Posted tagged ‘Fidelidad’

Amar a Dios en tierra de indios

12 abril, 2015

2 Reyes 5

La frase que da título a esta reflexión bien puede parecer discriminatoria y lastimar sensibilidades políticas. Sin embargo, su significado más original tiene que ver con el choque de dos culturas; choque derivado de las concepciones religiosas, los modos de vida y costumbres, los conocimientos adquiridos a lo largo de la vida y las preferencias artísticas, mismas que, generalmente, son diferentes y hasta encontradas cuando dos culturas diferentes se relacionan.

Nuestra historia habla de gente importante: reyes, profetas y generales. Sin embargo, fácilmente dejamos de lado la importancia que tienen los protagonistas menores, en particular la muchacha israelita que fue llevada como esclava a la casa de Naamán. Es ella, de la cual no conocemos ni siquiera su nombre, la que detona una dinámica que transformará la vida de los personajes poderosos. Pero, lo que hoy queremos destacar que esta criada israelita es el arquetipo, el modelo a seguir, cuando se trata del ser cristianos en medio de una cultura secular.

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Jesús no Pudo

9 noviembre, 2014

Marcos 6 NTV

Marcos no parece tener problemas con las limitaciones de Jesús el Cristo. Encara con bastante objetividad la vulnerabilidad voluntaria de Dios ante el libre albedrío de los humanos. No sólo nos informa que Jesús no pudo hacer ningún milagro en Nazaret, sino que agrega que la incredulidad de sus familiares y paisanos lo dejó asombrado, lo asustó. Dios, hecho hombre, no sólo es limitado por la incredulidad de los humanos sino que también se asusta ante la misma.

Acostumbrados a los excesos de los familiares de los líderes sociales y políticos. Participantes de la cultura del tengo un amigo que es amigo del amigo de, podemos preguntarnos qué es lo que llevó a los parientes y paisanos de Jesús no sólo a no creer en él sino también a rechazarlo. Me parece que Marcos mismo nos da una clave cuando, avisado de que su madre y sus hermanos lo buscaban, preguntó: ¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos? Contestándose él mismo: Estos son mi madre y mis hermanos. Todo el que hace la voluntad de Dios es mi hermano y mi hermana y mi madre. Marcos 3.33ss

En los hechos Jesús ha replanteado el cómo de su relación con los suyos. Este replanteamiento implica un rechazo, cuando menos una aceptación condicionada: Quien quiera estar en relación con Jesús debe hacer la voluntad de Dios. Además, tal replanteamiento evidencia también la autonomía de Jesús, nadie ni nada puede poseerlo. Él es él, otro, y quienes quieran estar en comunión con él deben asumir su otredad y estar dispuestos a actuar de manera consecuente a ella.

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El que Pone la Mano en el Arado

7 septiembre, 2014

Lucas 9.57-62

Lo que Dios pide de nosotros muchas veces va en contra de nuestros intereses, cierto. Pero ello no significa que vaya en contra de nuestro bienestar.

Todos los que son llamados por Dios llegan a momentos cruciales en sus vidas. Son momentos en los que el mandato interior, derivado del llamado, pone en riesgo nuestros propios planes y el cumplimiento de nuestros deseos. En tales momentos generamos una manipulación conciente e inconciente, para no permitir que el llamado y su tarea derivada, alteren nuestra dinámica cotidiana.

Lucas expone cómo las prioridades resultantes de nuestros temores se contraponen al cumplimiento de nuestra tarea. Tales temores tienen que ver tanto con la provisión para nuestras necesidades (el miedo a morir, diría Batista), como con la necesidad de trascender, de hacer algo que nos asegure el reconocimiento y el aprecio de los otros (el miedo a no ser alguien y a no ser apreciados).

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Si Ustedes Permanecen en Mí

24 febrero, 2014

Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pueden pedir lo que quieran, ¡y les será concedido! Juan 15.7 NTV

Cuando el Señor nos invita a permanecer en él lo que está haciendo es animarnos a cultivar la relación íntima con él. Esta comunión se sustenta en la realidad de su amor, él nos ama incondicionalmente. Pero, también requiere de nuestra disposición a sabernos amados y, por lo tanto, disponernos a amar a Dios por sobre todas las personas y cosas que hacen nuestra vida.

Cultivar la comunión con Dios no es otra cosa sino el vivir re-sintonizando nuestro día a día con él. Es decir, procurando estar de acuerdo con lo su voluntad, es decir, con aquello que él ha establecido como lo bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto, en todas las cosas que pensamos, sentimos y hacemos cotidianamente. Romanos 12.1, 2 DHH.

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Que se porten como deben hacerlo

12 enero, 2014

Efesios 4.1

En Cristo, nosotros, los cristianos, somos diferentes. Diferentes a como éramos nosotros mismos antes de Cristo y, desde luego, diferentes a quienes no sirven a Cristo. La Biblia enseña que hemos renacido, es decir, que hemos sido creados de nuevo y, por lo tanto, no sólo somos creaturas nuevas (2 Co 5.17), sino que tenemos una nueva manera de pensar (2 Ti 1.7). Esta nueva manera de pensar tiene que ver con el propósito que da sentido a nuestra vida. Requiere de una constante renovación del espíritu de nuestra mente, de la manera en que juzgamos todas las cosas (Ef 4.23), así como de una forma de vida que tiene como característica principal el llamamiento que hemos de parte del Señor. En esencia, lo que nos hace diferentes es que hemos sido llamados por Dios para que seamos su pueblo.

