Señor, Vayas donde Vayas, ¿Te Seguiré?

Lucas 10.57-62

Generalmente uno tiene la impresión de que Jesús andaba a la caza desesperada de seguidores. Nuestro pasaje nos muestra cuán equivocada es tal presunción. Mateo dice que el hombre que se acerca a Jesús y le promete seguirlo dondequiera que vaya, es un “Maestro de la Ley”. Ya no un pescador, o una prostituta o un hombre de mala fama pública. Tampoco un artesano. Es un hombre poderoso e importante, a quien Jesús desanima, casi descortésmente, para que piense bien el costo de su discipulado. A quien se acerca voluntariamente, Jesús lo desanima. A los dos que él invita, les pone condiciones que no están en disposición de cumplir. ¿De qué se trata? ¿Qué es lo que el evangelista quiere poner de relieve en este pasaje? Para entenderlo debemos considerar el contexto de la historia. El largo capítulo 9 de Lucas, se compone de:

Envío →   Exigencias del Discipulado →    Anuncio de su muerte y resurrección →   Transfiguración de Jesús → Afirmación de Jesús en su propósito →    Relato

Todos estos acontecimientos contienen dos elementos comunes: Lo extraordinario del quehacer divino en Jesús, y la dimensión cósmica de la tarea. Se trata del establecimiento del Reino de Dios y esto en todos los ámbitos de la Creación.

Considerando lo anterior entendemos que una tarea de tales características requiere de discípulos comprometidos, apasionados y entregados a la causa. En su encuentro con los tres personajes, Jesús pone en evidencia:

1.La fragilidad de las emociones como razón del discipulado. Jesús deslumbra y atrae. Pero honestamente apela al raciocinio, a la evaluación del costo. Zorras y aves no tienen que elegir sus moradas, les es propio vivir entre piedras y en los árboles. A los hombres no. Jesús nos llama a una clase de vida que no nos es propia. Que exige de elecciones y definiciones constantes. Que representa altos costos. “Me desecharán y me condenarán a muerte”.[1] En la India cuando alguien se convierte a Cristo, sus parientes paganos exhiben un ataud como testimonio de que esa persona ha muerto para ellos.

2.Jesús apela a una lealtad superior. Jesús conocía los pensamientos de los hombres. ¿No sabría, acaso, que a quienes estaba llamando a seguirlo no estaban dispuestos? ¿Por qué exhibirlos? Difícil pregunta. El hecho es que Jesús descubre que las lealtadas de tales hombres, son lealtades domésticas. Legítimas, importantes, pero domésticas. Por lo tanto, a la luz del Reino, secundarias. Una vez más, Jesús establece un principio incómodo: Nada hay más grande, ni más importante, ni más urgente, que proclamar su Reino. Home can be a bondage.

Jesús siempre hará la exigencia de “algo más”. Nada de lo que hacemos es suficiente. Mucho menos lo que tiene que ver con nosotros y con los nuestros. Las demandas de Jesús ponen en evidencia la pasión de nuestro corazón; descubren cuál es nuestro “tesoro” y las prioridades de nuestra vida.

3.No todos encajan en el Reino de Dios. No ser apto, no servir, es igual a no tener lugar en el Reino de Dios. Lo que nos califica o descalifica para el Reino no es ni la edad, ni el sexo, ni la ocupación o el prestigio social. Es la disposición o la falta de la misma. El problema de los llamados es que no estuvieron dispuestos –preparados, despiertos-, para responder a Jesús adecuada y oportunamente. Partían del supuesto de que había tiempo, de que el Reino podía esperar. ¡Cuántas veces caemos nosotros en el mismo error! Autocomplacientes, evidenciamos nuestra falta de pasión por el Reino.

Créanme cuando les digo que vivimos tiempos de definición. Estar aquí evidencia que Jesús ha salido a nuestro encuentro con preguntas incómodas.[2] Estoy convencido de que Dios está pesando nuestra pasión por él y por su Reino. Está probando si la nuestra es una “lealtad apasionada” o no. Los campos de nuestra prueba tienen que ver con la devota negación de nosotros mismos a favor del Reino de Dios. Con la absoluta prioridad del propósito y la tarea del Reino de Dios por sobre nuestras cuestiones personales y domésticas. Y, en tercer lugar, con la exclusiva atención que dedicamos al establecimiento del Reino en nuestras vidas y nuestro oikos.

Yo quiero ser hallado apto para el Reino. Quiero hacer mía la bienaventuranza de los que están listos cuando su Señor viene. Les invito a ustedes a que piensen y actúen de la misma manera.[3]


[1] Lucas 9.22, página 66 NT

[2]  En el AMCM hay más de 8,000 lugares de reunión cristianos. ¿Por qué Dios nos ha traído a CASA DE PAN?

[3] Lucas 12.31-48, página 72 NT

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