Posted tagged ‘Fruto del Creyente’

Reino de Dios y Fruto del Creyente

27 mayo, 2012

… siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. Efesios 4.15

Reino de Dios y fruto, son dos conceptos que van de la mano en el pensamiento bíblico. Quienes están en el Reino y bajo la influencia del mismo son llamados a fructificar. Es decir, a reproducir en su oikos, su área de influencia, lo que está en ellos. El orden de Dios, la compasión de Cristo, el poder del Espíritu Santo. Basta con mirar a nuestro alrededor para comprender la importancia que tiene el que el Reino de Dios se establezca en nuestro oikos y produzca el fruto deseado. Razón para ello son, tanto las necesidades de las personas, causa y efecto del pecado individual y social, así como la disposición de muchas personas a buscar respuesta más allá de lo que conocen y controlan en sus vidas. El surgimiento de tantas espiritualidades es prueba evidente tanto de lo primero como de lo segundo.

Respecto del papel que nos toca jugar como iglesia y como individuos en esta coyuntura, conviene hacer un par de consideraciones:

Todo cristiano conoce el propósito de Dios para su vida. Nuestro Señor Jesucristo no juega ni a las escondidas, ni al “juego del ahorcado”. Él ha sido claro en su propósito y en sus medios. El mandato toral a sus seguidores consiste en que vayan y hagan discípulos. Nos dice el qué y nos dice el cómo: “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes”.

(más…)

Y no lo Deja dar Fruto

26 julio, 2011

Mateo 13.22

Las parábolas nos enseñan que siempre hay algo más en lo que vemos a simple vista. Nos dicen que en lo cotidiano se hace presente lo espiritual. Jesús también nos enseña que no cualquiera puede ver lo espiritual de las cosas. De ahí la exhortación de Jesús, en el sentido de que “los que tienen oídos, oigan”.

A todas luces, la tercera tierra mencionada por Jesús, representa a los creyentes. A aquellas personas en las que la Palabra ha impactado, penetrado y empezado a obrar. No se trata, entonces, de los neófitos, sino de aquellos que ya están en relación –arraigados- y que, por lo tanto, están ya en condiciones de dar fruto. Tienen, cuando menos, raíces suficientes, a diferencia de los del segundo grupo, que tienen raíces “de corta duración”. Llegados a este punto, es cuando debemos aplicar el principio: “los que tienen oídos, oigan”.

(más…)