Génesis 2.24
La familia empieza siendo la pareja. Son los esposos quienes se unen inicialmente, por lo que los hijos son sólo consecuencia del ser familia de la pareja. La unión de la pareja, la calidad y fortaleza de la misma, determina el carácter de la familia. Resulta interesante que el término hebreo dabaq, que se traduce como: se unirá a su mujer, significa literalmente: pegarse, adherirse a. Del mismo vienen las palabras cola o pegamento. Por lo que quien decide unirse a otra persona en matrimonio, adquiere la obligación de participar íntimamente de lo que la misma es. Al proceder así, los esposos se convierten en una sola y única semilla que dará luz a una familia, también una sola y una única. Mientras más uno sean los esposos, más definido y equilibrado resultará el todo de la familia.
Si, como hemos dicho, nuestra identidad determina nuestra razón de ser, nuestra misión en la vida entonces vive sabiamente quien sabe quién es y cuál es su para qué. La sabiduría consiste en el desarrollo y fortalecimiento de la integridad de la persona. Es decir, del cultivo de la capacidad para hacer la vida de acuerdo con quien se es. En esto consiste la perfección de la vida, en hacer lo que es conforme a la identidad propia.
De la expresión guerra espiritual, hay muchas interpretaciones y otras tantas consideraciones. En lo particular considero que la guerra espiritual no se da, ni exclusiva ni prioritariamente, en el aire, sino en el corazón de los creyentes y los no creyentes. Es dentro de nosotros que libramos las batallas contra los principados y autoridades espirituales subordinadas. Y creo, también, que una de las expresiones de tal guerra espiritual es la fuerte atracción que, como personas, y aún como sociedad, sentimos hacia el estatus quo, a mantener las cosas como están, a no hacer olas. El seudobeneficio del estatus quo es la tranquilidad, la comodidad, la ausencia de dificultades. Sin embargo, el factor psicológico de tal propuesta, como tantos otros engaños de Satanás, es que nos impide asumir que en la mayoría de los casos el mantenimiento del estado actual de las cosas sólo traerá una mayor descomposición de la vida personal, familiar y social.
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