Archivo para junio 2016

Eso de creer en Jesús y su palabra

26 junio, 2016

Marcos 16

Creo que más de alguna vez los cristianos llegamos al momento en el que pensamos que, si hubiéramos conocido personalmente a Jesús, la historia de nuestra fidelidad sería diferente. Hubiéramos sido más santos, más perseverantes, más fieles, etc. Sin embargo, la historia de aquellos que anduvieron con el Señor no parece dar sustento a nuestras especulaciones. La historia de quienes olieron el aliento del Señor -que así de cerca de él estuvieron- resulta muy parecida a la nuestra: incrédulos, traidores, desconfiados, inconstantes en su caminar cristiano, etc.

Si he de hacerla de Abogado del Diablo de los compañeros de Jesús, sólo apuntaría en su defensa –cuando menos en un intento de explicación de sus altibajos-, que el caminar al lado de Jesús expone a las personas a una constante de tensión, les obliga a responder a cosas no conocidas e incomprensibles, a estar a la altura de circunstancias que, nunca en la vida, se le ocurriría a nadie que tendría que enfrentar. Como eso de que, al que vieron morir en la cruz y ya había sido sepultado, vivía y los mandaba llamar para encontrarse con ellos.

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Eso de ser un padre viejo

20 junio, 2016

Uno de los problemas más frecuentes, angustiantes y complejos en la vejez es el que resulta del dolor causado por los hijos. Muchas veces, al escuchar las quejas, los lamentos y aún lo que se dice acerca de lo que enfrentan muchos ancianos, resulta difícil sustraerse del juicio fácil y condenatorio en contra de los hijos que parecen ser la fuente del dolor que viven sus padres. Sin embargo, la simpatía que podemos tener para los ancianos solos, incomprendidos y abandonados, no debe llevarnos a ignorar tanto las causas como las circunstancias que propician la difícil relación entre estos y sus hijos.

En cierta manera, la vejez viene a consolidar los modelos de relación establecidos desde la juventud de los padres y la niñez de los hijos. Consolidar es, según el diccionario, el dar firmeza o solidez a algo. La vejez afirma la forma en que padres e hijos aprendieron a relacionarse. Así que, en la vejez, se ve cumplida la ley de la siembra y la cosecha: el final de la vida es el tiempo en que se recoge mucho de lo que se ha sembrado.

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Por gracia, en él y para él

12 junio, 2016

Juan 15.1-8

Hemos dicho que uno de los peores pecados de la iglesia, si no el peor de ellos, es el reduccionismo que se hace del evangelio y, consecuentemente, de la gracia. La mayor evidencia de tal reduccionismo consiste en nuestro asumir que todo lo de Dios gira alrededor de nosotros, de nuestros intereses y nuestras necesidades. Domesticamos la fe, la hacemos apenas relevante para las cuestiones personales y familiares. En consecuencia, la tarea de la iglesia se vuelve en un mero asistencialismo; es decir, a prestar ayuda a quienes se hayan enredados y sufren las consecuencias de una vida que se agota en sí mismos. La tarea pastoral se deforma y resulta incapaz de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia. Efesios 4.11

Una de las causas que explican tal perversión del evangelio y de la gracia consiste en el acercamiento meramente intelectual como presupuesto de la fe. Es decir, al conocimiento teórico de Dios mismo, así como de la persona y obra de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo. Huelga decir que, en no pocos casos, tal conocimiento ni siquiera es propio de la persona, no resulta de su propio esfuerzo y raciocinio. Más bien, se nutre del testimonio de otros que, se pretende, conocen más que él.

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