Posted tagged ‘Esperanza’

Pues nos ha Nacido un Niño

24 diciembre, 2012

Isaías 9.1-7

Los pasajes bíblicos relativos al nacimiento de Jesús registran una tensión entre el sufrimiento y la esperanza. Se trata tanto del sufrimiento de las personas en lo individual, como el del pueblo, de las gentes. Unos y otros, en tal estado de abatimiento, encuentran en el anuncio de Jesús el Mesías razón para la esperanza, esperanza que tiene que ver con la transformación integral de su realidad y el advenimiento de tiempos y circunstancias de paz.

Isaías hace Portal_de_Belen_Nacimiento_Jesusuna buena síntesis de la tensión a la que aquí nos referimos. Él asegura, hablando por mandato del Señor, que ese tiempo de oscuridad y de desesperación no durará para siempre. Que a la humillación sufrida, siguen tiempos llenos de gloria. Describe la caída de aquellos que lastiman, ya se trate de las personas que oprimen al pueblo de Dios, o a los espíritus o cosas contra los que los creyente luchan –podemos concluir-; y, lo hace de una manera poética: las botas de los guerreros y los uniformes manchados de sangre por la guerra, serán quemados.

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Perdona, Señor, mis Faltas Ocultas

15 enero, 2012

Salmos 19

Es este un hermoso salmo. En cierta manera es un salmo integrador. Une el todo de la Creación, con la hermosura y el poder de la Palabra, teniendo la comunión del hombre con su Señor como el propósito sustentador de todo lo que existe. En este salmo podemos ver el amor de Dios y la necesidad ansiosa del hombre que lo ama por gozar de su aceptación y comunión.

Una vez más nos encontramos ante un salmista sensible. El testimonio de la grandeza de Dios y de su incomparable poder, lleva al escritor sagrado a preguntarse respecto de su propia condición. El carácter de Dios siempre resulta contrastante del carácter del hombre. Sea que el primero se manifieste en las obras de su Creación, o en la riqueza y el poder de su Palabra, siempre contrasta, hace evidente, la naturaleza y condición del ser humano.

Sin embargo, para cada persona en particular, el elemento clave para tal contraste es, precisamente, la sensibilidad de la misma. Sólo quienes como resultado de su búsqueda amorosa de Dios ansían su presencia, pueden darse cuenta de lo que les une y de lo que les separa de Dios.

Tal el caso del salmista. Es una persona temerosa de Dios. Goza de su comunión con el Señor. La Palabra ha cumplido su propósito en él: le ha dado nueva vida, le ha hecho sabio, ha traído alegría a su corazón, ha dado luz a sus ojos, ha generado un temor limpio que permanece para siempre. ¿Qué más puede necesitar el salmista para estar en comunión perfecta con su Señor?

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Navidad, Tiempo y Razón para la Esperanza

24 diciembre, 2011

Lucas 1.46-55

Jesús, cuyo nacimiento recordamos esta Navidad, es la expresión absoluta del amor de Dios. Pablo dimensiona la calidad y el peso de tal amor al asegurar que cuando el pecado aumentó, Dios se mostró aún más bondadoso. Romanos 5.20 Y es esto lo que celebramos en Navidad, el amor incondicional de Dios, mismo que al obrar en nuestro favor añade, día a día a nuestras vidas, el don inmerecido de la bondad de Dios.

No es posible comprender el significado del nacimiento de Jesús si no nos aproximamos al cántico de María, su madre. Ella hace referencia a una realidad humana caótica, en la que lo bueno ha sido desplazado por lo malo, la opresión ha sustituido a la justicia y la paz ha sido alejada por la violencia. María entiende que el nacimiento del niño Jesús significa la recuperación del orden divino y, por lo tanto, el término del caos personal y social que afecta a las personas.

Desde luego, María canta con el convencimiento de la fe. De hecho, lo único que tiene es la promesa recibida. Pero, se trata de una promesa embarazada, es decir, de una promesa que ya ha empezado a gestarse, a hacerse realidad, en el niño que está por nacer.

En María descubrimos, entonces, el qué y el cómo de la fe. La fe es confianza, pero confianza que se va adquiriendo al reconocer lo que Dios ya está haciendo en nosotros. Podemos decir que Dios no pide a nadie que crea en lo que está por venir, sin que, al mismo tiempo, anima la fe mediante las obras de gracia que realiza en el presente de quien espera.

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