Posted tagged ‘Paternidad’

Eso de consagrar a los hijos

22 enero, 2017

Lucas 2.22-24

Interés y preocupación constante de los padres es la suerte de sus hijos. Es decir, la condición en que estos se encuentran en cada etapa de sus vidas. Animados por tal interés y preocupación los padres hacen y deshacen todo lo que está a su alcance con tal de poder asegurar que las circunstancias de sus hijos sean buenas y que los mismos estén a salvo de todo mal.

Sin embargo, bien pronto, los padres descubren que no tienen ni las capacidades ni las oportunidades para evitar el sufrimiento de sus hijos. La Biblia cuenta que José y María acudieron al templo a consagrar al pequeño Jesús a Dios. La consagración de los hijos es una práctica establecida por Dios y tiene dos propósitos. El primero consiste en hacerlos sagrados. Es decir, dedicarlos a Dios para que lo sirvan y honren en todo lo que hagan. El segundo propósito consiste en invocar la permanente dirección divina en la vida de los hijos. Los padres que consagran a sus hijos quieren que Dios los dirija porque saben que la dirección divina les protege de todo aquello que pueda dañarlos.

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Eso de ser un padre viejo

20 junio, 2016

Uno de los problemas más frecuentes, angustiantes y complejos en la vejez es el que resulta del dolor causado por los hijos. Muchas veces, al escuchar las quejas, los lamentos y aún lo que se dice acerca de lo que enfrentan muchos ancianos, resulta difícil sustraerse del juicio fácil y condenatorio en contra de los hijos que parecen ser la fuente del dolor que viven sus padres. Sin embargo, la simpatía que podemos tener para los ancianos solos, incomprendidos y abandonados, no debe llevarnos a ignorar tanto las causas como las circunstancias que propician la difícil relación entre estos y sus hijos.

En cierta manera, la vejez viene a consolidar los modelos de relación establecidos desde la juventud de los padres y la niñez de los hijos. Consolidar es, según el diccionario, el dar firmeza o solidez a algo. La vejez afirma la forma en que padres e hijos aprendieron a relacionarse. Así que, en la vejez, se ve cumplida la ley de la siembra y la cosecha: el final de la vida es el tiempo en que se recoge mucho de lo que se ha sembrado.

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Papá, querido papá

22 mayo, 2016

Gálatas 4.1-7,9

Una de las principales críticas que se hacen al cristianismo es que este promueve una vida de reglas, exigencias y descalificaciones. Se le acusa, también, de promover el oscurantismo intelectual pues, se dice, impide a las personas pensar por sí mismas y se les imponen maneras de pensar que las limitan y hacen manipulables. Se enseña y se aprende a no pensar. Lamentablemente, debemos aceptar que hay una gran dosis de razón en tales apreciaciones y acusaciones. Desde nuestros púlpitos se promueve una cultura de culpa, la misma que establece reglas y metas inalcanzables, e innecesarias desde la perspectiva bíblica, para alcanzar y conservar la salvación.

Propongo a ustedes que tal cultura de culpa es un resabio de nuestra experiencia anterior a Cristo y de la cosmovisión resultante de la misma. El sabor desagradable, de nuestra vida sin Cristo, impide la plena comprensión y la aceptación de la gracia. Es decir, del favor inmerecido que hemos recibido sólo porque hemos hecho nuestro el sacrificio de Cristo en la cruz. El peso de nuestra cosmovisión, personal, familiar y social, nos dice que no hay desayunos gratuitos; es decir, que en la vida sólo se tiene derecho a aquello que ha representado el esfuerzo y el merecimiento adecuados. Esto es lo justo, pensamos.

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Las Virtudes de los Padres

22 junio, 2014

Ser padre es una bendición y un reto. Cuando Jacob se bendijo a su primogénito, Rubén, le llamó “el principio de mi vigor” (de mi poder generativo). En cierto sentido, el hombre sólo es tal cuando genera otras vidas. Desde luego, ser hombre es mucho más que ser padre, pero hoy hablamos de los padres.

La Biblia nos muestra los aciertos y errores de muchos padres. Hoy quiero destacar algunos de los retos de la paternidad haciendo referencia a ciertos personajes bíblicos. Quizá no solo quienes ya son padres quieran oírme, sino también aquellos que contemplan la posibilidad de llegar a serlo.

Primera virtud deseada: Visión[1].

Los hijos son “flechas en manos de valientes”. Las flechas se disparan, se envían más allá de donde se encuentra el arquero. Igual pasa con los hijos, vienen a la vida para ir más allá de sus padres. Llegar a su destino es responsabilidad de los hijos, sin embargo, “dispararlos” en la dirección correcta y con la fuerza adecuada es responsabilidad de los padres.

