Archive for the ‘Amor cristiano’ category

Amor, Amar lo que Dios Ama

8 enero, 2012

2 Pedro 1.3-11

Solo el amor hace comprensible a Dios. Es decir, entender las razones que Dios tiene para ser quien es con nosotros y hacer lo que hace en nuestro favor. Si no supiéramos del amor divino, y lo experimentáramos en nuestro día a día, la benignidad, la paciencia y la provisión divinas nos resultarían incomprensibles. Pero, por su gracia, somos amados y este amor nos permite encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de Dios.

Sí, Dios es quién es y actúa como lo hace, por amor. Que lo máximo de Dios es su amor, explica que cuando la Biblia define, describe a Dios, lo hace diciendo: Dios es amor.

Por ello no resulta raro que Pedro establezca como el colmo de la perfección cristiana, el amor. El colmo, según el diccionario, es el punto que razonablemente no se puede superar. Es decir, cuando el creyente añade a su experiencia cristiana el amor, ha llegado al punto donde nada más resulta necesario.

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Afecto Fraternal, a Favor de los Hermanos

18 diciembre, 2011

2 Pedro 1.3-11

Que sean uno, para que el mundo crea. Fue la oración de Jesús a favor de sus discípulos. Así, el tema de la unidad, la comunión, entre los cristianos se vuelve una cuestión esencial. No puede ser seguidor, discípulo de Cristo, a menos que el creyente se mantenga uno con sus hermanos en la fe.

Ahora bien, resulta obvio que la unidad solo puede darse entre aquellos que son cualitativos, o esencialmente, iguales. Esta igualdad supone el que quienes están en unidad participan de una misma naturaleza, cuestión que, en nuestro caso, es una realidad por la obra redentora de Jesucristo. En él, asegura la Biblia, somos nueva creación y hemos sido injertados en el cuerpo de Cristo, la Iglesia.

Pero, tal igualdad demanda también un principio de aceptación mutua como iguales. Así como el creyente ha sido llamado a la conversión a Cristo, podemos decir que ha sido llamado a la conversión a sus hermanos. A volverse a sus hermanos. Este volverse significa estar inclinados afectivamente a favor de los hermanos en la fe.

La primera consecuencia del pecado fue la separación entre Adán y Eva. Cuando Adán tuvo que explicar a Dios la razón por la que había desobedecido, no dudó en culpar a Eva. Mostrando así que no hay solidaridad en el pecado. Pero no solo ello, el pecado divide esencialmente.

Adán y Eva siguieron viviendo juntos por muchos años después de que fueron expulsados del Edén. Sin embargo, vivieron separados, divididos, hasta enemistados. Con toda seguridad, hicieron alianzas al interior de su familia. Adán con unos hijos, Eva con otros. Así, la enemistad entre los esposos, el distanciamiento entre ellos, afectó a sus descendientes.

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Dones de Servicio, Dones Trascendentes

16 octubre, 2011

Romanos 12

Hacer milagros o barrer la casa del pobre. ¿Qué será más trascendente, cuál será mayor testimonio del poder y el amor de Dios? Esta parece ser la disyuntiva a la que a lo largo de la historia de la Iglesia se han enfrentado no pocos cristianos.

El Apóstol Pablo, al escribir a los romanos, parece dejar clara su posición. De los ocho dones que enlista en nuestro pasaje, seis pueden ser considerados como dones de servicio. Y, al mismo tiempo, como dones trascendentes tanto en la edificación del cuerpo de Cristo, como en el testimonio eficaz a los no creyentes.

Servir a otros, animar a otros, dar, presidir y ayudar a los necesitados son, todos, una sola diaconía. Según Emilio Castro, ex Presidente del Consejo Mundial de Iglesias, la palabra diácono significa, literalmente, al través del polvo. Era el término utilizado para referirse al esclavo encargado de conducir a las caravanas al través de las tormentas de arena del desierto. Obviamente, el diácono servía a los suyos aún a costa de su propia vida.

A costa de su propia vida, esta sería la principal ofrenda de quienes reciben alguno de los dones de servicio. Sirven a costa de sí mismos. Como Juan el Bautista, son como antorchas que, mientras más ilumina, más se consumen, más se agotan. Cabe entonces un dejo de comprensión para quienes, habiendo recibido tales dones, los encuentran menos atractivos e importantes que aquellos que, por su dramatismo e impacto, parecen hacer crecer en fama e influencia a los creyentes que los ejecutan.

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