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Que Guarden Todas las Cosas

14 abril, 2012

Mateo 28.19-20

La vida es demasiado compleja y sutil, las personas somos demasiado distintas, las situaciones son demasiado íntimas, como para que todo quepa en los libros de jurisprudencia. Lo mismo que nadie puede ser libre en tu lugar, también es cierto que nadie puede ser justo por ti si tú no te das cuenta de que debes serlo para vivir bien. (Savater, F. 2008)

Con tan impactante declaración, Savater descubre que la complejidad de la vida no sólo tiene que ver con las personas con quienes nos relacionamos,ni con las circunstancias que enfrentamos. También tiene que ver, y creo que de manera esencial, con nuestra capacidad para ser libres en toda circunstancia y actuar con justicia en toda situación que enfrentamos. El mismo Savater propone que la libertad no es otra cosa sino la capacidad para ser humanos, hombres humanos, acotaríamos. Y, la justicia, no es otra cosa sino aquello que Dios ha establecido como lo bueno.

Pero, si la vida es demasiado compleja y sutil, ¿cómo ser hombres y mujeres libres ante las circunstancias que pretenden poseernos? ¿Cómo saber elegir lo bueno y perseverar en ello, independiente de las circunstancias que enfrentamos?

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Somos el Pueblo de la Palabra

31 julio, 2010

2Timoteo 4.1-5

En México, agosto es el mes de la Biblia. En pleno Siglo XXI tal celebración pareciera un despropósito, sobre todo ante la propuesta de que toda verdad es relativa. La Biblia, se nos dice, es una colección de historias inexactas, de preceptos pirateados a otros escritos religiosos, un compendio de principios moralistas irrelevantes, etc. Sin embargo, para nosotros los cristianos la Biblia es nuestra regla de fe y, en cuestiones espirituales, está libre de error. Ello significa que, en materia de fe (Dios, la salvación, la ética y la moral, etc.), juzgamos y calificamos todo a la luz de lo que la Palabra nos enseña. Por más interesante, atractiva y complaciente que resulte cualquier idea o enseñanza religiosas, nosotros vamos a la Biblia para comprobar la fidelidad de tales ideas o enseñanzas. Si estas no están de acuerdo con el pensamiento bíblico… las desechamos.

Vivimos en un mundo saturado de propuestas religiosas. Algunas de ellas parecen ser una novedad cuando realmente son las mismas enseñanzas erradas promovidas por el diablo desde siglos atrás. Todas ellas tienen como propósito el impedir que las personas sirvan al único y verdadero Dios. Algunas de estas corrientes religiosas son francas, abiertas, y declaran su propósito honestamente. Otras resultan más peligrosas en cuanto que toman elementos de la sana enseñanza y los mezclan con propuestas totalmente ajenas a la misma. Sin embargo, es esta mezcla la que las hace especialmente peligrosas y, paradójicamente, sumamente atractivas para las personas que viven en ignorancia de Dios y de su Palabra.

Como hemos dicho, el propósito original de las enseñanzas diabólicas es impedir que las personas conozcan y sirvan al único y verdadero Dios. Esto se logra en la medida que se alimenta el deseo de la gente de ser como Dios. Es decir, de decidir por sí misma qué es lo bueno y qué es lo malo. A esta gente Pablo la califica como “amadores de sí mismos”, y dice de ellos que aparentarán ser muy religiosos, pero con sus hechos negarán el verdadero poder de la religión. 2Ti 3.5 Más aún, de acuerdo con nuestro pasaje, estas personas llegarán al momento en que “no soportarán la sana enseñanza; más bien, según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros que solo les enseñen lo que ellos quieran oír. Darán la espalda a la verdad y harán caso de toda clase de cuentos”. 2Ti 4.1-5

Toda clase de cuentos. Para que los cuentos sean creídos se requiere tanto de la habilidad del cuentista como de la disposición de quien los escucha. Esta disposición está determinada por los intereses del oyente. Es a esto a lo que Pablo llama “caprichos”, sus deseos. En un diciembre pasado, un periodista se refería a las multitudes que abarrotaron nuestra Ciudad, como “un pueblo de huérfanos que necesitan de una figura paternal fuerte”. Y en verdad, detrás de tanta emoción y alboroto se esconden necesidades profundas e insatisfechas que llevan a la gente a desear con pasión una salida de su condición actual. Sin embargo, se trata de que la salida de su condición actual sea una que les beneficie sin comprometerlos ni obligarlos a salir de la comodidad de sus pensamientos y tradiciones.