Ser el pueblo de Dios es una cuestión privilegiada que garantiza la disposición de los recursos necesarios para vivir una vida equilibrada, plena y fructífera. En la historia del pueblo de Israel encontramos, una y otra vez, promesas de bendición que abarcaban el todo de la vida de los israelitas. Desde luego, una relación privilegiada con Dios, pero también bendiciones de prosperidad personal, familiar y como nación. Sin embargo, al acercarnos a la historia sagrada descubrimos que Israel fue incapaz de alcanzar la plenitud de las promesas recibidas. En consecuencia, no sirvió para el propósito divino y tampoco fue el instrumento para que Dios bendijera a las naciones todas. La razón última de tal fracaso fue la falta de integridad del pueblo de Dios.

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Pasaban por Muchas Miserias

15 julio, 2012

Jueces 6

Gedeón es un héroe de la fe. Es recordado porque se atrevió a poner a prueba a Dios. Muchas veces somos llamados a imitarlo y nos emocionamos pensando que podemos hacerlo. Sin embargo, en mi opinión, Gedeón es un hombre de fe, sí, pero un hombre sin visión. Un hombre que exige que Dios se comprometa, pero quien no está dispuesto a que el hacer de Dios transforme radicalmente su vida. Así, Gedeón es un ejemplo de cómo la fe sin visión y sin obediencia radical, sólo produce hechos anecdóticos, cambios temporales; pero no establece de manera permanente el Reino de Dios entre los hombres.

Hay una frase clave ubicar contextualmente la experiencia de Gedeón: “los israelitas pasaban por muchas miserias” (ver. 6). En la etapa de los Jueces, la historia de Israel se caracteriza por el ciclo desobediencia – fidelidad – desobediencia. A la muerte de Josué, siguen una serie de alianzas entre Israel y los cananeos. Estas alianzas se traducen en desobediencia y provocan el cansancio del Señor, quien castiga a su pueblo… hasta que este se vuelve a él en busca de ayuda. Tal la situación cuando Gedeón aparece en escena. “Los israelitas pasaban por muchas miserias, y finalmente le pidieron ayuda al Señor.” Dios responde enviando a un profeta anónimo, con un mensaje de reclamo: “ustedes no me hicieron caso”. Pero tal mensaje ni es suficiente, ni agota el quehacer del Señor.

El mismo Señor se aparece a Gedeón. Estamos ante una teofanía. Gedeón está frente al Señor, escucha su saludo, y responde con un cuestionamiento irónico: “Perdón… pero si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos pasa todo esto? ¿Donde están todos los milagros de que nos hablan nuestros antepasados, cuando dicen que el Señor nos sacó de Egipto? El Señor nos ha abandonado, y nos ha entregado al poder de los madianitas.”

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Mantos y Palmas

1 abril, 2012

Lucas 19.28-44

Recordar el momento de la entrada de Jesús a Jerusalem, siempre es motivo de regocijo inicial para mí. Sin embargo, mientras avanzo en la lectura de los relatos siguientes entro en cierta crisis. ¿Cómo es que quienes gritaban “¡Dios nos ha mandado un Rey!, ¡Viva el Rey!, hayan sido los mismos que pocos días después gritaban “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!¡Nuestro único rey es el César!”? Juan 19.6; 15

Hay una expresión clave en nuestra lectura de hoy, la que, me parece, da sentido a tan evidente contradicción. Es, al mismo tiempo, la clave para entender nuestra propia ambivalencia e inconstancia en el seguir a Jesucristo.

Lucas dice: “La multitud, enardecida, tendía sus mantos delante de él”.Lucas 19.36 El verbo enardecer significa “incrementar un afecto o un odio”. En griego, el término usado por Lucas es cairo, que, entre otras acepciones tiene la de “regocijo extremoso”. Se trata, en ambos casos, de multitudes guiadas por la emoción.

En nuestro relato, Lucas establece un contraste entre el ánimo de las multitudes y la actitud de Jesús: “Al perfilarse Jerusalén en la distancia, lloró”. La razón de su llanto no era él mismo, como algunos podría suponer. Lloraba por Jerusalén, es decir, por aquellos, entre otros, que lo habían recibido extremadamente alegres.

¿Por qué llorar por los que están contentos? Jesús sabía que detrás de tanto gozo se escondía una ignorancia que terminaría por destruirlos. Eran ignorantes respecto de la obra y la voluntad divinas. Una ignorancia compleja, porque viendo, no veían. Escuchando, no entendían. “Oh, si comprendieras la paz eterna que rechazaste… pero ya es demasiado tarde”. “¡Si en este día tú también entendieras lo que puede darte paz! Pero ahora eso te está escondido y no puedes verlo.” (DHH).

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