¿Qué Tienes en la Mano?

Publicado 2 septiembre, 2012 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Agentes de Cambio, Conversión, Discipulado, Esperanza

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Éxodo 4.1-12

Moisés, ese conocido personaje bíblico, bien puede ser considerado un arquetipo de lo que implica el ser una persona humana. En particular, en Moisés se hace evidente que la vida es un proceso que los humanos vivimos de etapa en etapa, siempre en transición. Mientras vivimos, pasamos de un modo de ser o estar a otro distinto, constantemente. Nada permanece estático ni es, en sí mismo, definitivo. Sin embargo, conviene tener en cuenta que la forma en que enfrentamos cada etapa del proceso tiene el poder y la capacidad para hacer de la misma algo definitorio, lo que define o marca la diferencia entre lo que nuestra vida es y lo que pudo ser.

Lo que resulta aplicable en este caso a las personas humanas, también lo es para los organismos tales como las congregaciones cristianas. También estas viven siempre en un estado de transición constante, y la forma en la que viven cada etapa puede hacer de algunas de estas la razón que las define tanto en su ser como en su quehacer. De ahí la importancia de que nos acerquemos a un momento crucial en la vida de Moisés y nos preguntemos de su pertinencia en el momento que encaramos como congregación.

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Pertenencia, Trascendencia, Complementariedad

Publicado 26 agosto, 2012 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Agentes de Cambio, Iglesia Primitiva

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Una de las cuestiones torales que evidencia el libro de los Hechos de los Apóstoles es la conjunción existente entre el quehacer del Espíritu Santo y el quehacer de la Iglesia. En efecto, en la vida de la iglesia primitiva encontramos una coordinación fundamental, de recursos y participación, en la que el quehacer de uno no limita ni sustituye al quehacer del otro. Por el contrario, es el quehacer del uno lo que perfecciona y empodera el poder del otro, logrando así una sinergia que explica el poder transformador de las personas que quedan expuestas al quehacer del Espíritu Santo y de la Iglesia.

De la lectura de los Hechos de los Apóstoles podemos concluir que son, cuando menos, tres las condiciones fundamentales[1] que distinguen el quehacer dinámico de la iglesia primitiva. Estas son: su sentido de pertenencia, su sentido de trascendencia y su sentido de complementariedad. Utilizamos la expresión sentido de, en cuanto a la capacidad que la iglesia primitiva desarrolló, inspirada y animada por el Espíritu Santo, para entender y discernir su momento y tarea. Este entendimiento resulta de una profunda comunión con el Señor de la Iglesia, Jesucristo, y un profundo compromiso con el destinatario de la obra redentora, la humanidad toda.

Ahora bien, al aproximarnos a las características antes mencionadas, conviene que lo hagamos tanto como el planteamiento de una propuesta a seguir, como elementos de evaluación a nuestro ser y quehacer como iglesia. Es decir, al establecer nuestro propósito de adoptar y adaptar el modelo de la iglesia primitiva a nuestra condición de iglesia, necesitamos preguntarnos dónde estamos, qué es lo que nos motiva y lo que hacemos como iglesia. Ello propicia el arrepentimiento y la conversión a los que somos llamados en el proceso de crecer y servir como una comunidad de creyentes que se asumen agentes de transformación en los cuales el reino de Dios se hace presente. Veamos,

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Comunidad del Reino, una Comunidad de Amor

Publicado 12 agosto, 2012 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Agentes de Cambio, Amor cristiano, Gran Comisión

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Nuestra Visión

Desarrollar una red de Casas de Pan que sirvan como lugares de encuentro y crecimiento de las personas interesadas en vivir y propagar los valores del Reino de Dios.

Hechos 2.41-47

Esta semana, alguno de ustedes me preguntaba sobre las bases bíblicas que sustentan el modelo de iglesia celular, en la que pretendemos convertirnos. Agradezco la oportunidad para volver al tema y, sobre todo, para animarlos a que no desmayemos en el cumplimiento de nuestra Visión.

La primera consideración que debemos hacer es que la vida cristiana es, por excelencia, una vida comunitaria. Es decir, el cristianismo no se agota ni se cumple en la experiencia personal, aislada, intimista de las personas. De acuerdo con nuestro pasaje: Los que creen, se unen a los demás creyentes y se congregan regularmente.

Nuestra segunda consideración consiste en destacar que esta progresión: creer – unirse – congregarse, se da en lo cotidiano. Se trata de un proceso que se vive diariamente y que tiene que ver con el todo de nuestra vida. Aquí cabe hacer un rápido paréntesis respecto del templo y su significado en la vida cristiana.

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