Una Nueva Forma de Juzgar

Efesios 4.17-24

Cristo es subversivo. Los creyentes somos subversivos. Con él, revolvemos, perturbamos el orden que es ajeno al Reino de Dios. Cuando Cristo, la Palabra de Dios, llega a la vida de las personas, estas entran en un caos que siempre resulta necesario, puesto que Cristo viene a traer un orden distinto, un nuevo orden, el orden de Dios. “Dios [dice Pablo], es Dios de paz, y no de confusión”. Ello explica el llamado inicial de nuestro pasaje: “no vivan más como los paganos”.

El “vivir como los paganos”, es decir como los que no conocen a Cristo, se caracteriza por el aferrarse, conciente e inconcientemente, a patrones de pensamiento y conducta que no son propios de los seres humanos. Son formas de pensar y de actuar desordenadas que lo único que producen es mayor desorden en la vida. Con este viene el sufrimiento accesorio, propio y de otros, generalmente de los que más amamos. A fuerza de abundar en tal manera desordenada de vivir, las circunstancias nos resultan cada vez más naturales y por lo tanto, aceptables.

Pablo dice: “renuncien a su antigua manera de vivir” y “despójense de lo que antes eran”. Se trata de una misma cosa en dos tiempos. Primero, se trata de identificar aquello que no nos es propio, cuyos frutos son de muerte y no de vida, y negarnos a aceptarlos como propios y naturales. Hay que dejarlos ir. La tendencia es “así soy y no tengo por qué cambiar”. “Así me conociste, no sé de que te sorprendes”, etc. Ese “así soy” es un engaño. La verdad es que la vida y tú te han hecho así. Por lo tanto renuncia a lo que no te es propio. En segundo lugar, una vez que has renunciado a lo que no te es propio, actúa en consecuencia. No basta con una convicción intelectual, o con una disposición emocional, hay que “despojarnos de aquello en que nos hemos convertido”. Temerosos, irascibles, codependientes, adictos, inestables, etc. Todo ello es un vestido, una máscara, que ocultan y deforman nuestra verdadera identidad. Gracias a Cristo recuperamos el poder para identificar lo que no nos es propio y para no actuar de acuerdo con ello.

La clave, el parteaguas, tiene que ver con la irrupción de Cristo en nuestra vida y la renovación de nuestra manera de juzgar. A los romanos, Pablo les dice: “Cambien su manera de pensar, para que cambie su manera de vivir”. Esta renovación espiritual tiene que ver con el cómo de nuestra relación con Cristo. El “conocer a Cristo”, significa tener una relación personal, íntima y creciente con él. Ello podemos lograrlo mediante:

La lectura y el estudio de la Palabra de Dios, privada y comunitariamente.

El cultivo de la oración, diálogo con Dios.

La práctica de la alabanza y adoración privadas y comunitarias.

La llenura del Espíritu Santo.

Cristo es nuestras vidas es subversivo. Pero nosotros tenemos la capacidad para dar curso a la revolución cristiana o para reprimirla. El obrar de Cristo es pasivo en cuanto que inicia como una propuesta, una alternativa, que ha de ser aceptada y tomada por nosotros. El obrar de Cristo es fabulosamente dinámico y transformador, una vez que le damos entrada a nuestra vida. En esto consiste el “revestirnos de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios”: nos revestimos de Cristo.

Al cubrirnos de Cristo, lo que él es y lo que él tiene, así como lo que él hace, se manifiesta en nosotros y al través nuestro. Esto trae un nuevo orden a nuestra vida, orden que es al mismo tiempo preventivo y restaurador. Nos previene de nuevas situaciones fruto del desorden. También ejerce un principio de restauración y reordenamiento. Despoja a nuestros errores y desórdenes de su poder destructivo y los reorienta a nuestro favor, conforme a su propósito inicial para nosotros. “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito”.

Mi llamado es a que, en uso de lo que nos es propio, nos renovemos espiritualmente en nuestra manera de juzgar. A que dejemos de correr culpando y sintiéndonos culpables. A que nos detengamos, juzguemos nuestros pensamientos y acciones y nos decidamos a actuar como lo que somos: “Hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos por ellas.” Efesios 2.10

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