Archive for the ‘Miembros de la Iglesia’ category

Y no dejemos de congregarnos

21 octubre, 2018

Hebreos 10.23-25

iCP disciplinasdevocionalesSi las disciplinas devocionales tienen como propósito el fortalecer nuestra comunión con Dios, luego entonces, al congregarnos se hace evidente la plenitud de tal comunión al participar de la misma con nuestros hermanos en la fe. Juan asegura que no podemos decir que amamos a Dios si no amamos a nuestros hermanos. En el mismo sentido podemos decir que no podemos estar en comunión con Dios si no estamos en comunión con nuestros hermanos. Más aún, la comunión con nuestros hermanos es evidencia e indicador de la profundidad de nuestra comunión con el Señor. La razón es sencilla, la iglesia es el cuerpo de Cristo. Ahí donde está Cristo está la iglesia y donde la iglesia, Cristo.

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Yo estoy allí entre ellos

4 marzo, 2018

 

Mateo 18.19, 20

El culto resulta la celebración por excelencia de la religión cristiana. Si religión es re ligar, luego entonces, el culto cristiano es el espacio -en tiempo y lugar-, en el que Dios y los creyentes se encuentran para celebrar de manera especial la comunión que los une, el culto afirma y fortalece la liga (unión), entre Dios y los creyentes, y entre estos mismos.

Aunque la relación entre Dios y los creyentes, y la que se da entre estos, no se agota en el culto dado que también tiene que ver con el día a día, sí está determinada por la calidad del culto celebrado por la comunidad de creyentes. Esta calidad depende tanto de la frecuencia, como de la interacción lograda en las celebraciones cultuales. Es decir, depende del qué tan real, evidente y determinante resulta la relación entre Dios y los creyentes y entre estos mismos. Una relación más real y profunda fortalece la comunión y facilita el cumplimiento del propósito de esta.

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Aléjate de mí, Satanás

13 noviembre, 2016

Mateo 16.21-23

Vivimos una cultura que promueve la permisividad. Es decir, de una tolerancia excesiva con las personas que se manifiesta consintiéndoles cosas que otros castigarían o reprimirían. La primera consecuencia de ello es que hemos aprendido que nadie tiene el derecho de criticar, y muchos menos juzgar, nuestras decisiones y conductas. Desde luego esto requiere que, de nuestra parte, también asumamos que no tenemos el derecho de criticar ni mucho menos juzgar a otros.

Es un hecho que los círculos cristianos hemos sido permeados por tal cultura. Cada vez es mayor el número de quienes se niegan a ser juzgados y el de que se niegan a juzgar. Como evidencia de un acercamiento individualista a las cuestiones de la fe se pretende que la conducta impropia de alguno de los miembros del cuerpo de Cristo, la Iglesia, es un asunto entre la persona y Dios. Además, se califica a quienes, contra la corriente, juzgan y confrontan a quienes han fallado en su fidelidad de carentes de amor. Puesto que, se asegura, juzgar o confrontar a quien ha caído no es un acto de amor.

Nuestro pasaje resulta incómodo pues acudimos a un Jesús que no responde a nuestras expectativas. Ante el sano deseo de Pedro de que Jesús no enfrentara los sufrimientos que el mismo estaba anunciando -por cierto, que el discípulo lo hace de manera comedida: ¡Dios nos libre, Señor! —dijo—. Eso jamás te sucederá a ti-, Jesús reacciona con lo que parece una dureza excesiva diciéndole: —¡Aléjate de mí, Satanás! Representas una trampa peligrosa para mí. Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no desde el punto de vista de Dios.

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Soy miembro de la iglesia

31 mayo, 2015

Autora invitada. Adriana Montoya

Permítanme iniciar con una pregunta. ¿Cómo llegamos a ser miembros de la iglesia?

En Romanos 3:23, el Apóstol Pablo dice “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” en efecto, es un hecho que hay una separación entre Dios y los hombres a causa del pecado. Pablo sigue escribiendo y en el versículo 24 dice: “siendo justificados gratuitamente por su GRACIA mediante la redención que es en Cristo Jesús”

¿A qué se refiere esta gracia? ¿Qué significa, qué implica en nuestra vida diaria?

La gracia podemos definirla como el acto misericordioso de Dios por el cual ofrece salvación y vida eterna a todos los pecadores que ponen su fe en Cristo para ser salvos. Sin embargo y con el fin de sintetizar, me agrada más ésta definición: La gracia es la influencia divina sobre el corazón y su reflejo en la vida. La gracia no sólo nos es dada como perdón de pecados y nueva relación con Dios, (influencia en el corazón) sino también nos es dada para que se vea reflejada en nuestra vida diaria.

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