Jesús y Zaqueo

Lucas 19.1-9

La estatura está asociada, en no pocas culturas, con el éxito, más aún, con el valor de la persona. Se asume que mientras más importante, más capaz, más alto. Por el contrario, una menor estatura hace de la persona alguien de menor importancia. Este mito, que no tiene ningún fundamento, ha marcado a muchos hombres y, en no pocos casos, ha sido la causa de sus conductas enfermas, disfuncionales. Muchas personas bajitas de estatura van por la vida esforzándose por demostrar que son tanto o más valiosas e importantes quienes son más altos que ellos.

Pareciera ser este el caso de Zaqueo, uno de los hombres que se encontraron con Jesús. Lucas lo describe como un hombre rico, jefe de los cobradores de impuestos para Roma. Se trata, nos dice Lucas, de un hombre que se hizo rico traicionando y explotando a los suyos, a sus hermanos de raza. Pero, también de un hombre que se ha destacado en tal tarea al grado que se ha convertido en el jefe de todos los que han traicionado y explotado  a los suyos ¿Cómo puede un hombre llegar tan lejos en su menosprecio por los demás? ¿Qué anima a un hombre a lastimar sin misericordia a los que debiera proteger o, cuando menos, tratar como a sus iguales?

Otra vez Lucas viene en nuestra ayuda. En su relato desliza una observación clave: Zaqueo era pequeño de estatura. NTV lo dice más claro: era de poca estatura y no podía ver por encima de la multitud. Se trata, entonces, de un hombre al que sus características físicas y emocionales lo definen y le impiden mantener una relación de igual a igual con sus semejantes. Nosotros conocemos a muchos que son como Zaqueo, quizá nosotros mismos nos parecemos a él mucho más de lo que quisiéramos aceptar. Lo que somos o no somos, lo que tenemos o lo que nos falta, nos define y determina el cómo nos relacionamos con los que nos rodean.

Zaqueo era un explotador que aseguró su vida a costa de los demás. No podía relacionarse con los demás sino en una relación de poder, en la que ni la razón, menos la justicia y mucho menos el amor, tenían nada que ver. Su papel era mandar y recibir y el de los demás someterse y aportar para su beneficio. Hay muchas personas que, lastimadas por lo que son o no son, van por la vida estableciendo relaciones injustas, de explotación y abuso de los que les rodean, aún de aquellos quienes los aman. Abusan, traicionan, lastiman buscando llenar sus vacíos, pero, cada vez están más llenos de nada y, aún rodeados por la multitud, viviendo la desesperanza de su soledad.

Nuestra historia nos muestra un par de cosas sumamente importantes. Jesús ama a esta clase de personas, se ocupa de ellas, las distingue entre la multitud. Por lo tanto, Jesús quiere establecer una relación restauradora con ellos. Por eso, como en el caso de Zaqueo, Jesús quiere hospedarse en su casa. Si seguimos a Pablo, la presencia de Jesús en la casa de Zaqueo es símbolo, señal, de la presencia de Jesús en el corazón de aquel hombre. Jesús quiere llenar los vacíos de Zaqueo, esos que explican su vida como explotador y traidor de sus hermanos. Jesús quiere buscar y salvar lo que estaba perdido en Zaqueo.

Hay quienes cada día tienen más y siguen estando vacíos. Quienes viven en conflicto constante con los suyos. Quienes siempre están a la defensiva y viendo a los demás como sus enemigos. Por ello son violentos en su trato, siempre insatisfechos y cada vez más resentidos con la vida. Nadie los entiende y cada vez son más los que los rehúyen. Pero, Jesús ha venido a su encuentro. Jesús los ama y Jesús quiere restituirles lo que la vida les ha despojado y darles la oportunidad de una nueva manera en que se relacionen con los demás. Como Zaqueo, que de explotador pasó a generoso. Que dejó de quitar, para empezar a dar. Dejó de estar a la ofensiva, para acercarse con mano generosa a quienes había lastimado.

La segunda cuestión importante que esta historia nos revela es que la acción de Cristo en nuestro favor requiere ser honrada en nuestra relación con los demás. Cosa curiosa es que Zaqueo no le hizo un regalito a Jesús, como testimonio de su gratitud. Lo que hizo fue beneficiar a los que había lastimado. Primero, compartiendo sus bienes con los pobres. Y, en segundo lugar, restituyendo a los que había explotado. Zaqueo compensó a los que había explotado. Lo que hizo fue igualar en sentido opuesto el efecto de una cosa con el de otra. Es decir, contribuyó de manera activa, responsable y generosa a que quienes habían perdido el equilibrio por el despojo sufrido, lo recuperaran. Fue más allá del simple peso por peso, a cuatro pesos por cada peso que había despojado.

Todo despojo tiene consecuencias colaterales. Provoca un efecto dominó, afectando todas las áreas de la vida de quien sufre la violencia, la injusticia, la opresión del otro. Jesús recuperó para Zaqueo lo que este había perdido. Zaqueo, en consecuencia, tenía que asumir la responsabilidad de ayudar a los que había lastimado mediante el despojo de sus bienes. De otra manera, su propia recuperación sería insuficiente y estaría en el riesgo de que se convirtiera en algo inútil y estéril.

Los padres que por sus complejos lastiman a sus hijos. Los esposos que por sus amarguras despojan del amor y la paz a sus cónyuges. Las personas que, insatisfechas consigo mismas van por la vida abusando de los demás, etc., todos son llamados a salvación en Jesús y a restituir a quienes han lastimado. Es cierto que muchas cosas ya no podrán ser las mismas. Las heridas dejan cicatrices. Pero, con una disposición de amor, respeto y solidaridad, podrán ayudar a los suyos para que puedan salir adelante ayudados por la provisión generosa que quien ha recuperado su identidad en Cristo les hace en esta nueva etapa de su vida.

Hoy invito a quienes van por la vida sin poder mirar por encima de la multitud, sin haber podido superar su pequeñez física, emocional, social, etc., a que vengan al encuentro de Jesús. Pero, también les invito para que una vez que han sido regenerados, se propongan devolver cuatro veces tanto de aquello que han despojado a quienes les aman. Así, el encuentro con Jesús dará lugar a una vida plena y fructífera para unos y para otros.

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