Por ello están dispuestos a creer en cuentos, historias falsas. Al profeta Isaías se el advierte que la gente que no está dispuesta a escuchar la sana enseñanza (por el compromiso y sufrimiento que esta incluye), pedirá: “No nos cuenten revelaciones verdaderas; háblennos palabras suaves; no nos quiten nuestras ilusiones.” Isa 30.10 La Biblia Latinoamérica traduce esto así: No nos comuniquen la verdad, sino que, más bien, cuéntenos cosas interesantes de mundos maravillosos.

Entre otros medios, el semanario Proceso ha publicado una serie de artículos que demuestran que la pintura de la Virgen de Guadalupe, fue pintada por manos humanas. Investigadores destacados, restauradores reconocidos e historiadores serios dan testimonio tanto del origen humano de la pintura referida, como de la no certeza histórica de la existencia de Juan Diego. Sin embargo, creer y aceptar estas verdades representa la necesidad de renunciar a las ilusiones con que muchos alimentan su existencia. Desde luego, resulta mucho más emocionante creer en cosas interesantes de mundos maravillosos, que creer en la Palabra que transforma nuestra vida. Pero, resulta, no sólo quienes profesan la fe católica asumen como reales tales cosas interesantes. No pocos cristianos evangélicos tienen sus propios mundos maravillosos. Y, desafortunadamente, cuando son confrontados por otros, o por la vida misma, acerca del sustento de sus creencias, entran en crisis y terminan, en no pocos casos, por escoger y privilegiar sus propias fantasías antes que la enseñanza bíblica. Así mantienen sus ilusiones. Son quienes dicen a los a los profetas: No nos cuenten revelaciones verdaderas; háblennos palabras suaves; no nos quiten nuestras ilusiones. Isa 30.10 Porque este es precisamente el atractivo de los cuentos, de las fábulas: no te obligan a transformar tu vida, pues todo lo que te ofrecen son meras ilusiones… te llevan a vivir una realidad virtual, misma que puedes ir cambiando y adaptando a tus deseos e intereses más inmediatos.

La fe cristiana es una fe racional, no reñida con la inteligencia de las personas. La fe cristiana tiene que ver con el pensamiento antes que con las emociones. Por eso se basa en la Escritura, que está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien. 2Ti 3.16

¿Cuál es nuestra tarea en las circunstancias que nos toca vivir? Obviamente tendremos que enfrentar mayor intolerancia, incomprensión y experimentaremos el celo de Dios en nuestros corazones ante la manifestación burda de la idolatría. Pero debemos ser cuidadosos para enfrentar todo esto en el espíritu de Cristo. Y Pablo dice a Timoteo: pero tú conserva siempre el buen juicio, soporta los sufrimientos, dedícate a anunciar el evangelio, cumple bien con tu trabajo. 2Ti 4.5

Y es que Pablo tenía un secreto, sabía que las tinieblas no avanzan. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron ante ella. Jn 1.5 No importa lo que veamos, lo que escuchemos ni lo que padezcamos, Jesucristo sigue siendo la luz del mundo, la luz de México. Pero si las tinieblas no avanzan, la luz sí puede retroceder. Y este es nuestro reto, fielmente sustentados en el espíritu de Cristo, debemos seguir iluminando con la luz que está en nosotros y no permitir que la luz de Cristo retroceda. No se trata de que nos entristezcamos al grado de la parálisis, ni de que nos enojemos con quienes viven en el engaño. Tampoco se trata de que nos desgastemos en discusiones estériles. Se trata de que, en medio de esta oscuridad, brillemos con la luz de Cristo.

Nuestros recursos son poderosos. Entre ellos, la palabra de Dios que es la espada que nos da el Espíritu Santo. Ef 6.17 Más poderosa aún que los machetes de San Salvador Atenco. Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón. Nada de lo que Dios ha creado puede esconderse de él; todo está claramente expuesto ante aquel a quien tenemos que rendir cuentas. Heb 4.12-13

No debemos olvidarlo, somos el pueblo de la Palabra.

Recomendaciones para leer la Biblia

23 noviembre, 2009

Por Jorge Juan Olivera

Si bien hay muchos hábitos de santidad que debemos desarrollar a lo largo de nuestra vida, la lectura diaria y metódica de la Biblia es de una importancia suprema.
Podemos medir nuestro crecimiento en la fe por nuestro amor por las Escrituras. A medida que crecemos en nuestra vida espiritual más deseamos encontrarnos cada día con Dios a través de la Palabra, y sabemos que algo anda realmente mal cuando perdemos nuestro apetito por la lectura diaria de la Biblia.

Permítanme enumerar algunos principios que nos ayudarán a mejorar nuestra relación con la Palabra de Dios.

