Archive for the ‘Agentes de Cambio’ category

No lo que haces, sino quién eres

17 enero, 2016

Efesios 1.3-11

No pocos cristianos han aprendido que su salvación, el obtenerla y el mantenerla, depende de lo que ellos hacen. Han aprendido que, para ser hijos de Dios, deben hacer o dejar de hacer aquello que entienden como condición para ser salvos. Este conocimiento se traduce en temor constante de no dar la medida y, por lo tanto, en la no confianza en la suficiencia de la gracia. La expresión visible de tal convicción es el moralismo. Es decir, la exaltación y defensa de valores que son resultado de una selección consciente e inconsciente altamente influenciada por factores culturales antes que bíblicos.

Caminar el camino de Cristo animados por tal presunción, la de la importancia de las buenas obras, pervierte el propósito divino y, en buena medida, lo impide. Dos son las razones para ello. Empecemos por la segunda. Presentar un evangelio que se sustenta en las buenas obras como condición para ser aceptado por Dios atenta contra el interés y la disposición de los no creyentes para oír a, y de Cristo. Ello se debe al hecho de que los no creyentes están conscientes de la imposibilidad de cumplir con estándares tan altos como los que se les presentan. Además de que perciben el fariseísmo de los creyentes que han aprendido a maquillar su propia incapacidad para hacer buenas obras sustentados en su propia capacidad y deseo al mismo tiempo que exigen de los catecúmenos el cumplimiento de los estándares de aceptación que ellos mismos no pueden cumplir.

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Identidad en Cristo, clave del sentido de la vida

10 enero, 2016

Efesios 2.10

Volvemos a uno de los pasajes más reveladores del sentir de Dios acerca de nosotros. Desde el contraste de su perfección Dios no nos menosprecia, nos considera su obra maestra, según el testimonio de Pablo. Es esta una declaración sólo comprensible a la luz de la gracia divina, pues se refiere a la obra salvífica de Dios en Cristo. Dios nos ha rehecho, nos ha vuelto a crear. En Cristo y por él hemos dejado de ser y hacer lo que éramos antes de ser redimidos por su sangre preciosa.

Pablo destaca que la característica principal de nuestro antes de Cristo es que seguíamos los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Aquí Apóstol explica lo que significa vivir animados por la inercia, esa resistencia que oponen los cuerpos a cambiar el estado o la dirección de su movimiento. De un plumazo, Pablo revela la incapacidad de que padecíamos antes de Cristo para sobreponernos a las presiones internas y externas que nos mantenía esclavos de nuestros temores, deseos desordenados y heridas. Sin Cristo, asegura el Apóstol, estábamos muertos por causa de nuestros pecados. Es decir, viviendo sin vivir, sepultados en vida, incapaces de ser los que Dios creó a su imagen y semejanza. Vivíamos llevados por la inercia de nuestros sentidos y nuestros deseos desordenados.

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Crezcamos en todo

3 enero, 2016

… hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo. Efesios 4.15

La lectura de las cartas pastorales, en particular, nos revela que la iglesia está siempre enferma y siempre sana. Enferma, por la inmadurez de sus miembros y congregaciones. Sana, porque como cuerpo suyo, Cristo la perfecciona y se la presenta a sí mismo sin mancha ni arruga ni ningún otro defecto. Efesios 5.27 Desde luego, esta doble condición de la iglesia ejerce una presión constante entre sus miembros y congregaciones. Hasta puede provocar desánimo y decepción. Sin embargo, vemos que la Biblia asume esta realidad y hace de ella el punto de partida para animar a los cristianos a crecer en todo sentido. Es decir, en el entendimiento de la vida en Cristo y en la forma de discernir, juzgar, las cuestiones relativas a la misma en la comunidad de fe que es la iglesia.

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