Posted tagged ‘Somos Diferentes’

Como pie derecho en zapato izquierdo

30 junio, 2019

Hechos 10.9-23 NTV

iCP Retos a la fe 2019 2Nuestro Señor Jesús le dijo a Nicodemo que los que nacen del Espíritu son como el viento, ignoras de dónde viene y a dónde va. Es decir, son animados por Dios siempre a lo nuevo, a lo diferente, más aún, a lo mejor. Proverbios 4.18 Como hemos visto, ello se debe al hecho de que quien ha nacido de nuevo se encuentra bajo el reino de Dios, bajo su gobierno y, por lo tanto, vive realmente la novedad de vida a la que ha sido llamado.

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Vivan una vida digna de su llamado

2 junio, 2019

2Pedro 1.10 NTV[i]; 2 Tesalonicenses 1.11[ii]

iCP Retos a la fe 2019 2Somos diferentes porque somos llamados. Llamados a salvación y llamados a servir. Ello implica que nuestro llamamiento da sentido y propósito a nuestra vida. Le da sentido porque le da razón de ser, esta es la que explica el por qué existimos. Nuestra razón de ser es Dios, existimos para que él sea glorificado en nosotros. Isaías 43.7; Romanos 14.7,8  Es decir, para que seamos instrumentos y colaboradores de su propósito eterno: la salvación de la humanidad. Nuestro llamamiento establece el propósito, es decir, la finalidad personal y comunitaria de los creyentes. Se trata de la tarea particular que se les llama a realizar con el fin de colaborar para hacer posible el propósito divino. De esta manera, nuestro llamamiento afecta de manera integral el todo de nuestra vida en cada una de sus esferas: personal, familiar, vocacional, laboral, etc.

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Propuso en su corazón no contaminarse

29 octubre, 2017

Daniel 1.6-17

De tanto en tanto la predicación parece una cuestión ridícula, una locura, un sinsentido. 1 Corintios 1.21, 22 Para algunos así puede parecer nuestra aseveración de que los creyentes somos diferentes porque hemos sido llamados individual y personalmente para vivir en comunión con Dios y con su iglesia. Mayor tontería puede parecer el que ahora digamos que no solo somos diferentes, sino que también somos privilegiados.  Es decir, que gozamos de características y cualidades que nos hacen excepcionales, lo que nos permite destacar entre quienes no gozan de la gracia de Dios. A los filipenses (2.15), el Apóstol les recuerda que deben vivir de acuerdo con su llamamiento pues, les dice: Entre ellos brillan ustedes como estrellas en el mundo.

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Todo lo que Hagan o Digan

19 enero, 2014

Colosenses 3.16 y 17; Juan 15.1 y 2

Hemos dicho que nuestro primer pensamiento gobernante consiste en asumir que hemos sido llamados a santidad. Desde luego, santidad es sinónimo de pureza moral. Sin embargo, propongo a ustedes que esta resulta irrelevante y hasta estéril cuando desconocemos que santidad es, ante todo, consagración. Esta significa, como hemos dicho, esa disposición a entregar el todo de nuestra vida al Señor. Vive consagradamente quien vive su vida con propósito, quien está lleno del propósito de hacer todo para el Señor. Colosenses 3.17

A quienes les resulta agresiva la idea de vivir para Dios, conviene recordarles que la Biblia dice que todo lo que tenemos: la vida misma, los recursos, las capacidades, los medios, etc., proviene de Dios. Santiago 1.16 y 17 Pablo nos recuerda que los recibimos como dones y que estos responden a dos razones: el amor del Señor que explica que recibamos aquello que no merecemos, y el interés del Señor de bendecir a otros al través de nuestra ministración. 1 Corintios 12. ; 1 Pedro 4.10 La Biblia nos enseña, también, que aunque Dios ha delegado en nosotros la administración de tales dones, él sigue siendo el Señor, dueño, de los mismos. Por ello es que el Señor participa activamente en nuestro quehacer cotidiano. Lo hace, podando cuando lo que hacemos lo hacemos en conformidad con su propósito. Esta poda consiste en el hecho de que él quita aquello que puede estorbarnos, facilitando la realización de nuestra tarea, capacitándonos y empoderándonos, abriendo espacios de oportunidad cada vez más significativos y poderosos. Pero, también, participa cortando las ramas que no dan fruto. Esto no significa literalmente que él nos separe de su Cuerpo, la Iglesia, sino que nos quita la autoridad, el poder hacer, con los dones y las oportunidades que los mismos representan para entregárselos a otros que sí cumplan el propósito divino. Juan 15.1 y 2; Mateo 21.43

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