1. Comience y termine su tiempo de lectura bíblica con oración. No lo haga como si fuera un rito sino porque la verdadera revelación viene únicamente de Dios a través de su Espíritu Santo. Es muy importante que de esta manera demostremos nuestra dependencia de Dios. Por lo tanto, pida la guía del Espíritu Santo para su lectura diaria. No dude, también, de orar en medio de la lectura. A veces el Espíritu nos lleva a alabar o adorar al Señor por lo que estamos leyendo o por algo que nos ha revelado. Luego siga con la lectura, y al finalizarla, pídale a Dios que la Palabra leída produzca fruto en su vida.

2. Reserve un tiempo, cada día. No permita que este tiempo sea «en algún momento del día». Reserve un tiempo especial para emplear en la lectura de la Biblia. Planéelo. Escríbalo en su agenda. Haga que ese tiempo se convierta en algo santo, separado especialmente para escuchar a Dios. Esté atento a sus palabras.

3. Una parte esencial de su vida. Si bien no es imprescindible hacerlo a la mañana, sí es imprescindible hacerlo en un momento del día cuando todos sus sentidos estén completamente alertas y dispuestos a recibir la Palabra de Dios. Para algunos este momento será a la noche; quizás después de que los niños vayan a la cama. Para otros, este tiempo será a la mañana temprano, para ofrecer los «primeros frutos» a Dios. Lo importante es que este tiempo del día que separemos para Dios se convierta en una parte esencial de nuestra vida.

4. Lea la Biblia metódicamente. Utilice el método de su preferencia, pero lea la Biblia con miras a leerla en su totalidad. Si bien la Biblia es un conjunto de 66 libros, el mensaje es uno solo. Quizás, leer la Biblia en un año podría ser un buen método. Quizás, emplear más tiempo puede ser lo mejor para usted. Tal vez, leer los evangelios en dos años puede ser la opción que usted elija, a fin de degustar cada enseñanza y cada episodio en la vida de Jesús. Pero no la lea como si fuera un libro cualquiera, sin un plan de lectura conciente y lógico que lo ayude a comprender la Palabra de una manera integral. Tampoco la lea como si fuera un libro mágico, abriendo la Biblia al azar para ver «que tiene Dios para decirle».

5. Use un bolígrafo y algo para anotar. Nunca sabrá qué puede revelarle el Señor ese día. ¡No querrá olvidarse! Acostúmbrese a anotar sus hallazgos. También puede ser importante hacer anotaciones en los márgenes de su Biblia. Con el tiempo su Biblia se convertirá en su propio comentario y diario espiritual.

6. Lea la Biblia como la revelación de Dios. Aunque es un libro de historia, ciencia y conocimiento, esencialmente la Biblia es el mensaje que Dios dejó para el hombre. Recordemos que el mensaje de Dios consta de un Antiguo Testamento (AT) y un Nuevo Testamento (NT). Ambos conforman un único mensaje de salvación. Esté atento a cómo el NT se relaciona al AT, y cómo el AT se refleja en el NT.

7. Lea la Biblia en su contexto. No olvide que la primera regla de interpretación bíblica es interpretar la Biblia con la Biblia. Cuando lea los evangelios o las cartas recuerde que muchos pasajes se registraron en varias partes de la Escritura. Compárelos. Analícelos en su conjunto. Busque la guía de Dios para ello.

8. Considere los tipos de literatura. No es lo mismo leer una narración que una parábola. No es igual leer una profecía del AT que un Evangelio. En la Biblia hay distintos tipos de literatura. Téngalos en cuenta para una mejor interpretación.

9. Busque crecer con la lectura bíblica. En la Biblia Dios nos enseña aquellas verdades que necesitamos para comprender y así poner en práctica el verdadero sentido de la salvación. Pregúntese qué le está diciendo la Biblia. Qué le dice Dios en ese día y busque obedecerlo.

10. No dude en utilizar comentarios bíblicos. A veces lo que Dios ha dicho a otros antes, puede ser de mucha utilidad para nuestra vida. Ayúdese con otros libros que iluminen su lectura y compare sus hallazgos personales con lo que Dios le dio a otros antes que usted.

A través de su Palabra, Dios nos fortalece y nos renueva cada día. Con la guía del Espíritu Santo podemos hacer de nuestro día algo especial, si lo comenzamos leyendo la Biblia, y dejamos que la Palabra nos ilumine, nos confronte, y nos exhorte. Recordemos que la Biblia es «una lámpara para nuestros pies y una luz que alumbra nuestro camino» (Salmos 119.105).

©Sociedades Bíblicas Unidas, 2009.