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Y Entonces Sollozaba

7 julio, 2013

Génesis 37.18-36 NTV

Muchos hombres se encuentran que cuando todavía no han podido resolver las cuestiones existenciales, tienen que ocuparse de formar el carácter de sus propios hijos. Pronto descubren que esta es una tarea cuesta arriba, para la que no siempre tienen los recursos necesarios. Además, pronto descubren, también, que de la mano de las muchas y muy hermosas satisfacciones que la paternidad provoca, van de la mano razones, muchas de ellas inesperadas, que, como en el caso de Jacob, provocan el constante sollozo del corazón paterno. Sollozar, nos dice el diccionario, es ese respirar de manera profunda y entrecortada a causa del llanto.

Son muchas las causas de los sollozos paternos. Algunos de estos son resultado de la maldad de los hijos. Sí, también los hijos actúan mala e injustamente. Como en el caso de los hijos de Jacob. Estos, resentidos con su padre y con su hermano José, deciden deshacerse de este a pesar de saber que así lastimarían el corazón de su padre. Rubén aparece como un conciliador, cierto, pero no impide que su padre sea lastimado, sólo busca que su dolor sea menor. También Rubén tenía cuentas qué cobrarle a su papá, como muchos hijos las tienen y tarde o temprano pasan la factura.

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Escucha a tu Padre, que te Dio la Vida

23 junio, 2013

Proverbios 23.22

Escuchaba a un predicador que aseguraba que la falta de respeto que los padres experimentan respecto de sus hijos se debe a que los padres no han sabido ganarse el respeto deseado. Aseguraba este predicador que los padres no tienen derecho a ser respetados a menos que cumplan acertadamente su tarea paterna. Escuchar tal propuesta me provoco un conflicto. Para empezar, pensé que de ser cierta la propuesta de marras, ningún padre podrá ser respetado ya que ningún padre cumple acertadamente con su tarea paterna. Dirían los que saben que en el ejercicio de la paternidad, como en todo, existe siempre un margen de error. La segunda cuestión que consideré tiene que ver con la responsabilidad de los hijos, como seres creados a imagen y semejanza de Dios, para ser y hacer de acuerdo con su identidad. Es decir, para superar las deficiencias del padre, considerar los aciertos que este haya tenido y asumir como propia la responsabilidad de respetarlo.

De cualquier forma, creo que el predicador tuvo el acierto de ocuparse del tema de la paternidad destacando un hecho fundamental: la forma en la que los padres vivimos nuestra paternidad está determinada, cuando menos condicionada, por la manera en la que hemos vivido nuestra condición de hijos. Ante el modelo de paternidad bajo el cual nos formamos, son dos las respuestas más comunes. La primera, consiste en convertirse en mero continuador del modelo parental conocido. Somos como nuestro padre fue. La segunda representa la antítesis al modelo parental conocido, somos y hacemos con nuestros hijos exactamente lo contrario que nuestro padre fue e hizo. Somos lo contrario de lo que nuestro padre fue. La debilidad común de tan comunes modelos es una sola: renunciamos a ser el padre que cada uno de nuestros hijos necesitan.

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El Precio de Ser Padre

9 junio, 2013

Tito 1.6-9

La estrecha vinculación existente entre la delincuencia juvenil y la ausencia de figuras parentales equilibradas, así como las dificultades para madurar integralmente de los hijos de padres disfuncionales, está suficiente y dramáticamente comprobada. En contraparte, diversos estudios constatan que la supervisión parental directa… son elementos básicos en el sostenimiento de un ajuste adecuado de los adolescentes. Confirman que el alto monitoreo parental, sin importar el nivel socioeconómico, está asociado con un desempeño académico más elevado, menor delincuencia y menor actividad sexual en los jóvenes. (Chan Gamboa, 2006)

Seguramente el Apóstol Pablo tenía esto en mente, ya sea por revelación o como resultado de su propia experiencia, y por ello establece que el éxito de la tarea de liderazgo, de la actividad profesional, diríamos en nuestros días, está sustentado en la calidad de la paternidad del hombre. En el pasaje paralelo de Timoteo 3, el Apóstol agrega una reflexión fundamental: Pues el que no sabe gobernar su propia casa,  ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios? Podemos parafrasear tal pensamiento y decir que quien no sabe dirigir a los de su propia casa, tampoco puede realizar satisfactoriamente su quehacer profesional o laboral.

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