Archive for the ‘Perdón’ category

Perdonar en la familia

19 julio, 2026

Efesios 4.31,32

Una de las cuestiones más sensibles que distinguen a la sociedad contemporánea es el deterioro de la familia como una institución viable y apetecible. Es notorio que una de las razones que muchos de quienes se niegan a formar una familia es su propia historia familiar. No son pocos los que argumentan para justificar su no casarse, su no tener hijos, su no comprometerse en la formación de una nueva familia, que no quieren que a ellos les pase lo que a sus padres o que sus hijos tuvieran que vivir lo que ellos vivieron.

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Perdonar, perder para ganar

26 febrero, 2017

Marcos 11.22-26 NTV

Las dinámicas relacionales de hoy en día, desde las más íntimas hasta las macro sociales, hacen del tema del perdón una cuestión de actualidad y del acto de perdonar una necesidad cada vez más sentida. El no perdonar abre la puerta a espirales de incomprensión, intolerancia y violencia crecientes. En estas, tanto los que han sido lastimados como aquellos que les han ofendido se mantienen atrapados en una constante de rencor que termina por marcarlos y, no pocas veces, por destruirlos. Lo más difícil resulta del hecho de que a mayor cercanía, mayor la necesidad del perdón, pero, también la dificultad de hacerlo.

La aseveración que Jesús hace, que si creemos de verdad podremos decir a la montaña levántate y échate al mar, y sucederá, no deja de resultarme conflictiva. Me pregunto cómo es que algo en apariencia tan sencillo como creer y decir, puede resultar tan difícil de concretarse. También llama mi atención que sea en el contexto de tal aseveración que el Señor nos exhorte a que cuando estemos orando, primero perdonemos a todo aquel contra quien guardemos rencor. Y, añade, para que su Padre que está en el cielo también les perdone a ustedes sus pecados.

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Restaura en mi la alegría de tu salvación

18 diciembre, 2016

Salmos 51 NTV

El Salmo 51 hace evidente que David era un hombre en conflicto. Vivía una realidad que era ajena a su ser. Lo que hacía no estaba en correspondencia con lo que David sabía que era. Él era un hombre temeroso de Dios que había pecado. Era un hombre sensible y deseoso de agradar al Señor; al mismo tiempo, el mismo que actuaba egoístamente, lastimaba a otros y terminaba ofendiendo a aquel a quien deseaba agradar.

El conflicto de David era provocado por el hecho de que lo que hacía, por más que abundara en ello, no lo hacía otra persona. La abundancia de su pecado, lo frecuente de sus faltas, no lograban transformarlo en una persona diferente. No lograban quitar su temor de Dios, ni acallaban el llamado de su corazón para buscar el rostro del Señor. Muchos de nosotros podemos comprender el conflicto de David. Amamos a Dios, sin lugar a dudas, pero igual lo ofendemos. Nuestras muchas faltas no logran destruir nuestro amor por lo bueno y nuestro deseo de vivir dignamente.

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