, 2016

Juan 9.25 NTV

La historia que Juan nos relata sobre el ciego sanado por Jesús contiene todos los elementos que rodean eso que llamamos milagro[1]. Para empezar, la interrupción misteriosa de un hecho natural, la ceguera de aquel hombre. Los recursos utilizados por Jesús para sanarlo: saliva y lodo. La reacción de los fariseos, representantes en ese momento de los incrédulos por la razón que sea, y, finalmente, la ignorancia de unos y otros ante un hecho incuestionable, el que antes estaba ciego ahora podía ver.

Conviene aquí enfatizar que los milagros son hechos no explicables por las leyes naturales, lo cual no implica que no sean cosas que suceden. El conflicto de la ciencia, entonces, no tiene que ver con la realidad o no de tales hechos sino con la explicación posible de los mismos. Dado que la ciencia es el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente, la misma resulta insuficiente para la comprensión cabal de los milagros dado que no puede comprobarlos experimentalmente. Es decir, no los puede recrear y, por lo tanto, no los puede comprender ni explicar satisfactoriamente con el recurso de las leyes naturales.

(más…)

En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra

4 septiembre, 2016

Génesis 1.1 DHHD

Alguna vez, mientras viajábamos por carretera, al observar la majestuosidad de la montaña que cruzábamos, mi Padre preguntó: ¿Dios habrá hecho con sus deditos cada detalle de las montañas o simplemente aventó un montón de tierra y piedras para que se formaran? Esta pregunta conlleva la propuesta de que los modos de la creación puedan ser diferentes a los que, desde una cultura judeo-cristiana, siempre hemos asumido. Nos obliga a considerar si lo que vemos y conocemos ahora ha sido siempre así. Más aún, plantea la posibilidad misma de que el ser humano no siempre haya el que y como lo conocemos y comprendemos en nuestros días.

Por siglos, la convicción de que todo lo que existe fue creado por Dios tal y como lo conocemos en el aquí y ahora de la humanidad fue, simplemente, asumida como un hecho irrefutable. Ello implicaba la aceptación de que la Tierra era el centro mismo de la creación, entre otras cosas. Pero, en el Renacimiento hombres como Copérnico y Galileo Galilei, empezaron a cuestionarse la validez de tal convicción. En el Siglo XIX, Charles Darwin cimbra al mundo religioso y científico con su Teoría de la Evolución, misma que propone que el ser humano es el resultado de un proceso en el que le han precedido otras formas de homínidos, es decir, de primates que se caracterizan por parecerse al hombre y no tener cola.

(más…)

Fe y Ciencia

29 enero, 2010

Pastor Adoniram Gaxiola

Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien. 2 Ti 3.16,17

Generalmente se asume que la Biblia y la Ciencia se excluyen mutuamente, que no se puede pensar científicamente y al mismo tiempo tener fe. Quizá la razón principal de tal creencia sea la ignorancia respecto de lo que la Biblia es y dice, así como de una inadecuada comprensión de lo que es la fe, su origen y propósito.

Para empezar a comprender el cómo de la relación entre la fe bíblica y la ciencia, conviene considerar algunos presupuestos necesarios en el acercamiento a la Biblia y su mensaje:

La Biblia es la Palabra de Dios y humana, al mismo tiempo. Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios en cuanto que la misma ha sido inspirada por Dios mismo. El término inspirada se traduce del literal respirada por Dios. Esto no significa que Dios haya escrito o dictado la Biblia a los más de cuarenta escritores, sino que el Señor reveló sus misterios a los hombres que la escribieron mediante su Espíritu Santo, en un período aproximado de 1,600 años.

La inspiración y la revelación divinas no dejan de lado la humanidad de los escritores bíblicos. Estos interpretan ambas en un contexto personal e histórico particular. De ahí que podamos encontrar que las cuestiones culturales, con sus peculiaridades, enfatizan, perfilan y aún complican el mensaje bíblico. Muestra de ello es la existencia de dos relatos de la Creación, de diferentes relatos acerca del Diluvio, de las restricciones culturales que relegan a la mujer en cuanto a su participación en la liturgia y el liderazgo de la iglesia, las cuestiones apocalípticas, etc.

La Biblia tiene un mensaje y un propósito. El mensaje central de la Biblia, el eje temático de la misma es Jesucristo, Señor y Salvador de los hombres. De hecho, los primeros capítulos de la Biblia (Gn 3.15), contienen el llamado proto-evangelio. Por su parte, Apocalipsis, el último libro del canon sagrado, termina con una invocación y referencia a Jesucristo mismo. La lectura de la Biblia nos revela la llamada economía de la salvación. Es decir, la razón y la manera que Dios ha tenido y establecido para reconciliar al hombre consigo mismo. Tal es la doctrina (enseñanza), bíblica: Jesucristo y su obra redentora.

