Archivo para marzo 2013

He Visto al Señor

31 marzo, 2013


Juan 20.1-19

Si algo se hace notorio en la Semana de la Pasión, es la madurez de Cristo. Hay quién ha dicho que la madurez consiste en hacer lo que conviene hacer, independientemente de si nos resulta fácil o agradable hacerlo. El testimonio de Jesús se convierte en un imperioso llamado para que maduremos. El recordatorio de su vida y de la congruencia. Una y otra vez hablamos sobre la imperiosa necesidad que tenemos de madurar, de crecer en Cristo. Estoy seguro que algunos esta semana, al reflexionar en la obra de Cristo, se propusieron madurar y quizá hasta elaboraron una lista sobre las cosas que debían hacer y las que no. En algunas han avanzado y en otras no. Pero, ¿estamos madurando?

La palabra madurez viene del griego teleios que significa habiendo alcanzado su fin, acabado, completo. Esta es la misma palabra para perfecto, así que madurar es hacerse perfecto y madurez es perfeccionar. ¿Quién puede hacerse perfecto a sí mismo? Nadie. Por lo tanto debemos preguntarnos qué es lo que nos permite madurar. Qué es, precisamente, lo que debemos hacer para estar en condiciones de ser perfectos. La respuesta es terriblemente sencilla, la madurez la alcanzamos cuando estamos henchidos de Cristo (Ef 4.13 LBAD). Esta expresión se traduce como “crecer en todo hacia Cristo”, en DHH y, hasta que todos lleguemos a… la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, RVA. En Efesios, Pablo se refiere a Cristo como el varón perfecto. Los creyentes, sus discípulos, debemos vivir en unión vital con él, enraizados en él, y nutrirnos de él. Manteniendo un ritmo de crecimiento en el Señor, y fortaleciéndonos y vigorizándonos en la verdad.

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El Perdón, Testimonio del Amor

24 marzo, 2013

Efesios 4.32; Colosenses 3.13

Al inicio de la Semana Santa podemos cuestionarnos respecto de lo que la misma representa, significa, nos dice a cada uno de nosotros. Desde luego, más allá de los detalles cruentos a los que acostumbramos prestar atención, el hecho es que esta conmemoración hace evidente el amor incomparable de Dios por la humanidad, por nosotros. Pero, contra lo que podría suponerse, la expresión del amor no es ni la entrega, ni el sufrimiento de Cristo. Lo que hace evidente el amor de Dios es que, en Cristo, él ha dispuesto todo lo necesario para que nosotros alcancemos su perdón.

Sí, el resultado final de los acontecimientos de Semana Santa es que quienes hacemos nuestro el sacrificio de Jesucristo y nos identificamos con él en el bautismo, somos reconciliados con Dios y participamos de una relación de amor. Esto es posible porque Dios ha perdonado nuestros pecados y nos ha hecho hijos suyos. Sabemos que el amor de Dios le ha llevado a tomar la iniciativa en su acercamiento a nosotros. Pero, también sabemos que él ha hecho la provisión de los recursos necesarios para que su propósito pudiera cumplirse y, sabemos también, que Dios ha estado dispuesto a pagar grandes precios para estar en relación con nosotros.

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Procuren Llevar una Vida Santa

17 marzo, 2013

Hebreos 12.14-16 NTV

Dicen que la inflación de las palabras produce la devaluación de las mismas. Tal pareciera que algo así ha sucedido con la palabra santidad y sus derivadas. Tanto se ha mencionado, tantos son los que hablan de santidad que, pareciera, no sólo las palabras que la definen sino la santidad misma ha perdido su trascendencia e importancia en la vida cotidiana. Sin embargo, la Biblia, la Palabra de Dios, sigue insistiendo en su exhortación para que procuremos llevar una vida santa ya que, nos advierte, los que no son santos no verán al Señor.

Como sabemos, la palabra santo significa un estado de pureza. Aún cuando, dada nuestra condición humana, no podemos evitar del todo la práctica del pecado, somos animados a procurar, a esforzarnos para llevar una vida santa, a mantenernos en un estado de pureza. Cabe señalar que la exhortación contenida en nuestro pasaje se da en un contexto de conflicto. El verso doce nos anima a renovar las fuerzas de las manos cansadas y a fortalecer las rodillas debilitadas. El verso trece, por su lado, nos anima a trazar un camino recto para nuestros pies. Indicando que si lo hacemos así, los débiles y los cojos no caerán, sino que se fortalecerán.

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