Archive for the ‘Agentes de Cambio’ category

Dios: Señor, Veraz y Amor

6 octubre, 2013

Deuteronomio 10.17-21 NVI

Hoy iniciamos una serie de cuatro reflexiones sobre los pilares de nuestra fe. La RAE define pilar como aquello que sirve para sostener otra fábrica o armazón cualquiera. También como hito o mojón que se pone para señalar los caminos. Para efecto de nuestro propósito, utilizamos el término pilar en ambos sentidos: al referirnos a las verdades únicas que sustentan nuestra fe y al hecho de que las mismas nos distinguen, nos hacen diferentes, respecto de quienes no las profesan. Creer es también pensar, como bien asegura John Stott, por lo tanto necesitamos y debemos conocer mejor los fundamentos de la fe que profesamos. Debemos asegurarnos que los sentimientos que la misma produce, tengan el fundamento de la razón bíblica. Así podremos alabar a Dios con el corazón y con el entendimiento. Salmos 119.34

El primer pilar de nuestra fe es Dios mismo. Necesitamos comprender quién es él, así como algunos de sus atributos. De las cualidades más distintivas de su carácter. Comprender esto nos ayuda a entender el cómo de nuestra relación con él, sabiendo lo que él pide de nosotros y lo que nosotros podemos esperar de él. Aquí nos ocuparemos del señorío de Dios, de su carácter veraz y de su ser amor.

Lo primero que debemos saber acerca de Dios es que él es el Señor. En el desarrollo de la teología bíblica encontramos etapas en las que, aunque sea por licencia literaria, se reconoce la existencia de otros dioses, aparte del Dios de Israel. Sin embargo, la Biblia distingue, siempre, el carácter único de Dios como Señor. Nuestro pasaje lo establece enfatizando que el Señor tu Dios es Dios de dioses y Señor de señores; él es el gran Dios…

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Ante el Impacto de la Muerte, Nos Ocupamos de la Vida

22 septiembre, 2013

Entonces oí una voz del cielo, que me decía: «Escribe esto: ‘Dichosos de aquí en adelante los que mueren unidos al Señor. ““Sí–dice el Espíritu–, ellos descansarán de sus trabajos, pues sus obras los acompañan.» Apocalipsis 14.13

CFernando y Ceciliauando, el lunes pasado, Manuel me llamó para informarme sobre el estado de Fernando al llegar al Instituto Nacional de Cardiología, sólo dijo tres palabras: Está muerto, Papá. Más que sus palabras, la emoción que su voz reflejaba fue lo que hizo evidente el impacto de la muerte. Preguntas, dudas, compasión, reclamos, etc., son emociones que acompañan la siempre inesperada llegada de la muerte y por ello la hacen tan impactante.

Sin embargo, ante el impacto de la muerte, conviene que nos ocupemos de la vida. De entrada, porque verdad de Perogrullo resulta el hecho de que lo que define a la persona no es su muerte, sino el cómo de su vida. Cómo fue la persona, cómo se relacionó con los suyos y con los otros, cuál su aporte a lo largo de la vida es lo que la define y, por lo tanto, lo que determina el modo en que trasciende más allá del momento y del cómo de su vida. Siempre me ha gusta el sentido de la palabra trascender, exhalar olor tan vivo y subido, que penetra y se extiende a gran distancia. Y, sí, lo que nos queda de quienes han muerto no es el olor de su muerte, sino el aroma de su vida. Es su vida la que nos marca, la que nos condiciona, la que determina el modo en que seguirán estando presentes aun cuando padezcamos su ausencia física.

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La Necesidad de Orar con Perseverancia

25 agosto, 2013

 Lucas 18.1

  Eso de orar no siempre resulta una tarea fácil. La principal dificultad se encuentra en el hecho de que la oración no pareciera producir ningún beneficio práctico. ¿De qué sirve orar? Sería la pregunta que, explícita e implícitamente se hacen aquellos que no se sienten atraídos hacia la práctica de la oración. Nadie ha tenido una vida más compleja y difícil, ni una tarea más pesada que Jesús mismo. La tarea, los retos y las dificultades sobrepasaban, con mucho, sus capacidades humanas. Resulta evidente, entonces, que había en él algo extraordinario, una fuerza sobrehumana, una capacidad extra que le permitió vencer: enemigos, circunstancias, depresión, etcétera y cumplir con su propósito. Contra quienes objetan la falta de utilidad práctica de la oración, en la vida de Jesús se hace evidente que esta fuerza o capacidad resultaba, era fruto de la oración. Jesús oraba.

Generalmente cuando nos ocupamos de la historia de la de la viuda y el juez injusto, pasamos por alto la razón que tuvo Jesús al contarla: Jesús les contó una historia a sus discípulos, para enseñarles que debían orar siempre y sin desanimarse. Por ello, hoy nos ocupamos de considerar la necesidad de la oración. La necesidad de orar siempre y no desmayar.

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