Por otro lado, el comprender quién es Jesucristo, cuál su obra y las consecuencias de la misma, establece el propósito de la Biblia y el cómo y para qué de la fe bíblica. En nuestro pasaje, el Apóstol Pablo establece que la Escritura es útil para: enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien. Este pasaje revela el carácter parenético de la Biblia toda: se trata de una exhortación, de un llamado a vivir de manera consecuente con lo que Dios es y lo que él mismo ha establecido como justo. A esto es a lo que la Biblia define como la vocación con que hemos sido llamados. Efesios 4.1.

La fe bíblica es confianza, pero también conocimiento. En efecto, el sentido primario de la palabra pistis, como sabemos, es firme persuasión, convicción basada en lo oído. Como podemos ver, tiene que ver tanto con la fiabilidad nuestra en lo que Dios declara en su Palabra y lo que esta nos revela de él; así como del contenido de la misma: su doctrina o enseñanza.

Sin embargo, el conocimiento que la Palabra transmite, aun cuando se traduce como ciencia, no se trata del conocimiento científico.  Sino del que permite al ser humano conocer, comprender, obedecer y, por lo tanto, vivir en comunión con Dios.

Tomar en cuenta lo anterior nos permite acercarnos de manera más objetiva y fundamentada a la cuestión de la relación entre la fe y la ciencia. Si la fe bíblica, la ciencia bíblica, no tiene como objetivo el explicar de manera científica los hechos naturales de la naturaleza, luego entonces no hay lugar para la contradicción o el enfrentamiento entre lo que la ciencia, en el sentido moderno, significa. La Biblia no se ocupa de tales asuntos. Aún aquellas cuestiones que pudieran parecer en conflicto, tales como la Creación, el origen y desarrollo de las relaciones humanas, etc., deben ser consideradas en su propio y particular contexto; así como en función del propósito de tales relatos. En el caso de las historias de la Creación, por ejemplo, la intención del texto bíblico es uno solo: establecer que Dios es origen y creador de todo lo que existe y que lo que él ha creado (incluyendo al ser humano), responde a un propósito divino.

Los autores bíblicos se valen de los recursos literarios a su alcance para relatar y hacer comprensible el quehacer divino a sus lectores. Por ello es que el lector de la Biblia tiene la obligación de interpretar en sus circunstancias y contexto histórico, lo que fue escrito en otras circunstancias y en otro contexto. De ahí, que la interpretación correcta de la Biblia es aquella que recupera los principios establecidos en sus páginas y los lleva a la práctica en las circunstancias y el contexto particular del lector.

Resulta interesante el descubrir que aun cuando la Biblia no se ocupa del conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Sus autores, de manera extraordinaria y sorprendente, se anticiparon hasta por varios siglos a los descubrimientos de la ciencia moderna en cuestiones tales como la astronomía, geología, física y aún en cuestiones de aeronáutica y meteorología, etc. (Para mayor información sigue este link)

El desarrollo de la ciencia, en su acepción moderna, así como la capacidad del hombre para investigar, descubrir y recrear la naturaleza se fundamenta en el cumplimiento del pacto establecido por Dios con el ser humano, en Génesis 1.28-31. A este Dios le ha concedido la facultad de tomar dominio sobre lo que él ha creado. Ha puesto bajo su facultad el observar, razonar y transformar lo que existe. Más aún, Dios ha prometido que a quien le falta sabiduría él habrá de dársela, si se la pide; y que a quien no entiende las cosas, él habrá de enseñarle cosas grandes y maravillosas. Si bien, tales promesas se refieren inicialmente al conocimiento de Dios, la experiencia ha demostrado que se cumplen también en aquellos que mediante la actividad científica procuran glorificar a Dios y servir a su prójimo.

La fe bíblica, el conocimiento de Dios y su propósito, actúa, por lo tanto, como un referente esencial para la tarea científica. Sustenta la capacidad y el derecho del hombre a hacer ciencia. Además de que, en el caso de los científicos cristianos, les dirige y empodera para que su tarea científica se traduzca en el bienestar de la humanidad, como un testimonio del amor y la presencia de Dios en medio de los hombres.

La fe bíblica no excluye ni rechaza al quehacer científico. Por el contrario, lo anima, lo orienta y lo dimensiona respecto del ser y del quehacer divinos.