1 Corintios 12.1-11
Los dones espirituales, o carismas, son capacidades sobrenaturales dadas por Dios a la Iglesia para la edificación de la misma y para el cumplimiento de su tarea evangelizadora-discipuladora. Estas capacidades son dadas a la Iglesia en cada uno de sus miembros y siempre consideran el bien del Cuerpo de Cristo por sobre el bien y el bienestar individual de sus miembros. Así, aunque la persona obviamente se beneficia con el don recibido, está en la obligación de poner tanto el don, como el beneficio resultante del mismo, al servicio de los demás.
El pasaje paulino que nos sirve de referencia, en su sección dedicada a la Cena del Señor, contiene tres apartados: el diagnóstico que hace Pablo de la condición espiritual de la iglesia en Corinto; la enseñanza que comparte respecto del origen, sentido y propósito de la Cena del Señor; y una exhortación-advertencia, a los corintios, sobre la necesidad de cambiar su manera de relacionarse como miembros del cuerpo de Cristo. Aquí nos ocupamos del segundo.
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