Archivo para octubre 2012

Jesús y la Esposa Infiel

28 octubre, 2012

Juan 8.1-11

Juan nos presenta dos relatos, mezclados uno con el otro. Como suele suceder, el relato central, la enseñanza más importante, no es el que aparece a primera vista. Generalmente, tratándose de este pasaje, el énfasis se coloca en el hecho de que Jesús evidencia la injusticia y el pecado de los acusadores de la mujer infiel. Pero, si bien es cierto que la enseñanza que se deriva de tal acto de Jesús es importante, me parece que resulta de mayor importancia el contenido del diálogo íntimo entre Jesús y aquella mujer.

De acuerdo con la traducción DHH, el diálogo entre Jesús y la esposa infiel es de apenas veinte palabras. Jesús usa ocho palabras para establecer el cómo de su relación con aquella mujer y, al mismo tiempo, el cómo de la liberación de la misma. Primero, el Señor establece que él, a diferencia de los demás hombres en relación con la mujer, no la condena, no la sentencia. Es decir, Jesús no asume como definitoria la conducta de la mujer y, por lo tanto, no considera que ella deba permanecer atada ni a su conducta, ni, necesariamente, a las consecuencias derivadas de la misma. Para entender mejor mi propuesta, déjenme considerar lo siguiente.

En pocos, muy pocos casos, la infidelidad es una expresión de la libertad del infiel. Se trata, más bien, de una de las más complejas y dolorosas expresiones de lo que hoy llamados codependencia. De la pérdida de la identidad de la persona y, por lo tanto, de la pérdida de su individualidad y su autonomía respecto de los demás. Las personas son libres de tomar las decisiones que quieran, sean o no convenientes, asegura Pablo. De ahí, que una persona casada que ya no ama a su esposo tiene el derecho y la libertad de dar por terminada tal relación. Sin embargo, quien insatisfecha con su relación matrimonial permanece en ella y al mismo tiempo se compromete en otra relación afectiva, no está actuando en libertad ni con dignidad. Hay algo en ella que le impide asumir la responsabilidad de su dignidad y permanece en una relación que cada vez más le ofende, la somete a la indignidad y la pone en riesgo creciente.

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Jesús y Zaqueo

21 octubre, 2012

Lucas 19.1-9

La estatura está asociada, en no pocas culturas, con el éxito, más aún, con el valor de la persona. Se asume que mientras más importante, más capaz, más alto. Por el contrario, una menor estatura hace de la persona alguien de menor importancia. Este mito, que no tiene ningún fundamento, ha marcado a muchos hombres y, en no pocos casos, ha sido la causa de sus conductas enfermas, disfuncionales. Muchas personas bajitas de estatura van por la vida esforzándose por demostrar que son tanto o más valiosas e importantes quienes son más altos que ellos.

Pareciera ser este el caso de Zaqueo, uno de los hombres que se encontraron con Jesús. Lucas lo describe como un hombre rico, jefe de los cobradores de impuestos para Roma. Se trata, nos dice Lucas, de un hombre que se hizo rico traicionando y explotando a los suyos, a sus hermanos de raza. Pero, también de un hombre que se ha destacado en tal tarea al grado que se ha convertido en el jefe de todos los que han traicionado y explotado  a los suyos ¿Cómo puede un hombre llegar tan lejos en su menosprecio por los demás? ¿Qué anima a un hombre a lastimar sin misericordia a los que debiera proteger o, cuando menos, tratar como a sus iguales?

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El Amor de Una Mujer de Mala Vida

14 octubre, 2012

Lucas 7.36ss

Las mujeres viven en un mundo de hombres. No sólo porque a nivel mundial es ligeramente mayor el número de hombres que el de mujeres, sino que, aún en los lugares donde el número de mujeres resulta mayoritario, estas siguen viviendo en función de lo que los hombres creen, deciden y hacen.

Nuestra historia refleja bien esta cuestión. Una mujer, desconocida, se introduce sin invitación a un santuario de hombres, la casa de un fariseo. A tal osadía, añade una más, lavó los pies del Señor con sus lágrimas, los perfumó, los secó con sus cabellos y los besó amorosamente. Como en muchos casos, y las mujeres lo saben bien, ella y su conducta quedaron de inmediato bajo el juicio parcial de los hombres, mismo que se tradujo en su descalificación. Como mujer y pecadora, no tenía el derecho para hacer lo que hacía. Sus intenciones, dada su condición, quedaban en entredicho y daban pie a la sospecha. No sólo ello, al relacionarse con Jesús lo hacía partícipe de su propio descrédito, lo contaminaba y Jesús quedaba, por lo tanto, igualmente bajo sospecha.

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