Archive for the ‘Agentes de Cambio’ category

Perseverar en la Enseñanza Apostólica

5 agosto, 2012

Esta es una adaptación de Señales de Una Iglesia Sana de John Stott

Así pues, los que hicieron caso de su mensaje fueron bautizados; y aquel día se agregaron a los creyentes unas tres mil personas. Y eran fieles en conservar la enseñanza de los apóstoles, en compartir lo que tenían, en reunirse para partir el pan y en la oración. Todos estaban asombrados a causa de los muchos milagros y señales que Dios hacía por medio de los apóstoles. Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí; vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación. Hechos 2:41-47

Nosotros los cristianos estamos unidos no sólo por nuestro compromiso con Jesucristo, como también por nuestro compromiso con la iglesia de Jesucristo. Necesitamos tener la misma perspectiva de la iglesia que Jesús tenía, y redescubrir la visión de una iglesia viva, renovada por Espíritu Santo, tal como fue en sus primeros tiempos. El propósito de Dios no es salvar individuos y perpetuar su aislamiento. Dios se propuso edificar la iglesia, una comunidad nueva y redimida. La planeó en la eternidad pasada, la está llevando a cabo en el proceso histórico del presente, y será perfeccionada en la eternidad que ha de venir. La iglesia está en el centro del plan de salvación. Cristo murió no sólo para redimirnos de toda iniquidad, sino también para reunir y purificar para sí aún un pueblo entusiasmado por las buenas obras. Así dice la Palabra: Él se entregó a la muerte por nosotros, para rescatarnos de toda maldad y limpiarnos completamente, haciendo de nosotros el pueblo de su propiedad, empeñados en hacer el bien. Tito 2:14

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Señor, Vayas donde Vayas, ¿Te Seguiré?

29 julio, 2012

Lucas 10.57-62

Generalmente uno tiene la impresión de que Jesús andaba a la caza desesperada de seguidores. Nuestro pasaje nos muestra cuán equivocada es tal presunción. Mateo dice que el hombre que se acerca a Jesús y le promete seguirlo dondequiera que vaya, es un “Maestro de la Ley”. Ya no un pescador, o una prostituta o un hombre de mala fama pública. Tampoco un artesano. Es un hombre poderoso e importante, a quien Jesús desanima, casi descortésmente, para que piense bien el costo de su discipulado. A quien se acerca voluntariamente, Jesús lo desanima. A los dos que él invita, les pone condiciones que no están en disposición de cumplir. ¿De qué se trata? ¿Qué es lo que el evangelista quiere poner de relieve en este pasaje? Para entenderlo debemos considerar el contexto de la historia. El largo capítulo 9 de Lucas, se compone de:

Envío →   Exigencias del Discipulado →    Anuncio de su muerte y resurrección →   Transfiguración de Jesús → Afirmación de Jesús en su propósito →    Relato

Todos estos acontecimientos contienen dos elementos comunes: Lo extraordinario del quehacer divino en Jesús, y la dimensión cósmica de la tarea. Se trata del establecimiento del Reino de Dios y esto en todos los ámbitos de la Creación.

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Una Nueva Forma de Juzgar

1 julio, 2012

Efesios 4.17-24

Cristo es subversivo. Los creyentes somos subversivos. Con él, revolvemos, perturbamos el orden que es ajeno al Reino de Dios. Cuando Cristo, la Palabra de Dios, llega a la vida de las personas, estas entran en un caos que siempre resulta necesario, puesto que Cristo viene a traer un orden distinto, un nuevo orden, el orden de Dios. “Dios [dice Pablo], es Dios de paz, y no de confusión”. Ello explica el llamado inicial de nuestro pasaje: “no vivan más como los paganos”.

El “vivir como los paganos”, es decir como los que no conocen a Cristo, se caracteriza por el aferrarse, conciente e inconcientemente, a patrones de pensamiento y conducta que no son propios de los seres humanos. Son formas de pensar y de actuar desordenadas que lo único que producen es mayor desorden en la vida. Con este viene el sufrimiento accesorio, propio y de otros, generalmente de los que más amamos. A fuerza de abundar en tal manera desordenada de vivir, las circunstancias nos resultan cada vez más naturales y por lo tanto, aceptables.

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