Archive for the ‘Padres’ category

Eso de ser un padre viejo

20 junio, 2016

Uno de los problemas más frecuentes, angustiantes y complejos en la vejez es el que resulta del dolor causado por los hijos. Muchas veces, al escuchar las quejas, los lamentos y aún lo que se dice acerca de lo que enfrentan muchos ancianos, resulta difícil sustraerse del juicio fácil y condenatorio en contra de los hijos que parecen ser la fuente del dolor que viven sus padres. Sin embargo, la simpatía que podemos tener para los ancianos solos, incomprendidos y abandonados, no debe llevarnos a ignorar tanto las causas como las circunstancias que propician la difícil relación entre estos y sus hijos.

En cierta manera, la vejez viene a consolidar los modelos de relación establecidos desde la juventud de los padres y la niñez de los hijos. Consolidar es, según el diccionario, el dar firmeza o solidez a algo. La vejez afirma la forma en que padres e hijos aprendieron a relacionarse. Así que, en la vejez, se ve cumplida la ley de la siembra y la cosecha: el final de la vida es el tiempo en que se recoge mucho de lo que se ha sembrado.

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Las Necesidades de los Hombres

29 junio, 2014

A Manera de Introducción

Desde luego, las necesidades de los hombres son muchas y muy complejas. En principio parecería difícil establecer cuáles son las más importantes y urgentes. Tres personajes bíblicos, Moisés, Jesús y Absalom, pueden ayudarnos a discernir cuáles son, desde la perspectiva divina, aquellas necesidades masculinas que demandan una atención más diligente y comprometida de parte de los hombres cristianos.

Moisés y la Presencia de Dios

Éxodo 33. Hubo un momento en la vida de Moisés en el que pareció cumplirse el sueño de todo hombre: Dios le garantiza que podrá alcanzar todo lo que se ha propuesto. Que vencerá a sus enemigos, tendrá posesiones y riquezas y, además, que contará con la ayuda del ángel del Señor.

Ni Moisés ni el pueblo de Israel se alegran con tal noticia. Y tenían razón para ello pues Dios les había dicho: “pero yo no iré con ustedes”. Así, Moisés y los demás enfrentan una disyuntiva: la presencia de Dios o la realización de sus sueños.

Esta parece ser una disyuntiva común a los hombres. Con frecuencia sus sueños parecen entrar en conflicto con el carácter y el propósito divinos. Consciente e inconscientemente, siempre van tomando decisiones que, si los acercan a sus metas parecieran distanciarlos de Dios, y viceversa. Y es cierto que, en no pocos casos, los caminos de los hombres no coinciden con los del Señor. Por lo tanto, son caminos que nos separan de Dios.

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Las Virtudes de los Padres

22 junio, 2014

Ser padre es una bendición y un reto. Cuando Jacob se bendijo a su primogénito, Rubén, le llamó “el principio de mi vigor” (de mi poder generativo). En cierto sentido, el hombre sólo es tal cuando genera otras vidas. Desde luego, ser hombre es mucho más que ser padre, pero hoy hablamos de los padres.

La Biblia nos muestra los aciertos y errores de muchos padres. Hoy quiero destacar algunos de los retos de la paternidad haciendo referencia a ciertos personajes bíblicos. Quizá no solo quienes ya son padres quieran oírme, sino también aquellos que contemplan la posibilidad de llegar a serlo.

Primera virtud deseada: Visión[1].

Los hijos son “flechas en manos de valientes”. Las flechas se disparan, se envían más allá de donde se encuentra el arquero. Igual pasa con los hijos, vienen a la vida para ir más allá de sus padres. Llegar a su destino es responsabilidad de los hijos, sin embargo, “dispararlos” en la dirección correcta y con la fuerza adecuada es responsabilidad de los padres.

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Jesús y los Niños

18 noviembre, 2012

Marcos 10.13-16

Acostumbramos pensar de Jesús como un hombre en pleno control de sus emociones. Sin embargo, Marcos nos asegura que hubo, cuando menos una vez en la que Jesús se dejó llevar por la fuerza de sus emociones. Lo que Reina-Valera traduce: “Jesús se indignó”, otras traducciones lo hacen diciendo que Jesús se enojó. Es más, el término utilizado por Marcos, aganakteo, sugiere que Jesús se irritó violentamente. Al grado de que su molestia pudo ser notada en su rostro y en lenguaje corporal por los que estaban a su lado. Podemos preguntarnos cuál fue la razón y la importancia que la misma tenía para provocar que Jesús se alterara tanto. ¿Acaso alguien dijo una blasfemia, acaso alguien puso en duda el poder de Dios, o quizá hubo quienes le atacaron por decir que era el Hijo de Dios?

La razón que provocó tanto malestar en Jesús fue una que, para la mayoría de nosotros podría pasar desapercibida: sus discípulos regañaron a los padres que querían que Jesús tocara a sus hijos. Pobres discípulos, ellos que querían evitarle a Jesús la molestia de los niños inquietos, resultan regañados por aquel a quien querían proteger. Agradezcámosles, sin embargo, el que su fallido intento nos permita conocer el interés de Jesús por los niños. El enojado Jesús señala un par de cosas que no podemos ignorar en nuestra relación con los niños, especialmente con los que forman parte de nuestras familias y de nuestra iglesia.

Lo primero que nos encontramos es que a la indicación, “dejen que los niños vengan a mí”, sigue una advertencia: no se lo impidáis. Lo que Jesús reclama a sus discípulos es: no los estorben, no les hagan difícil llegar hasta mí. Esto nos lleva a la siguiente cuestión implícita en las palabras de Jesús, quien asegura que de los tales [los niños] es el Reino de Dios. Así que lo que Jesús reclama es los discípulos están haciendo difícil que los niños se acerquen, conserven, lo que de ya es suyo: el orden de Dios. Tan es suyo, que Jesús explica que quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.

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