Posted tagged ‘Juicio’

El Amor de Una Mujer de Mala Vida

14 octubre, 2012

Lucas 7.36ss

Las mujeres viven en un mundo de hombres. No sólo porque a nivel mundial es ligeramente mayor el número de hombres que el de mujeres, sino que, aún en los lugares donde el número de mujeres resulta mayoritario, estas siguen viviendo en función de lo que los hombres creen, deciden y hacen.

Nuestra historia refleja bien esta cuestión. Una mujer, desconocida, se introduce sin invitación a un santuario de hombres, la casa de un fariseo. A tal osadía, añade una más, lavó los pies del Señor con sus lágrimas, los perfumó, los secó con sus cabellos y los besó amorosamente. Como en muchos casos, y las mujeres lo saben bien, ella y su conducta quedaron de inmediato bajo el juicio parcial de los hombres, mismo que se tradujo en su descalificación. Como mujer y pecadora, no tenía el derecho para hacer lo que hacía. Sus intenciones, dada su condición, quedaban en entredicho y daban pie a la sospecha. No sólo ello, al relacionarse con Jesús lo hacía partícipe de su propio descrédito, lo contaminaba y Jesús quedaba, por lo tanto, igualmente bajo sospecha.

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Una Nueva Forma de Juzgar

1 julio, 2012

Efesios 4.17-24

Cristo es subversivo. Los creyentes somos subversivos. Con él, revolvemos, perturbamos el orden que es ajeno al Reino de Dios. Cuando Cristo, la Palabra de Dios, llega a la vida de las personas, estas entran en un caos que siempre resulta necesario, puesto que Cristo viene a traer un orden distinto, un nuevo orden, el orden de Dios. “Dios [dice Pablo], es Dios de paz, y no de confusión”. Ello explica el llamado inicial de nuestro pasaje: “no vivan más como los paganos”.

El “vivir como los paganos”, es decir como los que no conocen a Cristo, se caracteriza por el aferrarse, conciente e inconcientemente, a patrones de pensamiento y conducta que no son propios de los seres humanos. Son formas de pensar y de actuar desordenadas que lo único que producen es mayor desorden en la vida. Con este viene el sufrimiento accesorio, propio y de otros, generalmente de los que más amamos. A fuerza de abundar en tal manera desordenada de vivir, las circunstancias nos resultan cada vez más naturales y por lo tanto, aceptables.

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