Archivo para septiembre 2013

El Pecado que nos Enreda

29 septiembre, 2013

Por eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante. Hebreos 11.1

En el corazón del anuncio del evangelio de Jesucristo está el concepto de la nueva vida. Esto se refiere a que la vida en Cristo es plena, abundante y eterna. Además, es una vida libre del poder del pecado sobre el creyente. San Pablo se refiere a este hecho cuando declara que somos más que vencedores en todas las cosas, por medio de aquel [Cristo] que nos ha amado. Romanos 8

Sin embargo, un hecho que no podemos soslayar es que la iglesia de Jesucristo vive una condición en la que cada vez más los signos de la vida ceden ante el avance de los signos de la muerte. Vemos a cristianos y congregaciones que viven no vidas de victoria, sino vidas de derrota. No cada día más libres, sino cada vez más esclavos. No cada día más gozosos, sino cada día más tristes. Y, entonces tenemos que preguntarnos si las promesas del Señor son falsas, si sólo demuestran sus buenas intenciones, pero no es posible que sean ciertas, que puedan cumplirse en nosotros y en nuestro aquí y ahora.

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Ante el Impacto de la Muerte, Nos Ocupamos de la Vida

22 septiembre, 2013

Entonces oí una voz del cielo, que me decía: “Escribe esto: ‘Dichosos de aquí en adelante los que mueren unidos al Señor. ““Sí–dice el Espíritu–, ellos descansarán de sus trabajos, pues sus obras los acompañan.” Apocalipsis 14.13

CFernando y Ceciliauando, el lunes pasado, Manuel me llamó para informarme sobre el estado de Fernando al llegar al Instituto Nacional de Cardiología, sólo dijo tres palabras: Está muerto, Papá. Más que sus palabras, la emoción que su voz reflejaba fue lo que hizo evidente el impacto de la muerte. Preguntas, dudas, compasión, reclamos, etc., son emociones que acompañan la siempre inesperada llegada de la muerte y por ello la hacen tan impactante.

Sin embargo, ante el impacto de la muerte, conviene que nos ocupemos de la vida. De entrada, porque verdad de Perogrullo resulta el hecho de que lo que define a la persona no es su muerte, sino el cómo de su vida. Cómo fue la persona, cómo se relacionó con los suyos y con los otros, cuál su aporte a lo largo de la vida es lo que la define y, por lo tanto, lo que determina el modo en que trasciende más allá del momento y del cómo de su vida. Siempre me ha gusta el sentido de la palabra trascender, exhalar olor tan vivo y subido, que penetra y se extiende a gran distancia. Y, sí, lo que nos queda de quienes han muerto no es el olor de su muerte, sino el aroma de su vida. Es su vida la que nos marca, la que nos condiciona, la que determina el modo en que seguirán estando presentes aun cuando padezcamos su ausencia física.

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Ya No Sigas Enojado

8 septiembre, 2013

Salmos 37.7,8 NTV

Perder los estribos de la paciencia.

Perder los estribos no es otra cosa sino impacientarse, desbarrar y obrar fuera de razón. Me llama la atención el término desbarrar, entre otras cosas significa deslizarse, errar en lo que se dice o hace.

Como sabemos, los estribos son esas piezas que, colgadas de una correa, sirven para que el jinete apoye el pie. Quien en la carrera saca los pies de los estribos, pierde la estabilidad necesaria para cabalgar y lo más probable es que termine cayendo del caballo.

Es este un buen símil de la vida. Esta nos coloca en situaciones equiparables al galope furioso del caballo cuando, de manera inesperada, deja de estar bajo el control del jinete y en su correr desaforado lo coloca en peligro.

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