Posted tagged ‘Paciencia’

Ya No Sigas Enojado

8 septiembre, 2013

Salmos 37.7,8 NTV

Perder los estribos de la paciencia.

Perder los estribos no es otra cosa sino impacientarse, desbarrar y obrar fuera de razón. Me llama la atención el término desbarrar, entre otras cosas significa deslizarse, errar en lo que se dice o hace.

Como sabemos, los estribos son esas piezas que, colgadas de una correa, sirven para que el jinete apoye el pie. Quien en la carrera saca los pies de los estribos, pierde la estabilidad necesaria para cabalgar y lo más probable es que termine cayendo del caballo.

Es este un buen símil de la vida. Esta nos coloca en situaciones equiparables al galope furioso del caballo cuando, de manera inesperada, deja de estar bajo el control del jinete y en su correr desaforado lo coloca en peligro.

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Paciencia, Perseverar Haciendo el Bien

3 diciembre, 2011

2 Pedro 1.3-11

“Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.” Bertolt Brecht.

Si Pedro y el poeta Bertolt Brecht, se hubieran conocido, se habrían llevado bien. Ambos comprendieron a cabalidad el significado toral de la palabra paciencia: perseverar haciendo el bien. Esta es una comprensión del sentido bíblico del término paciencia: un sentido activo, no meramente pasivo. Para nuestra sorpresa, la paciencia tiene que ver más con el hacer que con el padecer, esperar o tolerar resignadamente.

Como hemos visto, cada uno de los añadidos propuestos por Pedro en nuestro caminar cristiano, dimensiona al anterior. Si el dominio propio es la capacidad para hacer el bien, luego entonces, el cristiano es llamado a permanecer haciendo lo bueno. Es decir, el cristiano es llamado a añadir a su capacidad para hacer el bien, la disposición para hacerlo de manera constante, permanente. Sin importar las circunstancias y/o alternativas que la vida le ofrezca.

La constancia en el camino cristiano es uno de los temas centrales de la fe. La razón es sencilla, el éxito o fracaso del creyente no son determinados por su capacidad o falta de ella en asuntos de fe y fidelidad. De hecho, siguiendo a Pedro, el creyente ha recibido todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad. Como hemos visto, esto significa que, por Cristo, hemos recibido de Dios la capacidad para ser y hacer lo que es propio del hombre nuevo. Por lo tanto, el triunfo no depende de si podemos o no podemos ser fieles, sino del grado en que permanecemos siéndolo y de la permanencia de nuestro fruto en Cristo.

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A Punto de Ahogarme

28 agosto, 2009

Pastor Adoniram Gaxiola

Salmo 69

El silencio, la pasividad de Dios, su lejanía, se convierten en la mayor causa de nuestro dolor. Además, el sufrimiento propio de los creyentes se caracteriza por ser, en principio, injusto. No hay, o cuando menos no resulta evidente, una razón justa que lo explique, que lo haga lógico. Al contrario, las dificultades parecen crecer en proporción inversa a nuestra búsqueda y servicio cristianos. Mientras más nos acercamos a Dios, más son nuestras dificultades. Más crece el número de nuestros enemigos. Más razones para el desánimo aparecen dentro de nosotros.

Los momentos de prueba, sea cual sea la expresión de los mismos: enfermedad, pobreza, rompimiento de relaciones, son, siempre, momentos de definición.

El camino más fácil es alejarse de Dios y de su iglesia. De jure o de facto. Algunos se alejan tratando de evitar el sufrimiento.

El salmista David, por su lado, como prototipo de Cristo, nos enseña que el momento de la prueba es la ocasión para radicalizar nuestra fidelidad. En primer lugar, dejando a un lado su dolor y derecho a la lástima propia, para encarar su realidad: es pecador. “Dios mío, tú sabes cuán necio he sido; no puedo esconderte mis pecados.”

En segundo lugar, desviando el centro de su atención de sí mismo a sus hermanos en la fe. “Que no pasen vergüenza… que no se decepcionen” Por mi causa, por mi culpa.

En tercer lugar, reconoce la razón de sus sufrimientos: “Por ti he soportado ofensas; mi cara se ha cubierto de vergüenza.”

Si los momentos de prueba son momentos de definición, ¿cómo podemos definirnos de la manera apropiada?

En primer lugar, estando preparados para la prueba. El Eclesiástico dice:

“Hijo mío, si tratas de servir al Señor, prepárate para la prueba. Fortalece tu voluntad y sé valiente, para no acobardarte cuando llegue la calamidad. Aférrate al Señor, y no te apartes de él… Acepta todo lo que te venga, y sé paciente si la vida te trae sufrimientos.”

El Apóstol Pedro, por su parte, dice (1Pedro 4.12ss):

“Queridos hermanos, no se extrañen de verse sometidos al fuego de la prueba, como si fuera algo extraordinario. Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también se llenen de alegría cuando su gloria se manifieste.”

En segundo lugar, abundando en nuestra fidelidad. Nosotros decidimos respecto de nuestra fidelidad, no las circunstancias. Aunque generalmente hagamos a las mismas las responsables de nuestros altibajos espirituales. A la iglesia de Esmirna, después de que el Señor le dice que no tenga miedo de lo que va a sufrir, la anima a que se mantenga fiel hasta la muerte.

Fieles hasta el extremo de la muerte. A diferencia de los que creen que la felicidad, o la paz, mañosamente ofrecidas son suficientemente valiosas para justificar el hecho de su infidelidad. Se engañan y son engañados. El mismo que reclama la fidelidad hasta el extremo de la muerte, es el que otorga “la vida como premio”.

Jesús, que dijo, “en el mundo tendréis aflicción”. También dijo: “Pero confiad, yo he vencido al mundo.”