Posted tagged ‘Iglesia Sana’

La actividad propia de cada miembro

20 septiembre, 2020

Efesios 4.15 y 16

Insisto en que ser iglesia es un privilegio. No sólo porque implica el hecho mismo de nuestra salvación –nuestra reconciliación y comunión con Dios-, sino porque nos permite el convertirnos en colaboradores de Dios en su tarea de redención. En nosotros se hace presente el reino de Dios –su orden-, y al través de nosotros se establece en nuestras áreas de influencia personales, familiares y sociales. En nuestros oikos.

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Todo el Cuerpo Bien Concertado y Unido

20 septiembre, 2014

Efesios 4.1-4; 15,16

 Los conflictos entre los miembros de la Iglesia son comunes, pero no propios de la misma. Tan es así, que el Apóstol Pablo llama a los efesios a “que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados… solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. Ef 4.1-4. En su llamado Pablo asume la viabilidad de los conflictos y destaca la tarea de guardar la unidad, como lo propio de aquellos en quienes Cristo es.

La manifestación de los dones sobrenaturales (fe, profecía, milagros, lenguas, sabiduría, etc.), no es, necesariamente, testimonio de la salud de la Iglesia. Como la de Corinto, cualquier congregación o expresión local del Cuerpo de Cristo, puede abundar en dones espirituales y conducirse carnalmente. El testimonio de la salud del Cuerpo de Cristo es la unidad proactiva de sus miembros. Para comprender mejor esta cuestión analizaremos la dinámica de los conflictos entre cristianos, su origen y las alternativas del creyente.

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Perseverar en la Enseñanza Apostólica

5 agosto, 2012

Esta es una adaptación de Señales de Una Iglesia Sana de John Stott

Así pues, los que hicieron caso de su mensaje fueron bautizados; y aquel día se agregaron a los creyentes unas tres mil personas. Y eran fieles en conservar la enseñanza de los apóstoles, en compartir lo que tenían, en reunirse para partir el pan y en la oración. Todos estaban asombrados a causa de los muchos milagros y señales que Dios hacía por medio de los apóstoles. Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí; vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación. Hechos 2:41-47

Nosotros los cristianos estamos unidos no sólo por nuestro compromiso con Jesucristo, como también por nuestro compromiso con la iglesia de Jesucristo. Necesitamos tener la misma perspectiva de la iglesia que Jesús tenía, y redescubrir la visión de una iglesia viva, renovada por Espíritu Santo, tal como fue en sus primeros tiempos. El propósito de Dios no es salvar individuos y perpetuar su aislamiento. Dios se propuso edificar la iglesia, una comunidad nueva y redimida. La planeó en la eternidad pasada, la está llevando a cabo en el proceso histórico del presente, y será perfeccionada en la eternidad que ha de venir. La iglesia está en el centro del plan de salvación. Cristo murió no sólo para redimirnos de toda iniquidad, sino también para reunir y purificar para sí aún un pueblo entusiasmado por las buenas obras. Así dice la Palabra: Él se entregó a la muerte por nosotros, para rescatarnos de toda maldad y limpiarnos completamente, haciendo de nosotros el pueblo de su propiedad, empeñados en hacer el bien. Tito 2:14

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