Archivo para septiembre 2014

Dicen que estás deprimido

28 septiembre, 2014
En obediencia y esperanza

Mateo 6.24-34

Dada la pertinencia del tema en nuestros días y en nuestro entorno, hoy hacemos un paréntesis en la consideración de nuestra realidad como iglesia para ocuparnos de la depresión. Se estima que en la actualidad más de tres millones de mexicanos padecen de depresión. Las consecuencias de esto son graves: además de las repercusiones económicas y laborales provocadas por el ausentismo de los deprimidos, la depresión es uno de los principales factores que propician el suicidio. México ocupa el noveno lugar en el mundo en materia de suicidios.  Entre los muy complejos motivadores de la depresión o el stress uno de los más importantes tienen que ver con la situación económica de quien la padece. Es muy difícil no preocuparse de si tenemos comida o de si tenemos ropa.

El dinero, tanto cuando abunda como cuando hace falta, tiene la capacidad de apoderarse de las personas. Es decir, el dinero tiene la cualidad de dominar y/o apropiarse de las personas. En nuestros términos, el dinero se vuelve en señor de los seres humanos.

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Todo el Cuerpo Bien Concertado y Unido

20 septiembre, 2014

Efesios 4.1-4; 15,16

 Los conflictos entre los miembros de la Iglesia son comunes, pero no propios de la misma. Tan es así, que el Apóstol Pablo llama a los efesios a “que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados… solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. Ef 4.1-4. En su llamado Pablo asume la viabilidad de los conflictos y destaca la tarea de guardar la unidad, como lo propio de aquellos en quienes Cristo es.

La manifestación de los dones sobrenaturales (fe, profecía, milagros, lenguas, sabiduría, etc.), no es, necesariamente, testimonio de la salud de la Iglesia. Como la de Corinto, cualquier congregación o expresión local del Cuerpo de Cristo, puede abundar en dones espirituales y conducirse carnalmente. El testimonio de la salud del Cuerpo de Cristo es la unidad proactiva de sus miembros. Para comprender mejor esta cuestión analizaremos la dinámica de los conflictos entre cristianos, su origen y las alternativas del creyente.

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Caminaré en libertad

14 septiembre, 2014

Salmos 119.44-48

No quiero que me mandes, le dijo un niño a su madre cuando esta le indicó que no podía estar de pie mientras el avión despegaba. Mandamientos, órdenes, ley, tales palabras y sus sinónimos son consideradas, generalmente, como malas palabras. La razón es sencilla, todas son asumidas como un atentado en contra de la libertad personal, son asumidas como limitantes del derecho a decidir y hacer lo que uno quiera. Así que pretender que la libertad y los mandamientos son mutuamente condicionantes, parecería, cuando menos, un absurdo. Mucho más, si la propuesta bíblica consiste en asegurar que quien obedece los mandamientos de Dios es quien vive plenamente en libertad.

El rechazo a los mandamientos y a las figuras de autoridad tiene muchas razones. Algunas de ellas tienen que ver con la formación del carácter del individuo y del cómo de su inteligencia emocional. Es decir, del cómo aprendió la persona a resolver sus conflictos emocionales, especialmente aquellos que resultaron del cómo de su relación con sus padres y otras figuras de autoridad. Mientras más lastimada la persona y menos capaz para negociar sus emociones ante los estímulos negativos (sean reales o supuestos), resultantes de su relación con figuras de autoridad, mayor será su rechazo a mantenerse dentro de un marco disciplinario y a respetar a las figuras de autoridad actuales, nos dicen los estudiosos de la conducta humana.

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