Que Guarden Todas las Cosas

Mateo 28.19-20

La vida es demasiado compleja y sutil, las personas somos demasiado distintas, las situaciones son demasiado íntimas, como para que todo quepa en los libros de jurisprudencia. Lo mismo que nadie puede ser libre en tu lugar, también es cierto que nadie puede ser justo por ti si tú no te das cuenta de que debes serlo para vivir bien. (Savater, F. 2008)

Con tan impactante declaración, Savater descubre que la complejidad de la vida no sólo tiene que ver con las personas con quienes nos relacionamos,ni con las circunstancias que enfrentamos. También tiene que ver, y creo que de manera esencial, con nuestra capacidad para ser libres en toda circunstancia y actuar con justicia en toda situación que enfrentamos. El mismo Savater propone que la libertad no es otra cosa sino la capacidad para ser humanos, hombres humanos, acotaríamos. Y, la justicia, no es otra cosa sino aquello que Dios ha establecido como lo bueno.

Pero, si la vida es demasiado compleja y sutil, ¿cómo ser hombres y mujeres libres ante las circunstancias que pretenden poseernos? ¿Cómo saber elegir lo bueno y perseverar en ello, independiente de las circunstancias que enfrentamos?

En la búsqueda de la respuesta a tales inquietudes vitales conviene recordar el contraste contenido en Juan 10.10. En tal pasaje, nuestro Señor Jesús dice, refiriéndose al diablo que el ladrón viene solamente para robar, matar y destruir. Mientras que Jesús ha venido para que tengamos vida, y para que la tengamos en abundancia. DHH

Los contrastes implícitos en tal declaración son: esclavitud e ignorancia vs. libertad y conocimiento. La obra del diablo culmina en que la persona pierde la libertad para ser plenamente humana y, por lo tanto, tiene oscurecido el entendimiento. Ante las diversas circunstancias de la vida compleja y sutil, actúa bajo el poder de sus pasiones desordenadas y camina por caminos que le parecen rectos y al final son caminos de muerte. Prov 14.12

San Juan nos dice que quienes vencen al maligno son aquellos en quienes la palabra de Dios permanece. El poder que nos da la victoria es resultado de nuestra estrecha comunión con Cristo y esta es, a su vez, resultado de nuestra obediencia a su palabra. Juan 15.14 Cuando la palabra de Cristo abunda en nosotros, nos enseña y nos amonesta, nos muestra lo que es justo y lo que no lo es. Además, al estar en comunión con Cristo, su Espíritu  en nosotros confirma día a día la realidad de nuestra libertad. Gal 5.1

Ha sido necesario abundar en lo anterior para que comprendamos la importancia que tiene el que cumplamos con la instrucción que Jesús nos da: … enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado. Mt 28.20

La base, el cimiento de nuestra fe, es la palabra que hemos recibido. La fe viene por el oír de la palabra, asegura Pablo. Ro 10.17 El sustento de nuestra fe no es nuestra experiencia, tampoco la religión de nuestros padres, mucho menos nuestras sensaciones o emociones. La base de nuestra fe es, hay que repetirlo, la palabra recibida. De ahí la importancia de que conozcamos las enseñanzas de Cristo contenidas en su Palabra, la Biblia.

Experiencia, tradición, sensaciones y emociones no siempre resultan suficientes ante la vida demasiado compleja y sutil. La palabra de Cristo sí lo es, es suficiente por cuanto tiene vida y poder. Porque es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón. He 4.12

Como un espejo, la Palabra, muestra lo aparente de los otros, de las cosas que nos ocupan y preocupan, de nosotros mismos, etc. Pero, hace más, mucho más, llega al fondo del asunto, revela lo que está oculto… y nos muestra el camino de la vida. Por medio de ella es que también el Espíritu Santo nos guía a toda verdad, haciéndonos libres y capaces de abundar en justicia haciendo lo bueno. Jn 8.32; 16.13

Para que nosotros seamos hallados discípulos fieles y testigos beneficiados de la vida abundante que Cristo nos ha traído; para que podamos cumplir con la tarea de ir y hacer discípulos, necesitamos abundar en la palabra recibida. Es al través de ella, conforme la hacemos nuestra, que Dios produce en nosotros tanto el querer como el hacer. Fil 2.13

Por ello mi exhortación para que hagamos nuestro el reto de abundar en el conocimiento de la palabra de Dios. Que la leamos, la conozcamos, que nos alimentemos de ella. Más aún, que nos volvamos en hacedores de la misma. Que la llevemos a la práctica en nuestro quehacer cotidiano. Que nuestras relaciones, nuestras actitudes y acciones estén premiadas por lo que la palabra nos enseña. Estoy seguro que, al hacerlo así, seremos verdaderamente hombres y mujeres libres y justos. Capaces de enfrentar la vida demasiado compleja y sutil exitosamente, para honra y gloria de Dios, sí, pero también para nuestro propio beneficio y nuestra edificación.

 

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