Archivo para enero 2016

La actividad propia de cada miembro

31 enero, 2016

Efesios 4.15 y 16

Ser iglesia es un privilegio. No sólo porque implica el hecho mismo de nuestra salvación –nuestra reconciliación y comunión con Dios-, sino porque nos permite el convertirnos en colaboradores de Dios en su tarea de redención. En nosotros se hace presente el reino de Dios –su orden-, y al través de nosotros se establece en nuestras áreas de influencia, en nuestros oikos.

Estar en Cristo, ser iglesia, da sentido y dirección a nuestra vida. Esto significa que es en Cristo y en su iglesia que encontramos y entendemos la razón de ser de nuestra vida. Estar en Cristo nos indica el para qué vivimos. Además, al estar en Cristo, descubrimos cuál es el camino o rumbo que somos llamados a seguir de acuerdo con el llamamiento que hemos recibido.

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¿Somos más Cristo?

24 enero, 2016

Efesios 4.11-16

Quizá una de las palabras que definen el ministerio de Pablo sea, optimismo. En tratándose de un pastor, no es poca cosa. Contra los desengaños, la persecución, el cansancio y sus circunstancias personales, Pablo siempre mira hacia el futuro y anima a los suyos a no desmayar en el propósito de crecer en Cristo. Creo que la frase que define la actitud paulina es la que encontramos en Filipenses 3.13,14 y que RVR traduce: olvidando lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante. Actitud que se comprende mejor gracias a NTV: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús. Pablo entiende que la vida no está atrás, sino en el presente continuo que se convierte en futuro.

En nuestro pasaje, el Apóstol se encarga de recordarnos que Dios, quien nos ha llamado a vivir una vida digna de nuestra vocación (Efesios 4.1), se encarga de capacitarnos y proveer los recursos que necesitamos para crecer en todo. Aquí debemos decir que una de las grandes taras, o limitaciones, de la experiencia cristiana contemporánea tiene que ver con el reduccionismo de la misma. Hemos aprendido que la espiritualidad tiene que ver con la excepción, con lo que no es lo cotidiano. De tal forma que cuando se habla de crecer, de inmediato pensamos en las cuestiones litúrgicas y devocionales que parecen ser el todo de la vida cristiana. Así, asumimos que somos mejores cristianos en la medida que dedicamos más tiempo a la oración, la lectura de la Palabra y la asistencia y participación de las actividades litúrgicas de la iglesia.

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No lo que haces, sino quién eres

17 enero, 2016

Efesios 1.3-11

No pocos cristianos han aprendido que su salvación, el obtenerla y el mantenerla, depende de lo que ellos hacen. Han aprendido que, para ser hijos de Dios, deben hacer o dejar de hacer aquello que entienden como condición para ser salvos. Este conocimiento se traduce en temor constante de no dar la medida y, por lo tanto, en la no confianza en la suficiencia de la gracia. La expresión visible de tal convicción es el moralismo. Es decir, la exaltación y defensa de valores que son resultado de una selección consciente e inconsciente altamente influenciada por factores culturales antes que bíblicos.

Caminar el camino de Cristo animados por tal presunción, la de la importancia de las buenas obras, pervierte el propósito divino y, en buena medida, lo impide. Dos son las razones para ello. Empecemos por la segunda. Presentar un evangelio que se sustenta en las buenas obras como condición para ser aceptado por Dios atenta contra el interés y la disposición de los no creyentes para oír a, y de Cristo. Ello se debe al hecho de que los no creyentes están conscientes de la imposibilidad de cumplir con estándares tan altos como los que se les presentan. Además de que perciben el fariseísmo de los creyentes que han aprendido a maquillar su propia incapacidad para hacer buenas obras sustentados en su propia capacidad y deseo al mismo tiempo que exigen de los catecúmenos el cumplimiento de los estándares de aceptación que ellos mismos no pueden cumplir.

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